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Todo el mundo va al Caminito del Rey, pero muchos se olvidan de esta joya repleta de puentes colgantes: es la favorita de los senderistas y está en Aragón

En la frontera entre Huesca y Lleida, un sendero de madera clavado a 80 metros de altura sobre un embalse ofrece la misma sensación de vértigo que el Caminito del Rey, pero sin colas ni reservas agotadas.

Este lugar tiene una de las rutas senderistas más espectaculares y desconocidas de España.

Este lugar tiene una de las rutas senderistas más espectaculares y desconocidas de España. / Istock

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El Caminito del Rey se ha convertido en víctima de su propio éxito. Reservas que vuelan con semanas de antelación, grupos que se pisan los talones en las pasarelas malagueñas, fotos calcadas una detrás de otra. Quien busca esa misma descarga de adrenalina -el vacío bajo los pies, la madera vibrando, el río abajo convertido en una línea verde- tiene una alternativa mucho menos transitada y, para mi gusto, igual de impresionante. Está en el extremo más oriental de Huesca, donde Aragón se asoma a Cataluña, y se llama Pasarelas de Montfalcó.

Las pasarelas de Montfalcó son uno de los lugares más espectaculares de España.

Las pasarelas de Montfalcó son uno de los lugares más espectaculares de España. / Istock

No es un sucedáneo ni un premio de consolación. Aquí el camino tiene historia propia. A principios del siglo XX ya existía un paso que comunicaba las dos orillas del Noguera Ribagorzana, pero la construcción del embalse de Canelles en 1960 lo dejó bajo el agua y, de paso, condenó a Montfalcó a la despoblación. Hubo que esperar hasta 1984 para que alguien decidiera abrir un sendero nuevo, excavado en la roca por encima de la cota del agua. Las pasarelas que hoy hacen famoso el lugar se levantaron entre 2013 y 2014, y para colocarlas hubo que subir las piezas en helicóptero y fijar los escalones con escaladores colgados de la pared. Esa épica todavía se nota cuando uno pone el pie en la primera tabla.

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Adriana Fernández

La ruta y su ingeniería

Se arranca en el aparcamiento del albergue de Montfalcó, en silencio, con el primer tramo en bajada entre encinas. Hay una fuente -la única del recorrido, conviene llenar aquí- y, a un lado, las ruinas del Corral de las Viñas, comidas por la hiedra, recuerdo de cuando esta tierra tenía viñedos y ganado. Durante los primeros kilómetros el camino es amable, panorámico, casi un paseo. Y entonces la ladera se acaba y empieza la pared.

Sendero de Montfalco

Sendero de Montfalco / Istock

Ahí están las dos pasarelas de madera, ancladas con fijaciones de acero directamente a la roca vertical. La primera es la más fotografiada: en apenas 82 metros de longitud gana 33 metros de altura zigzagueando por el barranco, lo que equivale a subir un edificio de nueve plantas con el embalse bocabajo a tus pies. Poco después, una segunda pasarela, más larga y más aérea, suma otros 50 metros. Entre subir y bajar escalones de madera se acumulan 291 peldaños y unos 80 metros de desnivel solo en este tramo. Para cruzar de la vertiente aragonesa a la catalana hay que atravesar además un puente colgante metálico sobre el río, de unos 36 metros, que se balancea lo justo para que nadie olvide dónde está.

Estas pasarelas son unas de las más espectaculares del mundo.

Estas pasarelas son unas de las más espectaculares del mundo. / Istock

Conviene decirlo claro y sin dramatismos: la ruta es segura, pero no es para todo el mundo. Las pasarelas están clavadas a una pared sin apenas zonas de escape, y quien sufra vértigo severo lo va a pasar mal. No es un deporte de riesgo, es senderismo, pero exige calma, calzado en condiciones y respeto al vacío. Con eso resuelto, lo demás es disfrutar.

El paisaje y el patrimonio

Desde lo alto de la segunda pasarela, la Sierra del Montsec se entiende de golpe. Esta barrera prepirenaica marca la frontera natural entre Huesca y Lleida, y el río la ha cortado en vertical para abrir el congost. Abajo, el embalse de Canelles cambia de color según la luz y el nivel del agua, que en años de sequía baja bastante. Antes o después de la ruta merece la pena acercarse a la ermita románica de Santa Quiteria y San Bonifacio, restaurada, a unos 300 metros del albergue, con una panorámica que abarca toda la sierra.

Desfiladero de Montrebei

Desfiladero de Montrebei / Istock

Quien quiera más tiene dos prolongaciones. Una es seguir, si el tramo del congost está abierto, por el histórico Camino Natural excavado en la roca de la orilla leridana hasta el aparcamiento de La Masieta, ya en Cataluña: una travesía lineal de 8,43 kilómetros con un perfil asimétrico -unos 320 metros de subida frente a 520 de bajada- que no hay que confundir con los 9,3 kilómetros y 650 metros acumulados de la opción corta de ida y vuelta hasta el primer puente. La otra prolongación, la que más fotos genera, es regresar en kayak o canoa por las aguas del embalse, una experiencia que pocos senderos de este país ofrecen con tanta naturalidad, siempre que el nivel del agua lo permita. Para los que hacen noche, el castillo de Viacamp añade una capa más: su torre circular, mandada levantar por Ramiro I en 1061 como atalaya defensiva, supera los veinte metros y vigila el valle desde hace casi mil años.

Ermita románica de Santa Quiteria y San Bonifacio sobre el embalse

Ermita románica de Santa Quiteria y San Bonifacio sobre el embalse / Istock

Cómo ir, dónde dormir y qué comer

Llegar hasta aquí tiene su parte de aventura, y es parte del encanto. Desde Huesca capital son unos 119 kilómetros por la N-240, la N-123 entre Barbastro y Benabarre y la N-230 hasta Viacamp. Desde allí, una pista de unos 15 kilómetros -parcialmente asfaltada, con tramos de grava y un par de kilómetros finales algo peor- conduce hasta el aparcamiento del albergue. No hace falta todoterreno, pero sí conducir con calma; conviene comprobar el estado de la pista según la época, porque cambia.

Pasarela del desfiladero de Montrebei

Pasarela del desfiladero de Montrebei / Istock

Para exprimir la ruta, lo ideal es hacer noche y atacar a primera hora. El albergue de Montfalcó, la antigua Casa Batlle rehabilitada, forma parte de la red de refugios de la Federación Aragonesa de Montañismo: tiene habitaciones dobles, cuádruples y compartidas, servicio de comidas y hasta alquiler de kayaks y guías para vías ferratas y escalada. Como campamento base es difícil pedir más.

Y se come de maravilla. La Ribagorza tiene en el ternasco aragonés su gran emblema, y a unos 23 kilómetros, en Benabarre, está uno de los restaurantes con más solera de la comarca: Mars, abierto desde 1869 y hoy en su tercera generación. Allí preparan el ternasco a baja temperatura en horno tradicional y bordan un hojaldre de foie con muselina de setas que justifica por sí solo el desvío, además de trabajar productos de la zona como el queso de Benabarre y la trufa. Una última recomendación de las que se agradecen: estrenar el calzado antes, evitar la ruta en días de viento fuerte y, si se opta por la travesía completa hasta La Masieta, organizar la recogida -no es circular y conviene tener resuelto el regreso antes de salir-. Hecho esto, lo más probable es que termines mirando la web del albergue para reservar el próximo fin de semana.