El monumento de un pueblo de Córdoba donde sus habitantes rendían culto a las ninfas
Su construcción fue un gesto de agradecimiento del mismísimo César con sus habitantes y estuvo en uso hasta tiempos modernos.

La divinización del agua ha sido común, a lo largo de la historia, en diferentes civilizaciones y culturas. Y más en lugares propensos a la sequía. Es el elemento de la vida, esencial para todos los seres vivos, y, por ello, antiguamente, una forma de proteger y valorar los recursos hídricos era encomendarse a los dioses y al resto de divinidades. En las cercanías de un pueblo de Córdoba, todavía hoy se conserva un monumento erigido para rendir culto a las ninfas del agua.
Su fin no es el único elemento particular de la construcción. La infraestructura, que, además de tener utilidad práctica, servía como una especie de templo, fue un gesto de agradecimiento del mismísimo César a los pobladores. Pero, ¿por qué estaba tan agradecido quien fuera emperador romano? Los habitantes de esta localidad cordobesa habían apoyado a las tropas cesarianas en la guerra civil contra Pompeyo que trasladó el campo de batalla a la provincia de Córdoba.
Sobre un santuario
El monumento se construyó en el año 45 a.C. sobre los cimientos de un antiguo santuario prerromano perteneciente a los turdetanos de aquella zona. Allí rendían culto al agua y a sus propiedades, siempre relacionadas con la curación, la purificación, la protección y la fertilidad de la tierra. El recinto levantado estaba precedido por un atrio y se dedicó al culto de las ninfas. Estas deidades estaban vinculadas para griegos y romanos con los elementos naturales. Las ninfas de los cursos de agua dulce eran conocidas como náyades.

Y, claro, el agua era el elemento clave de la edificación. ¿Qué es lo que construyeron los romanos para los turdetanos? Se trata de un aljibe, pero, como se explica en los párrafos anteriores, no era uno cualquiera. El aljibe-ninfeo de Espejo fue, por tanto, un lugar de culto situado en el camino viejo que parte de la localidad hasta Bujalance.
En uso hasta tiempos modernos
Los historiadores y arqueólogos piensan que los sillares con que se construyó la pequeña estructura fueron llevados hasta allí desde las canteras de la ciudad de Ategua, uno de los enclaves arqueológicos más importantes de la provincia a día de hoy. Una bóveda de cañón cubre el espacio y moldea la infraestructura.

El aljibe no solo servía para practicar el culto a las divinidades, sino que estuvo en uso hasta el siglo III d.C. A partir de entonces, se desaprovechó su funcionalidad. Hasta que llegaron los musulmanes y volvieron a retomar su utilización. Los nuevos pobladores modificaron los dos óculos existentes para instalar unas poleas con las que extraer el agua. Posteriormente, en tiempos modernos, los espejeños no se valieron del mismo para obtener sus recursos, decantándose más por las fuentes de agua.
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