El monasterio visigodo mejor conservado de España está en un pueblo de Toledo que nadie conoce: es Bien de Interés Cultural y solo tiene 778 habitantes
En un pueblo de menos de ochocientos vecinos se esconde el edificio completo más antiguo que ha sobrevivido de la España visigoda.

Este monasterio visigodo es uno de los más fascinantes de España. / Istock
A veces las grandes joyas se esconden en frascos pequeños. Es el caso de este pueblo que, a las afueras, tiene 25 hectáreas protegidas que guardan un conjunto monumental sobre cuyo origen, ni siquiera los arqueólogos, terminan de ponerse de acuerdo. Y es, precisamente, en ese contraste entre el tamaño del municipio y la importancia de lo que conserva donde reside la magia de visitar el monasterio de Santa María de Melque. Una curiosa historia y un curioso emplazamiento que explica por qué este lugar sigue siendo un gran desconocido a las afueras de Toledo.

Monasterio de Santa María de Melque, de estilo visigodo. / Istock
Este conjunto se encuentra a unos 30 kilómetros de la capital provincial, entre la Puebla de Montalbán y San Martín de Montalbán, justo donde corta el arroyo de las Ripas y a apenas unos metros del río Torcón. Lo que se sabe: el lugar se levantó sobre los restos de una antigua villa romana, a finales del siglo VII y principios del VIII, en los últimos años del reino visigodo. Lo que no se sabe o sigue sin estar del todo claro: no se sabe muy bien para qué se construyó. Las teorías van desde que pudo ser una iglesia funeraria vinculada a algun noble o que formó parte de un monasterio concebido para funcionar de manera autosuficiente. Esa duda, lejos de ser un detalle más, es una de las claves de por qué es tan fascinante este lugar.

Adriana Fernández
La iglesia que los arqueólogos aún discuten
Durante siglos, Santa María de Melque apenas fue conocida más allá de los habitantes y pastores de la zona. El Conde de Cedillo la documentó a comienzos del siglo XX, entre 1905 y 1907, pero las excavaciones sistemáticas no comenzaron hasta las décadas de 1960 y 1970, dirigidas por el arqueólogo Luis Caballero Zoreda.

Exterior de Santa María de Melque. / Istock
Sus investigaciones marcaron durante años la interpretación del conjunto. En un primer momento defendió una cronología plenamente visigoda, situada en el siglo VII. Más adelante, a partir de nuevas campañas y hallazgos, revisó esa propuesta y planteó una construcción ya en época mozárabe, a comienzos del VIII. Que el investigador que más ha estudiado Melque modificara su propia interpretación da una idea de lo difícil que resulta poner una fecha exacta a estas piedras.
A la discusión científica se suma una leyenda mucho menos verificable, pero muy arraigada en la zona. La tradición sitúa en Melque el escondite de la Mesa de Salomón, parte del supuesto tesoro de los últimos reyes visigodos antes de la invasión musulmana. Aunque esta teoría es más oral que documentada y explica por qué este rincón de los Montes de Toledo ha atraído durante generaciones a curiosos, aficionados de la arqueología y buscadores de tesoros.

Cielo estrellado en el monasterio de Santa María de Melque. / Istock
Sobre el terreno, el conjunto conserva la iglesia, de planta de cruz griega y con unas bóvedas de piedra que llaman la atención por su estado de conservación. También permanece parte de una torre añadida durante la ocupación islámica. Alrededor del cerro se localizan hasta cinco presas, alguna de posible origen romano. Son la prueba de que aquí se gestionaba el agua mucho antes de que se construyera el templo que hoy concentra todas las miradas.
Un Bien de Interés Cultural con huellas romanas, visigodas, islámicas y cristianas
Hay una confusión bastante habitual que conviene aclarar: Santa María de Melque no es Patrimonio Mundial de la Unesco. Sí es Bien de Interés Cultural, aunque su protección llegó en dos momentos distintos. La iglesia fue declarada Monumento Nacional en 1931. El resto del conjunto, el yacimiento, las casas de labranza, las presas y la cerca monástica, tuvo que esperar hasta 1993 para quedar protegido como Sitio Histórico. Desde 1968, el recinto pertenece a la Diputación Provincial de Toledo, responsable actualmente de su gestión y de las visitas.

Interior de la Ermita de Santa María de Melque / Istock
Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, la iglesia recuperó su función litúrgica, aunque el lugar mantuvo también un carácter defensivo propio de una zona de frontera. Esa sucesión de usos explica algunos de los añadidos que todavía pueden reconocerse en el edificio, entre ellos la torre islámica situada sobre el crucero.
Esa es, de hecho, una de las singularidades de Melque: en un mismo conjunto pueden leerse distintas etapas de la historia peninsular. Hay huellas romanas, visigodas, islámicas y cristianas, superpuestas unas sobre otras sin que las posteriores hayan borrado por completo a las anteriores.

Atardecer en Santa María de Melque. / Istock / v
El propio San Martín de Montalbán tiene una historia mucho más larga de lo que su tamaño actual podría hacer pensar. Hay indicios de poblamiento desde el Neolítico, aunque el municipio no obtuvo la categoría de villa hasta 1665, mediante una cédula real de Felipe IV. En el casco urbano se conserva además la iglesia de San Andrés, también declarada Bien de Interés Cultural en 1931 y vinculada a una intervención de Alonso de Covarrubias, una de las grandes figuras del Renacimiento español. Encontrar su huella en un pueblo que hoy no llega a los ochocientos habitantes permite hacerse una idea del peso que tuvo esta comarca en otros momentos de su historia.
¿Qué más? Un castillo musulmán, un puente romano y cocina de monte
El Castillo de Montalbán merece una visita por sí solo. De origen musulmán y reconstruido entre los siglos XII y XIII, ocupa más de 16.000 metros cuadrados a apenas cinco kilómetros del centro del pueblo. Tan grande es que está considerada una fortalezas más extensas de España. Sus murallas, hoy parcialmente en ruinas, dominan un paisaje de encinas y matorral bajo que forma parte inseparable de la visita. Aquí el atractivo no está únicamente en llegar a un monumento, verlo y marcharse.

Castillo de Montalbán y sus murallas. / Istock
No muy lejos, sobre el río Torcón, se conserva el puente romano de la Canasta, bastante menos conocido y fotografiado que otros puentes históricos de la provincia. En las inmediaciones del castillo también aparecen tumbas antropomorfas excavadas directamente en la roca, otra señal de que este territorio fue lugar de paso, asentamiento y enterramiento mucho antes de la Edad Media.
La gastronomía mantiene esa misma relación con el monte. En otoño, la caza mayor y las setas ganan protagonismo en las cartas. El resto del año aparecen platos como las migas manchegas, el gazpacho pastoril o los guisos de caza menor. Es una cocina contundente y poco dada a artificios, más pensada para el fuego lento y las raciones generosas que para la sofisticación. Encaja con un paisaje de dehesas, monte bajo y pueblos donde el turismo gastronómico todavía tiene un papel secundario.
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