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El monasterio de siglo XII a una hora y media de Madrid que está rodeado de 20 cascadas: es el lugar donde se elaboró el primer chocolate a la taza de Europa y tiene más de 50 especies de árboles

A menos de dos horas de Madrid hay un monasterio cisterciense del siglo XII rodeado de cascadas, grutas y más de 50 especies de árboles que rodean uno de los espacios pioneros tanto en chocolate a la taza como en piscicultura. ¡No le falta ni un detalle!

Algunas de las cascadas más bonitas de España.

Algunas de las cascadas más bonitas de España. / Istock

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Encajado en una de las zonas más áridas de Aragón, en una tierra acostumbrada a los paisajes secos y los horizontes abiertos de la meseta, existe un enclave donde el agua se impone: cascadas que se precipitan entre las rocas, senderos a la sombra de árboles centenarios y grutas escondidas entre la vegetación. Es uno de los destinos más sorprendentes para una escapada de naturaleza, cuyo paraje regala unas panorámicas impresionantes en cualquier época del año.

El monasterio de siglo XII que está rodeado de 20 cascadas y tiene más de 50 especies de árboles

El monasterio de siglo XII que está rodeado de 20 cascadas y tiene más de 50 especies de árboles / Istock / JJFarquitectos

El conjunto monumental del conocido Monasterio de Piedra, en Nuévalos (Zaragoza), fundado en el siglo XII por la orden del Císter, reúne dos atractivos que rara vez se encuentran tan próximos: un monasterio cargado de historia y un jardín histórico lleno de vida. La visita permite pasar de la arquitectura medieval a un entorno natural que parece diseñado para perder la noción del tiempo. La historia del lugar arranca en 1194, cuando el rey Alfonso II de Aragón, "el Casto", y su esposa doña Sancha donaron un antiguo castillo árabe, Piedra Vieja, a 13 monjes cistercienses llegados del monasterio catalán de Poblet.

El histórico monasterio de España donde descansan los padres de Isabel la Católica: una joya declarada Bien de Interés Cultural y rodeada por un frondoso bosque

Adriana Fernández

Durante más de seis siglos, el monasterio funcionó como una comunidad autosuficiente, hasta que la desamortización obligó a abandonarlo en 1835. Cinco años después, lo compró el empresario catalán Pablo Muntadas Campeny, y fue su hijo, Juan Federico Muntadas, quien transformó los terrenos en el parque romántico que hoy se visita, abriendo caminos, plantando especies y dando forma al recorrido junto a las cascadas de forma auténtica.

El claustro del Monasterio de Piedra (Zaragoza)

El claustro del Monasterio de Piedra (Zaragoza) / Istock / Antonio Lopez Velasco

El monasterio cisterciense del siglo XII

El conjunto del Monasterio de Piedra fue declarado Bien de Interés Cultural, una distinción que protege tanto el edificio cisterciense (claustro, sala capitular, iglesia y cripta, refectorio) como el parque que lo rodea. Muestra la arquitectura de transición del románico al gótico con estancias como el claustro y la sala capitular. Y para quienes quieran prolongar la experiencia, el recinto cuenta con un hotel y un spa instalados en el antiguo monasterio. Una opción para disfrutar del entorno con calma. Eso sí, para quienes disfrutan del buen vino, el recinto alberga un Museo del Vino dedicado a la Denominación de Origen de Calatayud, instalado en la antigua bodega monástica.

La iglesia en ruinas del Monasterio de Piedra (Zaragoza)

La iglesia en ruinas del Monasterio de Piedra (Zaragoza) / Istock / Antonio Lopez Velasco

Cómo llegar

Desde Madrid, la ruta más directa es por la A-2 hasta la altura de Alcolea del Pinar, para después tomar carreteras autonómicas hasta Nuévalos; el trayecto completo ronda las dos horas en coche. También existen excursiones organizadas en bus desde la capital, con guía incluido durante la visita al parque y al monasterio, pensadas para quienes prefieran no conducir.

El Monasterio de Piedra (Zaragoza)

El Monasterio de Piedra (Zaragoza) / Istock / fcafotodigital

La fuerza de la naturaleza: cascadas, grutas y un lago de espejo

El Parque Jardín Histórico, creado en el siglo XIX, es el principal reclamo. El recorrido por el parque, de unos 3 a 5 kilómetros según el itinerario elegido, reúne una sucesión de saltos de agua con nombre propio: la Cola de Caballo, de más de 50 metros y la más alta de todas; la Caprichosa, rodeada de leyendas sobre deseos cumplidos desde el siglo XIV; la Trinidad, los Fresnos Altos y Bajos, los Chorreaderos o la Sombría, entre otras.

El agua del río Piedra, muy cargada de carbonato cálcico, va depositando capas de piedra caliza sobre musgos y vegetación, un fenómeno kárstico que explica tanto el nombre del río como la formación constante de nuevas cascadas. El recorrido termina en el Lago del Espejo, la zona más tranquila del parque, antes de pasar por la Gruta Iris, con sus formaciones de estalactitas y estalagmitas. Como curiosidad, la faceta menos conocida del lugar es la científica, íntimamente relacionada con el agua del lugar.

Cascadas en el parque natural del Monasterio de Piedra (Zaragoza)

Cascadas en el parque natural del Monasterio de Piedra (Zaragoza) / Istock / AlbertoLoyo

En 1860, tras el descubrimiento de la Gruta Iris, el parque se abrió al público, convirtiéndose en uno de los primeros espacios naturales de España pensados para la visita turística. Siete años después, en 1867, Juan Federico Muntadas creó aquí el primer centro de piscicultura de España, donde se naturalizó la trucha común y el cangrejo autóctono en las aguas del río Piedra; el centro sigue hoy surtiendo de especies a los ríos aragoneses para su repoblación.

La Gruta Iris en el Monasterio de Piedra (Zaragoza)

La Gruta Iris en el Monasterio de Piedra (Zaragoza) / Istock / atosf

El chocolate que llegó de las Indias

Entre las salas que hoy se pueden visitar está la antigua cocina del monasterio, convertida en un pequeño museo dedicado al chocolate. La tradición sostiene que fue aquí, gracias a un monje cisterciense que trajo cacao de las Indias y se lo entregó al abad, donde se preparó la primera taza de chocolate de Europa, un relato que el propio complejo turístico recoge hoy en su recorrido. Una historia que ha bastado para convertir este rincón zaragozano en parada obligatoria de la historia del chocolate en España.