El monasterio colgado sobre el abismo más vertiginoso de España: construido por un discípulo de Gaudí, único en el mundo, con la mejor vista de la Península
Conocida como 'la otra Sagrada Familia', este majestuoso edificio tardó hasta 74 años en alcanzar su máximo esplendor.

En uno de esos parajes tranquilos, rodeado de viñedos y caminos rurales, se alza esta silueta inesperada que ha captado la atención de los viajeros más curiosos. A lo lejos no parece un edificio, sino una figura majestuosa que se funde con el azul del cielo... Pero la realidad es que muy pocos la conocen. Hay quienes la mencionan como 'la otra Sagrada Familia', pero la historia que susurran sus ladrillos desde hace décadas es un privilegio que pocos han logrado valorar.
Su estructura de arcos inclinados y formas elípticas quedan grabados en la memoria de cualquiera que la visite. La fachada, compuesta de columnas finas y mosaicos suaves, es lo primero que capta la mirada de los curiosos, aunque el interior es aún más sorprendente: acoge al visitante con una atmósfera casi celestial. Las paredes que se elevan como dedos entrelazados y las aberturas dejan pasar la luz convierten este santuario en una auténtica obra de arte.
Habrá quienes ya saben de lo que hablamos, y quienes están deseando descubrir el nombre de esta maravilla... Pero no nos haremos más de rogar. Este es el Santuario de Montferri, una joya modernista en la provincia de Tarragona, obra inconclusa y a la vez perfecta inspirada en los diseños de Gaudí. Al subir hasta la pequeña colina donde se ubica, uno comprende de inmediato la intención del arquitecto: hacer que el edificio pareciera un homenaje a las montañas, a la fe y al propio movimiento del aire.

La 'otra Sagrada Familia': el monasterio colgado que se ha convertido en una incógnita para los viajeros
En Montferri, un diminuto enclave del Alt Camp rodeado de viñedos y colinas, se levanta este templo. El Santuari de la Mare de Déu de Montserrat nació para acercar a los vecinos la devoción que, cada otoño tras la vendimia, los obligaba a recorrer decenas de kilómetros hasta Montserrat para agradecer la cosecha. La idea fue del jesuita Daniel Vives, hijo del municipio, que quiso ofrecer a los suyos un lugar de culto propio. Para ello recurrió a su primo, un joven arquitecto que ya entonces despuntaba por su creatividad: Josep Maria Jujol, discípulo brillante y heterodoxo de Antoni Gaudí.

Las obras comenzaron en noviembre de 1925, en lo alto de una loma desde la que se domina el paisaje agrícola del Alt Camp. Inspirado en las formas onduladas y minerales de la montaña de Montserrat, su planta poligonal está formada por un conjunto irregular de 24 segmentos. Sobre su estructura se eleva una esbelta flecha central de 27 metros, coronada por una cruz y rodeada de cúpulas. Sin embargo, apenas seis días después de empezar llegó la Guerra Civil, que dañó el edificio y dejó su esqueleto expuesto. Durante décadas, el santuario permaneció a la intemperie.

No fue hasta 1984 cuando se retomó la restauración, un proceso largo y meticuloso que culminaría finalmente en 1999, cuando la obra de Jujol abrió por fin sus puertas al público.
Síguele la pista
Lo último