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Michael Douglas (81 años) lleva 35 años volviendo al mismo pueblo de Mallorca: "Es mi segundo hogar. Cuando lo vi por primera vez caí rendido a sus pies"

En la Sierra de Tramuntana se esconde la finca que el actor llama suya desde hace 35 años.

Esta pequeña villa de la Sierra de la Tramuntana fue un flechazo instantáneo para el estadounidense.

Esta pequeña villa de la Sierra de la Tramuntana fue un flechazo instantáneo para el estadounidense. / Istock

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Hay quien viaja buscando lo desconocido y hay quien, simplemente, necesita volver. Michael Douglas pertenece a este segundo grupo: desde que puso un pie en Valldemossa, no ha dejado de regresar. Ni las películas, ni los premios, ni Hollywood han cambiado esa costumbre.

Patrimonio de la Humanidad y solo 203 habitantes: el pueblo menos conocido de Baleares

Adriana Fernández

Todo empezó en 1990, cuando el actor descubrió S'Estaca, una finca situada entre Valldemossa y Deià, dentro de un enclave que hoy figura como Paisaje Cultural Patrimonio Mundial de la UNESCO. Desde entonces no ha faltado a su cita anual con las islas mallorquinas, y en los últimos años ha llegado a instalarse allí entre seis y siete meses seguidos junto a su mujer, Catherine Zeta-Jones.

Una finca con historia propia

El ganador de dos Óscar y cinco Globos de Oro no necesitó pensárselo demasiado: "Cuando vi S'Estaca por primera vez en 1990, también caí rendido a sus pies y compré la propiedad", explicaba en un vídeo que compartió en sus redes sociales y que después reprodujo el medio balear IB3.

S’Estaca, Valldemossa

S’Estaca, Valldemossa / Istock

Antes de que Douglas se hiciera con ella, la propiedad perteneció al archiduque Luis Salvador de Habsburgo, quien la levantó en 1867 como regalo para su compañera, "sa Madona de s'Estaca". El resultado es una construcción de fachadas blancas, detalles neogóticos e influencia italiana y morisca que, según ha contado el propio actor, llegó a recibir en su día la visita de la emperatriz Sissi, prima del archiduque, que atracaba allí en su yate privado.

Más de 100 hectáreas de viñedos, olivos centenarios y jardines rodean las ocho edificaciones que forman el conjunto, entre casas de invitados, un atelier y bodega propia, con el Mediterráneo como telón de fondo. Douglas intentó venderla más de una vez, por sumas que llegaron a rozar los 60 millones de libras, pero nunca encontró comprador y terminó por retirarla del mercado. A los pies de la finca, un sendero que nace en el Puerto de Valldemossa conduce hasta el Caló de s'Estaca, antiguo núcleo pesquero construido también por el archiduque.

Antiguo pueblo de los pescadores, Valldemossa

Antiguo pueblo de los pescadores, Valldemossa / Istock

Valldemossa, el pueblo que lo adoptó

Pero la historia de Douglas con la isla no se limita a su finca. En Valldemossa impulsó el Centro Cultural Costa Nord, invirtiendo más de dos millones de euros en un proyecto que hoy gestiona el Govern balear, y en 2024 recibió de manos de la reina Letizia el premio Masters of Cinema durante el Atlàntida Mallorca Film Fest, en Palma.

Valldemossa, Sierra de la Tramuntana

Valldemossa, Sierra de la Tramuntana / Istock

El propio pueblo guarda buena parte de ese hechizo que atrapó al actor: calles empedradas, fachadas medievales y un monasterio del siglo XIV, la Real Cartuja de Valldemossa, que en su día acogió los amores de Chopin y George Sand, inmortalizados en el libro de esta última, "Un invierno en Mallorca".

Entre sus rincones imprescindibles están los Jardines del Rey Juan Carlos, junto al monasterio; el Palacio del Rey Sancho, integrado en la propia Cartuja; y el Mirador de Miranda des Lledoners, desde donde se contempla el valle entero como si fuera una postal.

Real Cartuja de Valldemossa

Real Cartuja de Valldemossa / Istock

Tampoco conviene irse sin probar la coca de patata, las ensaimadas o los rubiols, ni sin acercarse los domingos al mercado local. Y antes de despedirte, pasa por la casa natal de Santa Catalina Thomàs, la santa más querida de la isla. Con algo de suerte, incluso puede que te cruces con Douglas, que cada año se deja ver en las fiestas de la Beata bailando entre sus vecinos, como uno más del pueblo.