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El mercado modernista más bonito de España está en una ciudad perfecta para una escapada: lo llaman “la catedral de la gastronomía”, es Bien de Interés Cultural y sus cúpulas de hierro son una fantasía

Lleva en pie casi un siglo y sigue siendo parte fundamental del día a día de esta ciudad mediterránea.

El mercado modernista que parece una catedral y es perfecto para una escapada: tiene cúpulas de 30 metros y más de 300 puestos

El mercado modernista que parece una catedral y es perfecto para una escapada: tiene cúpulas de 30 metros y más de 300 puestos / Istock

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Hay un edificio modernista en Valencia que, sin tener nada que ver con la iglesia ni ser un templo religioso, es conocido popularmente como la catedral, la catedral de la gastronomía, para ser precisos. Porque si algo tiene de especial el Mercado Central de Valencia es su monumentalidad, su estilo modernista y su vínculo histórico con la ciudad desde hace más de 200 años.

La catedral de la gastronomía, no nos extraña

La catedral de la gastronomía, no nos extraña / Istock

Su historia comienza mucho antes que se construyera el propio edificio en 1928, fecha en la que se levantó esa mole de hierro, azulejo y cristal que preside hoy la plaza del Mercado en el casco antiguo de la ciudad de Valencia. Y es que, el lugar donde está físicamente el mercado ya era un espacio comercial desde mucho antes: este era el lugar donde, durante siglos, se instalaban los mercados ambulantes de la ciudad. Se sabe que incluso durante la época musulmana de València existía actividad comercial en este entorno.

El mercado más bonito del Mediterráneo se llama "la catedral modernista de la gastronomía": es una joya repleta de cúpulas que está declarada Bien de Interés Cultural

Adriana Fernández

Arquitectura modernista a comienzos del siglo XX

Y antes que el Mercado Central hubo otro: la primera construcción permanente llegaría en 1839, con un mercado descubierto conocido como Mercado Nuevo. Pero la ciudad creció y aquel espacio acabó quedándose pequeño. Fue entonces cuando, a finales del siglo XIX, la actividad comercial era ya demasiado importante para las instalaciones existentes y el Ayuntamiento comenzó a plantearse un gran mercado cubierto que estuviera a la altura de la Valencia moderna. El resto ya es historia.

En la plaza del Mercado, lugar histórico en el centro de la ciudad

En la plaza del Mercado, lugar histórico en el centro de la ciudad / Istock

Dos arquitectos discípulos de Lluís Domènech i Montaner (uno de los padres del Modernismo catalán y maestro del gran Antoni Gaudi) fueron los responsables del gran proyecto de la ciudad, levantado por encargo del rey Alfonso XIII e inaugurado oficialmente en marzo de 1928.

La expectación era mucha, y con razón: se trataba de un edificio de planta basilical, con una gran nave central y calles interiores que cruzan el espacio y conducen hacia la gran cúpula central, una obra de la ingeniería de la época, que alcanza los 30 metros de altura y está acompañada de otras cúpulas de menor tamaño y cubiertas de hierro, cristal y cerámica. Una fantasía de más de 8000 metros cuadrados.

Horario de apertura

No es solo un monumento, es un lugar muy vivo que forma parte de la identidad de la ciudad: abre de lunes a sábado de 7:30 a 15:00, según su información oficial.

Un lugar muy vivo, abierto de lunes a sábado

Un lugar muy vivo, abierto de lunes a sábado / Istock / Marc Venema

Puro simbolismo

Si nos fijamos en los detalles, podemos ver cómo la arquitectura y sobre todo los elementos decorativos hacen alusión a la actividad que tiene lugar dentro del edificio: desde símbolos que hacen referencia a una ciudad agrícola, a la huerta, el mar Mediterráneo, animales, pesca y mucha abundancia. Un simbolismo que convierte al mercado en un gran escaparate monumental de la despensa valenciana.

Huerta y Mediterráneo aparecen unidos bajo la estructura metálica del mercado, juntos pero no revueltos. Basta echar un vistazo a la organización de los más de 300 puestos que alberga el mercado, divididos en zonas claramente diferenciadas: por un lado, frutas, hortalizas, verduras y otros productos de la huerta valenciana. Por otro, la pescadería y los productos del mar.

Bien de Interés Cultural

Bien de Interés Cultural / Istock

Y es que la propia arquitectura modernista convierte esa abundancia alimentaria de la región en decoración y espectáculo. Ir a comprar y darse un paseo por los puestos es una de las actividades más placenteras que se pueden hacer en el centro histórico de la ciudad. No es de extrañar que esté catalogado como Bien de Interés Cultural.