El mercado más bonito de Barcelona antes fue un convento: es de hierro, tiene un tejado de mil colores que parece flotar y está junto a un gran monumento
Uno de los más antiguos de la ciudad, alberga más de 60 puestos de productos de la más alta calidad y varios restaurantes.

El mercado más bonito de Barcelona ofrece una experiencia única a aquellos que lo visitan / Istock / only_fabrizio
Algo que tienen en común la gran mayoría de los casi 40 mercados gastronómicos que hay en la ciudad de Barcelona es que se ubican en edificios históricos, con un diseño arquitectónico único y de gran atractivo. No solo atraen a la gente por la gran calidad de los productos que se pueden encontrar en su interior, sino que son espacios que deslumbran por el encanto de su ambiente.

Los mercados de Barcelona son el lugar idóneo para encontrar los productos frescos de la mejor calidad / Istock / nito100
El más conocido de los mercados de la capital catalana es, para sorpresa de nadie, La Boqueria. Son también bastante conocidos los mercados de Sant Antoni, que fue reinaugurado en 2018 después de casi diez años de rehabilitaciones, o el del Ninot, ubicado en un emblemático edificio de estilo novecentista. Pero además de este, escondido entre las callejuelas del distrito de Ciutat Vella se encuentra otro mercado cuya arquitectura deja con la boca abierta a todo aquel que lo visita.

Adriana Fernández
De convento a mercado
En el barrio de Sant Pere, Santa Caterina i La Ribera, muy cerca de la Via Laietana y a cinco minutos a pie de la Catedral de Barcelona, el Mercado de Santa Caterina es uno de los más emblemáticos que hay en la ciudad condal. Fue construido sobre los restos del antiguo convento de Santa Caterina (que le dio el nombre), el cual fue fundado en el 1243 y derribado en 1837 después de la desamortización. El mercado fue inaugurado en 1848, y entre 1997 y 2004 volvió a cerrar para una reforma integral.

El edificio del mercado destaca por su impresionante techo / Istock / FilippoBacci
Diseñado por los arquitectos Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, el nuevo mercado volvió a abrir sus puertas en 2005, después de una demora causada por el hallazgo de los restos arqueológicos de la iglesia y el convento, los cuales se pueden visitar en el Museo de Historia de Barcelona. El elemento más destacado de esta remodelación del edificio, y el que convirtió al mercado en uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad, es la colorida cubierta del techo, decorada con un mosaico compuesto por más de 320.000 piezas de arenisca esmaltada, inspirado en el “trencadís” de Gaudí y cuyos colores evocan los de las puestos de frutas y verduras del interior.
Del antiguo edificio se conserva la fachada porticada original, la cual fue reconstruida en 1988, mientras que la fachada sur se volvió a levantar desde cero, mezclando así tradición y modernidad en un mismo edificio, combinación que se ve todavía más realzada con el uso de materiales como la madera, el metal y la cerámica.

La peculiar fachada posterior del mercado / Istock / LuisPinaPhotogrpahy
Una experiencia sensorial y gastronómica única
El mercado ocupa una superficie de más de 4.000 metros cuadrados, todos ellos perfectamente aprovechados para darle el máximo y mejor uso posible al espacio. Son alrededor de 60 los puestos que hay en el interior, los cuales ofrecen una amplia variedad de productos alimentarios frescos, como frutas y verduras, carnes, pescados, quesos y embutidos, o incluso productos artesanales y locales.

El amplio abanico de colores que poseen los puestos del mercado son un deleite para la vista / Istock / itsten
Dentro del mismo mercado hay también algunos bares y restaurantes donde deleitarse con la mejor cocina de mercado. De estos, el más destacado es el restaurante Cuines de Santa Caterina, un impresionante espacio diáfano situado a la entrada del mercado donde disfrutar de unas excelentes tapas, o unos arroces y pescados de lo más gustosos.
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