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El mejor pueblo para escapar del calor este verano se esconde en Cantabria: una villa marinera con playas kilométricas y una de las pocas obras de Gaudí fuera de Barcelona

El centro histórico alberga una mezcla muy poco común de arquitectura popular cántabra con grandes proyectos aristocráticos del siglo XIX que merece la pena conocer.

El mejor pueblo para escapar del calor este verano: una villa marinera modernista y con kilómetros de playa

El mejor pueblo para escapar del calor este verano: una villa marinera modernista y con kilómetros de playa / Istock

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El verano está a la vuelta de la esquina, y lo de la subida de temperaturas hasta alcanzar cotas extremas viene fuertectita este año. Así que igual lo mejor es ir pensando en refugios climáticos donde aliviar un poco el calor estival. Y qué mejor que tirar para el norte de España donde, además, se esconden algunos de los pueblos más bonitos de toda la geografía. 

Estamos pensando en lugares como Comillas, una preciosa villa marinera de apenas 2000 habitantes que tiene la escapada de verano perfecta para quienes buscan escapar del calor y refugiarse en un lugar tranquilo, repleto de patrimonio y rodeado de playas, pero alejado de las masificaciones estivales que abarrotan otros destinos patrios. 

Ni Santillana, ni Comillas: el pueblo medieval más bonito de Cantabria es un completo desconocido que se esconde entre montañas

Adriana Fernández

Qué ver en Comillas, un paraíso cántabro

Comillas, que presume de ser la villa de los arzobispos (inusualmente, fue el lugar de origen de un número elevado de altos cargos de la Iglesia católica), es una de las localidades más emblemáticas de Cantabria. Y le sobran los motivos para serlo. 

La riqueza arquitectónica de Comillas nos lleva hasta la Edad Media.

La riqueza arquitectónica de Comillas nos lleva hasta la Edad Media. / Istock / Jordi de Rueda

Es famosa por su riqueza histórica y por albergar algunas de las joyas arquitectónicas más importantes del modernismo español. Sí, del modernismo; porque aunque Barcelona (y toda Cataluña en general) fue la cuna de este movimiento artístico que dejó una huella imborrable en la arquitectura de la región y que, como se puede comprobar en esta villa del norte de España, saltó a otras regiones del país. Y Comillas fue una de las privilegiadas. 

Comillas esconde un imponente edificio de estilo neogótico y mudéjar, la Universidad Pontificia, levantada a finales del XIX con incontables elementos modernistas. Pero es que, además cuenta con una de las obras más llamativas de Antoni Gaudí, padre del modernismo en España. Se trata de El Capricho, una rareza modernista por ser una de las poquísimas obras que el genio catalán realizó fuera de su Cataluña natal. 

El Capricho, esa obra maestra de Gaudí fuera de Barcelona.

El Capricho, esa obra maestra de Gaudí fuera de Barcelona. / Istock / Carlos Soler Martinez (KarSol Photo)

De hecho, se construyó mucho antes de que el modernismo se desarrollara en Cataluña; fue algo así como un experimento, levantado entre 1883 y 1885. Es decir, al mismo tiempo que Casa Vicens, considerada la primera obra de Gaudí en Barcelona, anterior a las famosas Casa Batlló (1904) o Casa Milá (1906). 

Una villa marinera con un precioso centro histórico

Pero Comillas es mucho más que el laboratorio de Gaudí. La ciudad cántabra cuenta con centro histórico de calles empedradas y casonas solariegas, de balcones de madera y fachadas tradicionales, de pequeñas plazas con terrazas y miradores que aparecen de forma inesperada. Juntos forman una mezcla muy poco común de arquitectura popular cántabra con grandes proyectos aristocráticos del siglo XIX que merece la pena conocer. 

Playas kilométricas, como las del Parque Natural de Oyambre.

Playas kilométricas, como las del Parque Natural de Oyambre. / Istock

Por si fuera poco, los alrededores son magia pura. Y es que en el entorno que rodea a la villa, se combina a la perfección historia y tradición marinera con un telón de fondo de ese color verde profundo tan propio de la costa cantábrica. El Parque Natural de Oyambre es ideal para practicar senderismo, sin ir más lejos. 

Si a eso le sumamos playas kilométricas (la de Oyambre tiene más de dos kilómetros) y una de las gastronomías más deliciosas y variadas de la península, ¿hay alguien que dude de que el verano en el norte también es una maravilla?