La mejor ciudad de España para montar en globo: amurallada y con algunas de las construcciones más famosas de la arquitectura
Además de ser preciosa, y de estar declarada Patrimonio de la Humanidad, es una ciudad que reúne las condiciones meteorológicas idónea.

Emocionante. La experiencia de montar en un globo aerostático por primera vez y descubrir la sensación de estar flotando, en sentido literal, es sencillamente sobrecogedora. Hacerlo sobrevolando una ciudad que ofrece las mejores condiciones para que el vuelo sea confortable y seguro, la convierten en un momento inolvidable (inolvidable para bien).
Y es que, elevarse desde una cesta de mimbre y cuero (algo que no ha cambiado desde el siglo XVIII), sujeta a una vela con forma de globo (esto sí que ha cambiado: antes eran de seda y papel, ahora son de tejidos sintéticos mucho más resistentes, como el nylon), propulsada únicamente mediante ráfagas de aire frío o caliente, ya es un acontecimiento en sí mismo. Pero hacerlo sobrevolando un paisaje de cuento es magia pura.
Aunque los expertos coinciden en otro aspecto mucho más decisivo que va más allá del estético: las mejores ciudades para montar en globo son aquellas que reúnen las condiciones meteorológicas adecuadas. Es decir: “predicciones fiables, escasa niebla y vientos suaves que garantizan despegues seguros y vuelos especialmente tranquilos”.

Y al parecer, Segovia es la mejor ciudad de España, o mejor dicho, es la que más y mejor cumple con estos requisitos. Lo confirma la organización del Festival de Globos que cada año reúne a los mejores pilotos profesionales para sobrevolar la ciudad en una cita única. Y lo ratifica la Oficina de Turismo de Segovia, asegurando que con unos 12.000 pasajeros, es la ciudad de España que registra más vuelos en globo al año.
Cómo es la sensación de montar en globo
Son las 7 de la mañana en la explanada del campo de despegue y al fondo se percibe la silueta de la catedral de Segovia. Y casi en el mismo momento en el que la cesta comienza a despegarse del suelo, empieza a amanecer. Una coincidencia preciosa que hace que ese sea, posiblemente, el instante más emocionante de todo el trayecto.

La elevación es suave, ligera, sin vibraciones y sin apenas ruido (más allá del que hace el quemador cada vez que el piloto expulsa aire caliente al interior del globo). Y la sensación de vértigo parece no existir, algo en lo que coinciden la mayoría de testimonios de quienes hemos montado en globo (eso sí, para evitar sentirlo, lo mejor es colocarse en el centro de la cesta y tratar de no mirar hacia abajo, al menos durante el despegue y aterrizaje). Algo así como si en la cesta solo hubiera sitio para la calma y la relajación, y para 15 personas más (suelen tener capacidad de entre 8 y 16 pasajeros). Aunque lo mejor es hacer el viaje en una cesta para dos, si es posible.
Paisaje de cuento a mil metros de altura
A medida que el globo va ganando altura durante el trayecto, y que puede llegar hasta los mil metros (en los viajes de pasajeros raramente se superan), comienza a dibujarse la silueta de la ciudad dde Segovia desde el aire.

Primero la catedral, conocida como la ‘dama de las catedrales’ por “su belleza y elegancia, su fuerza visual y dimensiones”; después, el Alcázar, histórica fortaleza de los Reyes de Castilla y que desde el aire recuerda más que nunca al castillo de Blancanieves (Disney confirmó que la inspiración fue real).
Las tres construcciones más impresionantes de Segovia, desde el aire
Apenas hemos quitado los ojos de la fortaleza cuando entre los tejados, callejuelas y plazas sobresale la silueta de la muralla de Segovia: tres kilómetros de muro, con una altura de entre nueve y diez metros, y 80 torres (en el origen tenía 86). Y junto a ella, el acueducto, reconocido como una de las mayores obras de la ingeniería romana en España, y de las mejor conservadas.

Si a pie de calle la grandeza del acueducto es sencillamente imponente, contemplarlo desde el aire es absolutamente sobrecogedor. Ver cómo el sol, que ya asoma en el horizonte, dibuja las sombras alargadas entre cada uno de sus 187 arcos de granito, no parece real. Pero lo es.

Como también lo es el hecho de que cuando uno se monta en globo sabe desde donde sale pero no adónde llega. Eso depende del viento y de la pericia del piloto, que tiene que encontrar siempre el mejor terreno para aterrizar sin sobresaltos. Y hasta para eso es buena la ciudad de Segovia, rodeada de llanura que, frente a los terrenos montañosos, lo pone todo fácil para tener un final feliz.
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