El "Mar de Castilla" está en Guadalajara y tiene una superficie de 3.213 hectáreas: un embalse con tres zonas de baño y aguas que parecen mediterráneas en plena meseta
No todos los veranos tienen por qué pasarse en el litoral, y esta zona de Guadalajara no hace más que demostrarlo una y otra vez.

El embalse escondido en Guadalajara que parece una playa del Mediterráneo. / Istock
Se dice que la Península Ibérica está rodeada por dos mares y un océano, que son las costas hacia las que todo el mundo va a veranear en los meses de calor. Siempre nos olvidamos de esas masas de agua de interior que, a veces, son incluso más bonitas y agradables que las costeras. Playas de interior hay muchas, algunas mejores que otras, pero solo hay un lugar que se conozca como "Mar de Castilla" y está conformado por varios embalses alcarreños.
Son los embalses de Almoguera, Bolarque, Entrepeñas, Estremera y Zorita -alimentados por aguas del Tajo- y Buendía -del río Guadiela- los que conforman esta maravilla que parece prácticamente imposible. Se encuentran en la Alcarria Baja, entre las provincias de Guadalajara y Cuenca. Uno de ellos se lleva todo el protagonismo, llegando a obtener ese sobrenombre por sí solo según quién lo nombre, y es el de Entrepeñas, donde el Tajo dibuja caprichosos meandros.

Adriana Fernández
El "Mar de Castilla"
La superficie del embalse es de 3.213 hectáreas y cuenta con tres zonas de baño, cada una en un pueblo diferente: Alocén (el Viaducto), Durón (la Vega) y Pareja (dique de Pareja). Cada uno de estos puntos tiene su propio encanto, pero los tres comparten el color de las aguas, que parecen casi mediterráneas en pleno centro peninsular. Un mar de agua dulce en mitad de Castilla. Además del baño, en algunas zonas se practican actividades como kayak o vela.

El embalse de Entrepeñas en la Alcarria Baja de Guadalajara / Istock / SylviePM
La mayor parte de Entrepeñas se encuentra en el término municipal de Sacedón, aunque aquí no haya zona de baño delimitada. Con apenas 1.500 habitantes, es una de las localidades más pobladas de la zona, uno de los rincones alcarreños donde recaló Camilo José Cela durante su famoso Viaje a la Alcarria. Desde algunos puntos, además, se contemplan las mejores vistas del embalse, como la de la isla del Pico de Monte Abajo, conocida como la "isla del rinoceronte".

El "Mar de Castilla" en los alrededores de Sacedón / Istock / PATRICIA RODRIGUEZ
Los juegos de luces y sombras que se producen sobre el embalse, hace que esta formación rocosa adquiera la forma de un rinoceronte acostado. Los amantes del senderismo y la naturaleza encuentran en la los alrededores cientos de posibilidades, como la de la ermita de Nuestra Señora de los Desamparados junto al río Guadiela -de 12,8 kilómetros-, el Camino del Socorro -de 13,9 kilómetros- o la excursión de Auñón al Santuario de la Virgen del Madroñal.
Los pueblos en el entorno del embalse
A pesar de que muchos viajeros se queden a las puertas de Alocén, Durón y Pareja, solo yendo a las zonas de baño, son pequeños pueblos tradicionales que tienen mucho que ofrecer. En Alocén nos encontramos con calles escalonadas que hacen las veces de mirador natural hacia el embalse. Más allá de eso, una plaza y un ayuntamiento porticados y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción del siglo XVI completan el paisaje del lugar.

El pueblo alcarreño de Alocén en Guadalajara / Wikicommons. Diego Delso
En Durón existe una combinación perfecta entre historia y naturaleza, contando con un impresionante monumento: el santuario de la Virgen del Madroñal, que parece volar sobre el río Tajo. En la zona, una de las rutas más aclamadas es la de la Hoz Angosta, entre impresionantes desfiladeros. Y Pareja, una auténtica joya, con una iglesia renacentista y casonas nobiliarias con escudos tallados que la convierten en uno de los conjuntos urbanos más atractivos de la comarca.

La iglesia de la Asunción en Sacedón / Wikicommons. Oilisab
Sacedón, con su iglesia del siglo XVI, las múltiples ermitas y el peculiar Rollo de Trujillo, tampoco se queda atrás en cuanto a belleza natural y patrimonial. Cuatro pueblos alcarreños donde la vida se detiene y el verano se presenta diferente. Julio y agosto en Guadalajara son días aprovechados entre naturaleza, monumentos, gastronomía y mucha mucha agua donde refrescarse cuando suben las temperaturas.
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