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Lucía (29 años) dejó Madrid para comprar una casa en ruinas en Galicia: "Me daba más miedo quedarme que venirme a experimentar cómo se pone un tejado"

Sin experiencia y con 50 euros de gasto al mes, una joven madrileña rehace su vida rehabilitando una casa de 100 años en una aldea gallega.

Lucía (29 años) dejó Madrid para comprar una casa en ruinas en Galicia

Lucía (29 años) dejó Madrid para comprar una casa en ruinas en Galicia / Istock / Mercedes Rancaño Otero

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Avanzando entre robles y castaños ancestrales se llega hasta una pequeña aldea del interior de Galicia donde el silencio solo lo rompe el agua de los manantiales. Hasta allí decidió trasladarse Lucía, una joven que antes vivía en Madrid y dio el paso final que muchos prometen que harán, pero que pocos terminan llevando a cabo: preparó la mochila, dejó atrás la capital y se instaló sola en un pueblo de nueve vecinos para devolverle la vida a una casa de piedra de más de 100 años.

Los pueblos deshabitados en Galicia como alternativa económica a los altos precios del alquiler en las ciudades.

Los pueblos deshabitados en Galicia como alternativa económica a los altos precios del alquiler en las ciudades. / Istock

"Me vine al pueblo para poder ser autosuficiente porque mi sueño era vivir de lo que yo podía conseguir", explica Lucía mientras trabaja la tierra del huerto. Sin experiencia previa en albañilería o fontanería, ha convertido su día a día en un aprendizaje continuo donde lo mismo le toca instalar un tejado que preparar la tierra para la siguiente siembra.

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Adriana Fernández

La historia salió a la luz tras una entrevista en YouTube en el canal Hilux Aventura. Por aquel entonces, Lucía (conocida en redes como @solaenelmonte) tenía 27 años y contaba que ya llevaba cuatro vinculada a la finca, aunque se había instalado allí a tiempo completo hacía unos meses. Es decir, con apenas 23 años dio el paso definitivo para empezar a dar vida a su proyecto.

Esta decisión no nació de un impulso de fin de semana. Tras estudiar permacultura y encadenar todo tipo de trabajos en Madrid, sintió que vivir encerrada entre el asfalto no tenía sentido. La idea de comprar una casa en ruinas en el campo le daba cierto respeto, pero la precariedad urbana pesaba bastante más.

Aurora y su familia se mudaron a una aldea gallega, donde están reformando una casa

Se mudó a una aldea gallega donde está reformando una casa / Istock / XXLPhoto

"Sinceramente, me daba mucho más miedo quedarme en Madrid con toda la precariedad que hay, con todos los problemas, con toda la delincuencia, que venirme aquí a experimentar cómo se pone un tejado, cómo se hace un sistema eléctrico o cómo cambiar una ventana", confiesa ante la cámara. Al llegar a la aldea, el flechazo fue inmediato: "Fue llegar aquí y sentir en la patata un pálpito de decir: aquí me quedo, esta es mi casa".

Un día a día con 50 euros de gasto al mes

La rutina en el monte tiene poco que ver con los horarios de oficina. El agua para beber no sale del grifo, sino que la trae en garrafas desde una fuente de montaña. Para comer, la despensa se surte del huerto y de las aves que cría ella misma en instalaciones levantadas a mano reutilizando maderas del bosque y puertas de casas derruidas.

El coste de vida en un entorno así se reduce al mínimo. Salvo el alimento de los animales, la tierra y la recolección cubren casi todo: "Yo para mí igual la compra del mes son 50 euros, porque entre el huerto y la recolección... Mi intención es comprar lo mínimo posible: arroz, aceite y poco más. Es muy barato vivir en un pueblo si tienes tus animales".

Patrimonio entre maleza y vecinos que son familia

Al caminar por la aldea se va viendo como el legado rural que se cae a pedazos por la falta de gente. Por los caminos aparecen hórreos gallegos con tejados de losa, un antiguo horno comunal de piedra y la vieja escuela del pueblo, abandonada hace décadas y que sueña con rehabilitar para acoger a voluntarios.

Entre valles, prados y montañas se abre paso uno de los paisajes más bonitos de Galicia

Entre valles, prados y montañas se abre paso uno de los paisajes más bonitos de Galicia / Istock / jessicahyde

Frente al mito de que en el campo la gente es distante con los de fuera, la acogida de los pocos residentes fue inmejorable desde el primer minuto. "A mí me tienen en palmitas, son como familia mía. He vivido en Madrid toda la vida y no conocía a mi vecino de al lado, y aquí es que no puedo ir por un sitio sin que me saluden", asegura sobre la relación con sus vecinos.

El plan a corto plazo no pasa por volver a la ciudad. Lucía ultima los trámites para incorporar un pequeño rebaño de vacas al terreno y seguir demostrando que el entorno rural tiene futuro. "Si el corazón te dice 'vete a mitad del bosque', hazlo, que por algo es. El rural está vacío y necesita gente", concluye.