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Lleva casi 40 años viviendo solo en una aldea de la Sierra de Segura: “Yo tengo miedo de estar en una ciudad, no aquí”

Llegó con la oleada de jóvenes a los que los vecinos llamaban “hippies” y hoy cultiva su huerta, prepara conservas y vive rodeado de naturaleza.

Solo queda Julián en esta aldea de la Sierra de Segura

Solo queda Julián en esta aldea de la Sierra de Segura / Istock / t

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Julián llegó a la comarca de Sierra de Segura hace casi cuatro décadas, cuando en la zona todavía quedaban vecinos en las pequeñas aldeas de montaña. Él formaba parte de una oleada de jóvenes a los que los habitantes de la zona llamaban “los hippies”, sorprendidos por aquella nueva forma de entender la vida que llegaba desde fuera.

Su aldea pertenece al municipio de Santiago-Pontones, en la provincia de Jaén.

Su aldea pertenece al municipio de Santiago-Pontones, en la provincia de Jaén. / Wikimedia Commons

Hoy vive solo. Las casas que antes estaban ocupadas han quedado vacías, los antiguos bancales han sido cubiertos por los pinos y Julián mantiene su propia huerta, prepara conservas, ha construido una casa rural con materiales reutilizados y aprovecha buena parte de lo que le ofrece la tierra.

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Cuando llegaron los “hippies”

Julián calcula que lleva 38 o 39 años viviendo en la sierra. Es de Navarra y llegó a la zona atraído, entre otras cosas, por un curioso episodio relacionado con un festival que nunca llegó a celebrarse. Él y otros jóvenes encontraron unos panfletos que anunciaban conciertos de Pink Floyd, Deep Purple y los Rolling Stones en las inmediaciones de El Tranco, cerca de Cortijos Nuevos. Al lugar acudieron alrededor de un millar de personas, pero no había ningún concierto.

“Entonces todos se juntaron allí, como 1.000 personas, y claro, no había absolutamente nada”, recuerda en una entrevista para un programa de Comando Actualidad. Nunca supo quién había difundido aquellos anuncios, pero aquella historia terminó formando parte de los primeros recuerdos de aquella generación que llegó a la sierra.

Los vecinos les llamaban “hippies” porque llegaban con el pelo largo y, según explica Julián, con “otra forma totalmente de entender la vida”. Para los habitantes de la zona fue un choque cultural y al principio existía incluso cierto miedo hacia ellos.

Antes había un “hormiguero” y ahora no queda nadie

Calles de Santiago de la Espada

Calles de Santiago de la Espada / Istock / FELIPE RODRIGUEZ FERNANDEZ

Julián conoce bien la transformación del lugar porque la ha visto durante casi cuatro décadas. Cuando la periodista le pregunta por qué se ha quedado solo, explica que no hay gente ni en la aldea en la que vive ni en otra pequeña aldea cercana. Tampoco en las casas conocidas como Los Galdones.

Pero la imagen de ahora no tiene nada que ver con la que recuerda de décadas atrás: “Esto era un hormiguero”, explica. En los años 50 y 60, las casas estaban llenas de familias y los alrededores estaban cultivados. “Todo lo que ves ahora que son pinos, eran bancales donde la gente cultivaba”.

La despoblación también ha cambiado su propia relación con los animales. A Julián le gustaría tener un burro y gallinas, pero se encuentra con un problema sencillo y difícil de resolver: si algún día tiene que marcharse, no sabe a quién podría dejar los animales.

Río Guadalquivir a su paso por Santiago-Pontones

Río Guadalquivir a su paso por Santiago-Pontones / Wikimedia Commons / Axel Cotón Gutiérrez

Una de las particularidades de su forma de vida es hasta qué punto aprovecha lo que cultiva y recoge. Julián calcula que entre un 60% y un 70% de lo que come procede de la tierra. En su huerta cultiva coles y romanesco y también prepara alimentos para conservarlos durante más tiempo: tomates secos, ciruelas, higos y kakis. En otra parte del terreno recoge zarzamoras con las que prepara sus propias mermeladas. Para él, su forma de vida consiste precisamente en combinar distintas actividades. Hace mermeladas, trabaja con los productos de la tierra y también ha construido una casa rural que ofrece a quienes quieren experimentar durante unos días una vida parecida a la suya.

La casa rural que enseña durante el reportaje no empezó como un alojamiento. Antes había sido una cuadra con un gallinero en la parte superior y Julián la fue transformando poco a poco. Recogió piedras de las ruinas de los alrededores y las utilizó para levantar parte de la construcción. “Yo no he hecho ningún plano ni nada de nada”, explica. La construcción la hizo con sus propias manos y con ayuda de amigos, sin llamar a profesionales.

Los Teatinos es otra pequeña aldea situada en la Sierra de Segura, dentro del municipio de Santiago-Pontones

Los Teatinos es otra pequeña aldea situada en la Sierra de Segura, dentro del municipio de Santiago-Pontones / Wikimedia Commons

Cuando Julián llegó, la situación era muy distinta de la actual. No había agua corriente, tampoco electricidad y ni siquiera existía un camino por el que pudieran llegar los coches. El acceso se hacía andando. Ahora, en cambio, tiene electricidad, agua y hasta wifi dentro de casa. Lo paradójico, como él mismo señala, es que todos esos avances han llegado mientras los habitantes desaparecían. “Paradojas de la vida”, resume Julián.

Tampoco parece echar de menos las comodidades que podría encontrar en otro lugar. Cuando la periodista le pregunta si se cansa de contemplar las mismas montañas cada día, responde que no. Las vistas le siguen pareciendo espectaculares y, además, “cada día es diferente”.

Pero hay una pregunta que sobrevuela toda la historia: qué ocurrirá con la aldea cuando él ya no esté. La respuesta de Julián es breve: “La naturaleza pedirá su sitio”. Y cuando le preguntan si tiene miedo de vivir solo, responde tajantemente: “No, yo tengo miedo de estar en una ciudad, no aquí”.