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Se llama el “barrio de los millonarios” y es donde veranea (y vive) la élite de Cantabria: palacios señoriales con vistas al Palacio de la Magdalena y villas victorianas frente a la bahía

Este emblemático barrio santanderino, declarado Patrimonio de la Humanidad, evoca el lenguaje aristocrático con el Palacio de la Magdalena como referente.

Este barrio cuenta con una de las mejores vistas al Palacio de la Magdalena.

Este barrio cuenta con una de las mejores vistas al Palacio de la Magdalena. / Istock

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Paisaje marítimo, aristocracia decimonónica y herencia literaria. Cada ciudad tiene su esencia, y sin duda estas tres características son el hilo conductor del famoso “barrio de los millonarios” de Cantabria, un fragmento del casco urbano de su ciudad capital que ha definido el lenguaje aristocrático de Santander desde el siglo XIX.

Vista aérea del Palacio de la Magdalena en la Península de la Magdalena, Santander

Vista aérea del Palacio de la Magdalena en la Península de la Magdalena, Santander / Istock

Hablamos de El Sardinero, un barrio al este del casco urbano, con vistas al mar Cantábrico que, desde las alturas saluda a los dos arenales que lo diferencian a sus pies: las dos playas de El Sardinero, primera y segunda respectivamente, unidas en bajamar y distanciadas por el cabo rocoso y los Jardines de Piquío. Ambas cuentan con Bandera Azul y la Q de Calidad Turística, reafirmando los servicios y conservación de la zona.

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Adriana Fernández

Al sur, la Península de la Magdalena, al norte el Cabo Mayor y el recorte de bahías, precipicios y acantilados, y al frente, el mar batido tan característico de esta zona, bañando la Costa Quebrada -cuyo litoral abarca desde la zona norte de Santander hasta otros municipios cántabros-, hoy incluida dentro de la Red Mundial de Geoparques de la Unesco.

Playa de Camello en Santander

Playa de Camello en Santander / Istock

Patrimonio, historia y cultura

En el caso de El Sardinero los iconos son evidentes. Si hablamos de arquitectura, nada como el Gran Casino, una pieza maestra procedente de la Belle Époque que responde al racionalismo neoclasicista y el propio estilo de la Plaza de Italia. Fechado en 1916, no es el único de su clase, y las edificaciones bailan entre los siglos XIX y XX inspiradas en las clásicas “cottages” inglesas y hotelitos de verano. Neoclásica, ecléctica o victoriano, la estética baila según el modelo y la variedad, señala el gusto que impera en este barrio ilustre.

EL DATO

No es casualidad, dada la importancia de sus edificios, que esta zona tenga históricamente la renta per cápita por hogar más alta de toda la provincia y el precio por metro cuadrado más elevado de la región.

Gran Casino de Santander frente a la playa.

Gran Casino de Santander frente a la playa. / Istock / TAHA JAWASHI

Si hablamos de zonas, los palacetes señoriales y villas de la Reina Victoria impresionan por sus fachadas, adornadas de miradores, torres ornamentadas, piedra de sillería e inmensos jardines privados protegidos por muretes.

Y al fondo, siempre, el vecino ilustre, el Palacio de la Magdalena, hogar de los monarcas Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y vara de medir estética desde la que la aristocracia levantaría sus propias residencias estivales.

El refugio de Pérez Galdós

Hogar de artistas e intelectuales, el famoso escritor Benito Pérez Galdós, autor de obras clave como los Episodios Nacionales, Misericordia o El abuelo, tomó este lugar como residencia durante casi cuarenta años, en la finca bautizada como San Quintín, construida en 1893. Ubicada muy cerca de la playa de La Concha y El Sardinero, se dice que el autor recibía a sus invitados dictando pasajes literarios desde la terraza, frente al despliegue de jardines que él mismo cultivaba, llenos de rosas, vides y una variedad de árboles frutales.

La ruta perfecta

De cara a conocer las entretelas, nada como pasear por los alrededores. Nosotros te proponemos la La ruta perfecta hasta el Faro de Cabo Mayor, desde la Segunda Playa del Sardinero, a lo largo del Parque de Mesones, bordea la Playa de la Maruca y culmina en los acantilados de Cabo Mayor, que completan 4 kilómetros de paisajes marinos, acantilados y el faro, convertido en centro de arte.

Monumento a Benito Pérez Galdós.

Monumento a Benito Pérez Galdós. / Wikicommons / Emilio Gómez Fernández

Además, en tu paso por el barrio y la ciudad, no dudes en dedicar al menos una parada en disfrutar de su gastronomía de mar: rabas de calamar, pescados del Cantábrico -como el machote, la lubina a la sal, el rey, la merluza de pincho y el rodaballo-, los mariscos frescos, como las nécoras o el centollo, y los postres tradicionales, con un claro favorito: el sobao pasiego, seguido de las corbatas de Unquera o la quesada, siempre acompañada de helado.