Todos van a Lastres, pero pocos conocen el pueblo pesquero de Asturias rodeado de bosques de eucalipto: casas de colores, hórreos y huellas de dinosaurios
Este pequeño pueblo de menos de 300 habitantes es de los más impresionantes que hay en todo el Norte de España.

Asturias está llena de pueblos bonitos, pero este lo es especialmente. / Turismo de Asturias
Playas salvajes, aldeas de madera y una cultura muy viva es el contraste que aparece en cada uno de los rincones de Asturias. Desde el verde intenso de sus montes y los Picos de Europa en la frontera hasta las costas donde bañarse en el mismo paraíso. Viajar a Asturias no es solo ir a los pueblos más visitados, como Lastres, es adentrarse en los más auténticos y desconocidos, como Tazones.

Vista aérea de Tazones. / Istock
Este recóndito pueblo porteño pertenece al concejo de Villaviciosa, en la Comarca de la Sidra, formada, además, por Bimenes, Cabranes, Colunga, Nava y Sariegu. Se dice que aquí es "donde Asturias huele a manzana". Pero también huele a mar. Antiguamente, los pescadores vivían en aldeas como Tazones y se hacían sus casas de colores vibrantes a pie de playa sin ningún afán turístico.

Sara Fernández García
Una de las viviendas más famosas es la Casa de las Conchas, cuya fachada está repleta de caparazones de vieiras, caracolas y otros moluscos. Su dueño, José Ramón Gallego, pasó 20 años cubriéndola de conchas, junto a su madre Amalia Rebollar. Empezó por las macetas en 1985, pero pronto se le quedó pequeño y dio el salto a las paredes, convirtiéndola en la casa más fotografiada del lugar.
El desembarco más importante de la historia de España
A nivel histórico se puede viajar muchísimo más atrás en el tiempo, concretamente hasta 1517, para conocer uno de los episodios más importantes del pueblo. En septiembre de aquel año, Carlos V marcó el puerto de Tazones como el único de Asturias en sus rutas imperiales por Europa. La primera vez que pisó España fue en este poblado que enseguida adquirió el carácter de imperial.

El puerto de Tazones donde desembarcó Carlos V a su llegada a España / Istock / David Andres
Para rememorar la llegada del rey de España y emperador de Alemania, cada año, los vecinos se visten de la época y escenifican el desembarco de Carlos V en sus costas. Todo el mundo está tan metido en su papel, que verdaderamente parece que nos encontramos en pleno siglo XVI. Al día siguiente, se conmemora el paseo del monarca y su séquito por las calles del casco histórico.

Tazones fue el primer lugar de España que pisó Carlos V / Istock / Pablo Sebastian Intelisano
El joven emperador apenas tenía 17 años cuando le llamaron para reinar ante la incapacidad de su madre, Juana 'la Loca'. Era el nieto más mayor de los Reyes Católicos y se había criado en Alemania, por lo que España para él era todo un desconocido. Tazones, tan modesto desde siempre, se transformó sin comerlo ni beberlo en uno de los pueblos más relevantes de la historia del país.
Un casco antiguo declarado Conjunto Histórico-Artístico
Aquello que se encontró el jovencísimo Carlos V es muy similar a lo que cualquier viajero halla en una visita al pueblo asturiano. Los barrios de San Roque y San Miguel gozan de tal autenticidad que están declarados Conjunto Histórico-Artístico. Al igual que todo el casco histórico, gobernado por la iglesia parroquial de mediados del siglo XX imitando la arquitectura tradicional, y rodeado de bosques de eucaliptos por todas partes.

Las casas de los pescadores, blancas con puertas y ventanas coloreadas / Istock / Pablo Sebastian Intelisano
La parroquia de San Miguel está flanqueada por las viviendas típicas de pescadores, muy pequeñas pero coloridas, sobre todo en sus puertas y ventanas. El puerto conserva su ambiente marinero y aún alberga la cofradía de Pescadores. Lo que sí es diferente es el entorno, rodeado de restaurantes en los que degustar pescados y mariscos recién capturados allí mismo.

La tradición pesquera está muy presente en Tazones / Istock / Pablo Sebastian Intelisano
En San Roque lo que encontramos es tradición transmitida a través de casas blancas y dinteles, puertas y ventanas que se coloreaban con la pintura sobrante de los barcos. En una de sus calles se tiene en pie un hórreo de madera que conserva su uso tradicional, el de guardar semillas para la próxima siembra. Muy próxima está también la playa de Tazones, de unos 200 metros de extensión.

La playa de Tazones, pequeña y muy bonita / Istock / Pablo Sebastian Intelisano
Una curiosidad de la playa es que en el estrato del pedrero se han encontrado varias ignitas, huellas pertenecientes a dinosaurios bípedos tridáctilos -de tres dedos-. Si se sigue el camino hacia el faro, de 11 metros de altura y en pie desde 1864, hay más fósiles de especies cuadrúpedas de hace 150 millones de años. Lo que demuestra que Tazones lleva tiempo siendo un lugar idóneo para la vida
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