La joya de la ribera del Ebro que combina cúpulas de azulejos, ruinas romanas y tapas exquisitas: es perfecta para tus próximas vacaciones
La ciudad aragonesa ofrece historia, gastronomía de primera y monumentos que te dejan con la boca abierta.

En más de una ocasión me he preguntado por qué Zaragoza sigue estando tan olvidada a la hora de pensar en una escapada por España. A pesar de su historia, su monumentalidad y su gastronomía, rara vez aparece en los primeros puestos de las listas. Todos hemos oído hablar de las Fiestas del Pilar, de su imponente Basílica o de su famoso tapeo, y sabemos que es una de las ciudades más grandes del país. Sin embargo, a la hora de elegir destino para un fin de semana o incluso en fechas señaladas como Semana Santa, Zaragoza pocas veces encabeza las recomendaciones.
Y es una lástima, porque pocas ciudades saben combinar como ella siglos de historia y un carácter tan marcado por el paso del tiempo. Zaragoza es de esos destinos donde cada calle, plaza o avenida tienen mil y una historias que contar. Es historia viva, esencia aragonesa y un destino que —quien lo descubre— sabe que siempre merece volver.

Una postal de película desde el Puente de Piedra
La estampa es de esas que se quedan grabadas en la retina: la Basílica del Pilar, con sus cuatro torres y sus cúpulas de azulejo vidriado, se alza majestuosa junto al Ebro. Cruzar el Puente de Piedra al atardecer es uno de esos pequeños lujos que regala la ciudad.

Dentro, el Pilar es historia viva. En su interior se venera a la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad, y se conserva la columna de jaspe sobre la que, según la tradición, se apareció la Virgen a Santiago Apóstol en el año 40.
La Zaragoza romana duerme bajo tus pies
Aunque a simple vista no lo parezca, Zaragoza es una de las ciudades con más huella romana de España. Fundada como Caesaraugusta, sus cimientos guardan tesoros como el Foro, el Puerto Fluvial, las Termas y el Teatro, todos visitables.

El Museo del Foro, bajo la Plaza de la Seo, es un viaje al subsuelo de la ciudad que permite imaginar el bullicio de la vida romana junto al Ebro. Restos de alcantarillas, columnas y hasta tiendas nos hablan de un pasado glorioso.
La ciudad entre palacios y tapas
Pero si hay un lugar que sorprende, ese es la Aljafería, construido en el siglo XI, es el palacio islámico mejor conservado de Europa fuera de Andalucía. Ha sido recinto fortificado, residencia real aragonesa, sede y cárcel de la Inquisición, palacio de los Reyes Católicos, cuartel y, desde 1987, flamante sede de las Cortes de Aragón. Esta maravilla zaragozana puede ser visitada por menos de diez euros, e incluso gratis ciertos días del mes. Así que, ni se te ocurra pasar por alto esta joya en tu paso por la ciudad aragonesa.

Tras la historia, toca disfrutar de la Zaragoza más sabrosa y divertida: El Tubo. Este laberinto de callejuelas es el alma del tapeo maño. Aquí las barras se llenan de ternasco, migas, borrajas y vermú. Obligatorio probar las croquetas de Doña Casta o dejarse sorprender por las tapas creativas de Bodegas Almau.
Arte mudéjar, retablos dorados y el Goya más íntimo
La Seo del Salvador es otra joya que no hay que perderse. Sus muros son un auténtico catálogo de estilos: románico, gótico, mudéjar y barroco. Su retablo mayor, una obra maestra del gótico flamenco, es de esos que dejan con la boca abierta.

Y para los amantes del arte, el Museo Goya es parada obligatoria. Aquí se pueden ver obras originales del genio de Fuendetodos y entender por qué su nombre sigue sonando en todo el mundo.
Un imprescindible en cualquier guía
Zaragoza es ese destino que sorprende por todo lo que guarda y por todo lo que ofrece. La monumentalidad del Pilar, el legado romano, el sabor de sus tapas y la calidez de su gente hacen que el viajero se sienta en casa. Aquí todo pasa al ritmo del Ebro, que sigue marcando el pulso de una ciudad orgullosa de su historia y abierta al que llega.
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