Dicen que es la joya escondida de Alicante: el pueblo marinero con la mejor playa de la Costa Blanca y un peculiar castillo
Este antiguo pueblecito de pescadores guarda como un tesoro su esencia entre playas preciosas, historia y lonja.

No es en Jávea ni en Denia donde se encuentra la verdadera joya. Es en el corazón de la Costa Blanca, arropado por colinas verdes y viñedos. Allí se esconde Moraira: un antiguo pueblo marinero que, pese al inevitable crecimiento turístico, conserva intacto su encanto tradicional. Sus callejuelas estrechas, las casas encaladas y las barquitas de madera descansando en la orilla ejercen de prueba de que, a pesar del impacto del turismo, aquí la vida sigue discurriendo lenta, al ritmo que marca mar.
La historia de Moraira
Aunque hay registros de asentamientos desde la época de los íberos, la mayor parte de la influencia en este territorio ha venido de la mano de los romanos y los musulmanes que lo ocuparon.
El pasado de Moraira está anclado en la pesca. Durante generaciones, los marineros pasaban el día en el mar y, al caer la tarde, sus capturas se vendían en la lonja o servían para comerciar con los pueblos próximos de interior. El atún de almadraba era uno de los productos estrella.
Esta identidad no ha muerto del todo. Aunque el turismo llegó a mediados del siglo XX y trajo consigo una nueva forma de economía que hoy predomina, el puerto pesquero sigue en funcionamiento, compartiendo ahora espacio con el puerto deportivo.

Las playas de Moraira
Moraira es como un mordisquito a un litoral bellísimo. Sus playas y calas, una de ellas galardonada con el distintivo de la Bandera Azul, tienen como seña de identidad la transparencia de sus aguas. La más conocida, la playa de L’Ampolla, ofrece arena dorada y un oleaje suave perfecto para familias. Para quienes buscan un rincón más discreto, El Portet y Cala Llebeig son opciones más salvajes.
Qué ver en Moraira
El perfil costero está marcado por el castillo de Moraira, levantado en el siglo XVIII sobre una pequeña elevación junto al mar para defender la zona de piratas y corsarios. Ubicada a apenas un puñado de metros del casco urbano, su característica fachada semicircular y el escudo de los Borbones son un icono del pueblo. Fue reconstruido en la década de 1980 y hoy acoge una exposición dedicada a las torres de vigía de la época de Felipe II.

De vuelta en el pueblo, Moraira ofrece una combinación de vida tranquila e infraestructura preparada. Aquí reinan los restaurantes frente al mar donde el pescado fresco y los arroces son protagonistas, existe la posibilidad de practicar deportes acuáticos y también hay joyas arquitectónicas que visitar, como la parroquia del siglo XIX dedicada a la Virgen de los Desamparados.
En conjunto, pasear por las callecitas blancas de Moraira equivale a perderse en un tiempo y un lugar donde el reloj corre un poquito más despacio, el viento huele a pescado a la brasa y las tardes de siesta perezosa en la playa son ley local. ¿Se le puede pedir más al verano?
Síguele la pista
Lo último