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La joya aristocrática del norte de España que fue hogar del rey Juan Carlos I: un capricho inglés frente al Cantábrico, con fines académicos y escenografía de época

Este impresionante palacio pasó de ser de los reyes a ser de la Segunda República, de nuevo de la monarquía y finalmente del Ayuntamiento.

El Palacio funcionó como colegio interno privado para algunos miembros de la aristocracia, como Juan Carlos I

El Palacio funcionó como colegio interno privado para algunos miembros de la aristocracia, como Juan Carlos I / Istock / marktucan

Hay construcciones que pasan más desapercibidas que otras. Algunas pasaron a formar parte del paisaje desde el mismo momento en el que se erigieron y, como tal, también son parte de la historia de un lugar. Cuando le preguntas a un lugareño por la joya aristocrática más bella y significativa de San Sebastián, probablemente responda el Palacio de Miramar, asomado a la bahía de La Concha.

No es que haya sido importante para el devenir de la ciudad, sino que además su silueta se aprecia desde casi todo lo largo del paseo marítimo, por lo que se puede decir que pertenece al skyline más fotografiado de San Sebastián. Su inspiración británica traslada al visitante a una época pasada, concretamente a finales del siglo XIX. Fue en 1889 cuando la regente María Cristina mandó construirlo para consolidar Donostia como destino real de veraneo.

La ciudad del País Vasco considerada una de las más bonitas del mundo tiene casas de colores, muralla medieval y unos pintxos exquisitos

Adriana Fernández

De la monarquía a la República y de nuevo a la realeza

Separa las playas de La Concha y Ondarreta, bañadas por el mar Cantábrico, y nació como Real Casa de Campo. El encargado del proyecto fue el arquitecto británico Ralph Selden Wornum, de ahí el estilo campestre inglés, con ladrillo visto, tejados inclinados y algunos detalles neogóticos que hacen las veces de contraste con el resto de elementos. Está a medio camino entre el cottage más tradicional y el palacio real.

La fachada principal del Palacio de Miramar en San Sebastián

La fachada principal del Palacio de Miramar en San Sebastián / Istock / typhoonski

Tan solo cuatro años más tarde, las obras se dieron por concluidas, obteniendo una finca de 34.136 metros cuadrados que delimita con los paseos de Pío Baroja, Miraconcha y Los Miqueletes, además de con el propio mar y las peñas. Había caballerizas, casa de oficios, cocheras, un parque creado como un gran jardín verde sobre La Concha y un falso túnel bajo los jardines para facilitar el paso de las vías del tranvía y de la carretera.

El Palacio de Miramar como parte del paisaje de San Sebastián

El Palacio de Miramar como parte del paisaje de San Sebastián / Istock / Mariedofra

Hoy forma parte del barrio del Antiguo, pero antes de eso, tras la muerte de María Cristina en 1929, pasó a manos de Alfonso XIII. La Segunda República lo expropió y lo utilizó como residencia veraniega presidencial. Pero después, durante el franquismo, volvió a ser propiedad de los Borbones. En la década de 1950 se transformó en un colegio privado donde estudió interno el que sería rey de España durante 38 años, Juan Carlos I.

Los jardines por los que pasear y sus 11 salones

En 1972, el Ayuntamiento compró parte de la propiedad, el palacio y los actuales jardines. A día de hoy, funciona como sede de instituciones como la Universidad del País Vasco y Eusko Ikaskuntza, que organizan allí sus Cursos de Verano; o incluso para congresos y bodas. Desde entonces, los jardines han permanecido abiertos a todo el mundo y es por eso que los donostiarras los consideran parte fundamental de su historia y de su ciudad.

Los jardines del Palacio de Miramar en San Sebastián

Los jardines del Palacio de Miramar en San Sebastián / Wikicommons. Kent Wang

El acceso a su interior suele estar restringido, pero para algunas ocasiones está abierto, así que si hay suerte se pueden apreciar sus 5.600 metros cuadrados. Están distribuidos en once salas y salones, entre las que llama la atención el Comedor Real, con un mirador de forma octogonal hacia la bahía. El Salón de Música destaca por ser lugar de recepciones, mientras que el Salón de Madera es el más inglés y con salida directa al jardín.

El Salón Blanco, el Salón Petit, la Biblioteca, Santa Clara, la Sala Julio Caro Baroja, el Pabellón de Servicios, la Sala de Prensa y el Pabellón del Príncipe -un añadido de 1920- son las otras estancias que conforman el impresionante Palacio de Miramar. Muchos años después, el escultor Eduardo Chillidaregaló a la ciudad una de sus obras que tiene por nombre 'El Abrazo', tras una preciosa exposición retrospectiva dedicada a su figura.