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José vive solo en un pueblo de Asturias y volvió después de cuatro años en un piso: “Para mí, era como si fuera una jaula”

José lleva casi toda su vida en este pequeño núcleo asturiano, salvo cuatro años que pasó viviendo en Tineo.

Vista de una carretera de Tineo, Asturias

Vista de una carretera de Tineo, Asturias / Istock / t

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Asturias concentra cientos de pequeños núcleos donde la población se ha reducido hasta quedar en una sola persona. Son lugares repartidos por las montañas, lejos de los servicios y con accesos que no siempre llegan hasta las casas. En uno de ellos lleva prácticamente toda su vida José. Solo pasó cuatro años fuera, en un piso en Tineo, cuando tuvo pareja y ella no quería vivir en el pueblo. Pero no terminó de acostumbrarse: “Para mí, el piso era como si fuera una jaula”, recuerda frente a las cámaras de Comando Actualidad.

José lleva prácticamente toda su vida en este rincón de Asturias

José lleva prácticamente toda su vida en este rincón de Asturias / Istock / t

Después, regresó. Aquí trabaja por su cuenta, cuida de sus animales y encuentra ocupaciones suficientes para llenar el día, aunque la despoblación haya cambiado por completo el lugar que conoció. Antes había gente en todas las casas. Ahora quedan muchas menos y José puede pasar días sin encontrarse con nadie. El aislamiento forma parte de su vida, pero no parece tener la misma importancia para él que la posibilidad de trabajar a su manera y vivir rodeado de campo.

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Sara Fernández García

No intenta ocultar que vivir así tiene dificultades. “No tienes con quién hablar, no es fácil vivir solo tampoco”, reconoce. Pero hay algo que compensa esa falta de vecinos: el trabajo.

Sale todos los días y eso le permite relacionarse con otras personas. Su rutina hace que no permanezca aislado durante toda la jornada, aunque al regresar a casa vuelva a encontrarse con la misma tranquilidad.

José ha trabajado como leñador y se define, en general, como alguien dedicado a “muchas, muchas cosas” relacionadas con el campo. También fue ganadero de carne. Cuando le plantearon trabajar en una empresa, prefirió no hacerlo. La razón tiene que ver con la libertad que encuentra en su forma de vida, ya que, dice, puede decidir cuándo trabaja y cuándo no sin tener que responder ante un jefe: “Prefiero estar así; un día, por lo que sea, no puedo ir o no quiero, o no me apetece y nadie me puede decir nada ni tengo que dar cuentas a nadie”, explica.

Es precisamente esa autonomía la que le hizo difícil adaptarse a la vida en un piso. Allí, según cuenta, hacía la limpieza, cocinaba y poco más. En el pueblo, en cambio, siempre encuentra algo que hacer. “Aquí, comoquiera que sea, tienes cosas que hacer todo el día", asegura.

Caminos de tierra en Asturias

Caminos de tierra en Asturias / Istock / t

Sin alumbrado público y con un camino que termina antes de su casa

La vida cotidiana también tiene sus limitaciones. La electricidad llega a las casas, pero no hay alumbrado público, por lo que cuando cae la noche la única luz procede del interior de las viviendas. El acceso tampoco llega hasta su casa. El camino que se arregló hace años termina antes y José tiene que dejar el coche y continuar andando.

Son pequeñas dificultades que se acumulan a otras más importantes: los servicios están lejos y la distancia condiciona cualquier gestión.

Pero José no atribuye el abandono de estos lugares únicamente a su aislamiento. Para él, también tiene mucho que ver con las condiciones en las que se ha desarrollado el trabajo en el campo. “Las administraciones no hicieron por la gente del campo, siempre estaban poniendo trabas”, afirma.

Recuerda sus años como ganadero y explica que los terneros llegaron a valer más hace tres décadas que ahora. Sin incentivos, sostiene, resulta difícil que alguien pueda mantenerse trabajando en el campo y decidir quedarse.

Camino de Santiago Primitivo

Camino de Santiago Primitivo / Istock / t

Hay una escena del reportaje que resume mejor que ninguna otra hasta qué punto ha cambiado la vida en estos pueblos. La cartera llega hasta la zona para entregar el correo. José reconoce que puede pasar una semana sin ver a nadie y que, en ocasiones, la persona que lleva las cartas es prácticamente el único contacto que tiene con alguien de fuera.

La propia cartera explica que su trabajo también la lleva hasta otro vecino que vive en un pueblo algo más abajo. Allí no existe acceso para coches: para llegar hay que caminar unos 15 minutos. José recibe el correo en la puerta de casa y continúa con su día, y esa puede que sea toda su interacción hasta el día siguiente.