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Ni las Islas Cíes, ni Formentera: la playa más salvaje y virgen de España está escondida en Andalucía, no tiene acceso en coche y sus aguas cristalinas esconden una reserva marina intacta

Apenas tiene 150 metros de longitud, pero el paisaje que la rodea y el acceso hasta llegar a ella hacen de este lugar algo realmente único.

El paraíso natural con las calas más bonitas de España.

El paraíso natural con las calas más bonitas de España. / Istock / Jacques van Dinteren

Hay un paraíso natural en el sur de España repleto de playas vírgenes que casi nadie conoce. Un litoral marítimo-terrestre que ha conseguido, por ahora, mantenerse al margen de la masificación del Mediterráneo (sobre todo en los meses de verano) y donde incluso en temporada alta, es posible tener la sensación de estar en un lugar aislado y remoto. 

Y no está tan lejos. Ponemos rumbo a las costas menos conocidas de Almería, esas que salpican el espacio natural del Cabo de Gata, en Níjar. Un paisaje casi desértico a solo una hora en coche de Almería capital, situado entre las provincias vecinas de Murcia y Granada. 

El paseo marítimo más bonito del mundo mida 26 kilómetros y está en España: tiene un paisaje volcánico, está rodeado de palmeras y es el más largo de Europa

Adriana Fernández

El parque natural, declarado Reserva de la Biosfera, es posiblemente el tesoro mejor conservado de Almería en particular, y de toda Andalucía en general. Un espacio donde la naturaleza se presenta en su estado casi virgen, y las playas son (en su mayoría) aisladas, remotas y solitarias. Lo que decimos, un paraíso. 

Un territorio amablemente salvaje

El paisaje, tan rocoso y desértico que a ratos parece salido de otro planeta, dibuja un horizonte abrupto, lleno de acantilados que parecen caerse al mar, en unos casos; en otros, flotan como haciendo equilibrio frente a poblados que parecen salidos de alguna película del lejano Oeste, como sucede con el pueblo minero de Rodalquilar

San José, el precioso pueblo de casitas blancas frente al mar.

San José, el precioso pueblo de casitas blancas frente al mar. / Istock

Se extiende por la costa desde Carboneras (al noreste del parque natural) hasta San Miguel de Cabo de Gata, en el extremo suroeste, pasando por lugares tan impresionantes como Agua Amarga, Las Negras, Rodalquilar, La isleta del Moro, San José (quizá el pueblo más turístico de todos) y la Fabriquilla, ya en el golfo de Almería (al otro lado del cabo, geográficamente hablando). 

Un destino de playas de película

En un territorio tan tranquilo y poco urbanizado, que es muy fácil encontrar playas vírgenes. Gracias, sobre todo, a que se trata de calas más que remotas y de difícil acceso, limitado casi en exclusiva a los senderos y caminos para ir a pie. Ese es el secreto. 

Mónsul, una playa de película.

Mónsul, una playa de película. / Istock / Unai Huizi

Al respecto, las conocidas playas de Mónsul y Genoveses son las más populares y concurridas. Porque han sido protagonistas de muchas películas (Indiana Jones, o La Historia Interminable, entre ellas). 

También porque son las que tienen el acceso más fácil: están prácticamente al lado del camino de tierra que atraviesa el parque natural y que lleva directamente hasta ellas. Y, además, son las más grandes a este lado del cabo (Mónsul apenas supera los 300 metros pero Genoveses tiene más de un kilómetro de extensión). 

Tan aisladas y remotas que es muy fácil no encontrarse con nadie en estas calas.

Tan aisladas y remotas que es muy fácil no encontrarse con nadie en estas calas. / Istock / Jacques van Dinteren

A diferencia de todas las calitas del Cabo de Gata, en este caso, sí se puede ir en coche, pero el número de vehículos está limitado, por lo que lo más recomendable es llegar en transporte público habilitado para ello desde el pueblo de San José). 

La cala más bonita y salvaje

Una de las calas más remotas y bonitas es la Cala de Enmedio, situada en un paisaje de dunas fosilizadas que le aportan una estética realmente salvaje y sobre todo única. Es una de las joyas naturales del Cabo: apenas tiene 150 metros de longitud, pero atravesar este paisaje desértico, a través de un sendero (por el que solo se puede ir a pie) desde el camino principal, merece mucho la pena. Arena fina y dorada, aguas cristalinas y un fondo marino único.

Arena fina y dorada, aguas turquesas... no es Formentera, aunque lo parezca.

Arena fina y dorada, aguas turquesas... no es Formentera, aunque lo parezca. / Istock / TONO BALAGUER

No hace falta insistir en que este es un destino solo apto para mentes respetuosas y viajeros medioambientalmente concienciados. Sin excepción. Pero por si acaso, lo haremos: mantenerse fuera del alcance de turistas desalmados y viajeros sin compromiso medioambiental, por favor.