La isla del Mediterráneo perfecta para descubrir este otoño: declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, es conocida por sus pueblos de casas blancas
Durante esta época del año, la isla se vacía de turistas y recupera su ritmo habitual.

Está claro que las islas del Mediterráneo, cuando lucen más, es en verano. Pero eso no quiere decir que el resto del año no merezcan la pena ser visitadas; quizá incluso, visitarlas fuera de la temporada de verano es la mejor opción para descubrir su belleza, pues ya no están tan sobremasificadas con turistas en cada esquina y respiran un poco mejor.

Aquí en España tenemos la gran suerte de que, además del territorio de la península, son varias las islas, agrupadas en archipiélagos, que forman parte del ámbito español, todas ellas de inmensurable valor paisajístico y las que podemos visitar en cualquier momento.
Uno de estos archipiélagos es el balear, destino turístico por excelencia no sólo para los propios ciudadanos del país, sino también para visitantes extranjeros que han tomado por costumbre veranear en las costas de las islas.
Una isla de gran riqueza natural e histórica
Con una población que en la temporada de verano supera los 200.000 habitantes, la isla de Menorca goza, en temporada baja, de un ambiente relajado ideal para todos aquellos que desean escapar del bullicio de las grandes ciudades.

Una de las mayores atracciones de la isla son la gran cantidad de rutas de senderismo que la recorren, yendo desde la costa hasta el interior, y las cuales son mucho más agradables durante estas fechas, pues las temperaturas no son tan exageradas como en verano.
La ruta de senderismo por excelencia de Menorca es el Camí de Cavalls, un sedero circular que recorre toda la costa a través del GR 223, ofreciendo unas vistas mágicas. Dividido en un total de 20 etapas, y apto para hacer también en bicicleta o a caballo (para hacer honor a su nombre), es la oportunidad idónea para descubrir el entorno natural de la isla, pasando por puntos de interés tales como Ciutadella, Maó, o algunas de sus calas más emblemáticas.

Igual de interesante es la ruta para descubrir los siete faros que flanquean la isla, aunque quizás para hacer esta mejor ir en coche. Estos son Cap de Cavallería, Punta Sa Farola, Favàritx, Sant Carles, Punta Nati, Artrutx e Illa de l’Aire. Construidos a lo largo del siglo XIX, su belleza no reside solo en la construcción, sino en su entorno; es genial verlos durante el amanecer o el atardecer, cuando el cielo se tiñe de los más impresionantes colores.
Viajar al pasado es posible en esta isla, pues esparcidos por toda la isla se encuentran cantidad de monumentos de la Edad del Bronce de cerca de 2.000 años de antigüedad. Bautizada como cultura talayótica, sus vestigios se pueden visitar gratuitamente, ya que los monumentos se encuentran al aire libre. Las casas de piedra calcárea, lugares de enterramiento, y las torres de vigilancia conocidas como talayots ofrecen una mirada a la antigua civilización que habitó la isla. Algunos de los poblados para visitar son Trepucó, Torralba d’en Salord, o Talatí de Dalt.

Un escenario que parece sacado de otro mundo son las Pedreres de S’Hostal, habitualmente llamadas Lithica, una antigua cantera de piedra calcárea destinada a la construcción de edificios y que cerró en 1994. Declaradas Bien de Interés Etnológico por el Consell Insular de Menorca en 2017, forman parte de un proyecto de recuperación que ha sido reconocido como referente en la rehabilitación patrimonial e intervención en el paisaje.
Otoño es la mejor época para disfrutar del cielo nocturno de Menorca. Gracias a la baja contaminación lumínica de la isla, estos meses son idóneos para hacer observaciones astronómicas; y más teniendo en cuenta que las lluvias de estrellas conocidas como las Leónidas y las Gemínidas tienen lugar en noviembre y diciembre, respectivamente.

Pueblos blancos y aguas cristalinas
Con calles empedradas y blancas y de origen marinero, las ciudades y pueblos de Menorca conforman un paisaje sin igual en el Mediterráneo.
La ciudad de Ciutadella, que en su día fue la capital de la isla, posee un casco antiguo catalogado como conjunto histórico-artístico. Con monumentos de arquitectura gótica y renacentista, como la imponente catedral de Menorca, y edificios de piedra caliza, perderse por sus calles empedradas es la mejor opción para descubrir los rincones más secretos de esta bonita localidad.

Uno de los pueblos más bonitos y visitados es Binibèquer Vell, una pedanía de hermosas casas blancas y ambiente marinero. Pero tiene truco, pues a pesar de que su aspecto parezca indicar que este pueblo lleva ahí siglos, en realidad fue construido en la década de 1960, inspirándose en los pueblos de pescadores típicos.
Centro neurálgico de la isla, Maó goza de una exquisita mezcla cultural, la cual todavía hoy se puede apreciar, tanto en las casas como en los castillos y fortalezas. Pero si por algo es conocida esta ciudad es por su excelente queso, de sabor ligeramente salado y que cuenta con Denominación de Origen Protegida.

Algunas de las playas más conocidas de Menorca son la calas de Macarella y Macarelleta, la Cala Mitjana, las playas de Fornells, o la Cala en Porter. Cerca de esta última se halla la Cova d’en Xoroi, una serie de cuevas situadas en los acantilados del sur de la isla, que disponen de varios miradores, un bar musical, y una discoteca.
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