La isla gallega que fue lazareto, monasterio y cárcel: es Bien de Interés Cultural, con arquitectura histórica rehabilitada y uno de los secretos mejor guardados de la ría de Vigo
La historia de esta isla, en tiempos temida por todos, hace que se convierta en uno de los lugares más interesantes de Galicia.

Esta pequeña isla de Galicia mide menos de 250 metros pero tiene muchísima historia / Istock / Nandi Estevez
A veces los lugares más pequeños son los que encierran las historias más ricas y curiosas, como sucede con la isla de San Simón, en la parroquia redondelana de Cesantes. El conjunto de San Simón y San Antón no mide más de 250 metros de ancho y 84 de largo, pero es un rincón repleto de misterios y secretos. El pasado fue oscuro, marcado por las atrocidades, pero su presente es bien distinto, pues es considerada Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio histórico.
Saqueos, enfermedades, piratas, prisioneros y muerte definen la historia de esta diminuta isla, que actualmente está deshabitada. A pesar de todas las palabras negativas, fue un punto de referencia para la religión. Los benedictinos fueron los primeros, creando así un centro monástico. Les siguieron los caballeros templarios, que se asentaron en San Simón entre los siglos XII y XIII, atraídos por su privilegiada ubicación y por la belleza natural del entorno.

Adriana Fernández
El paso de los religiosos por la isla
Allí construyeron una pequeña ermita, pero acabaron abandonando. En 1370, la corona de Castilla y León cedió la isla a la diócesis de Tui, como recompensa ante su fidelidad. Los pascualinos permanecieron hasta 1583. Poco tiempo después, en 1589, sufrió el primer saqueo por parte de corsarios ingleses, entre los que estaba el mítico Francis Drake. Tras ser derrotados en la batalla de La Coruña, no dejaron nada en la ría de Vigo, arrasaron con todo.

El archipiélago de San Simón y San Antón / Wikicommons. Hugo P.
Entre 1596 y 1601, los monjes benedictinos de Poio se refugiaron de la peste que afectó a Pontevedra. A partir de entonces, el papel de la isla estuvo íntimamente relacionado con pandemias y enfermedades infecciosas. Tanto es así, que en 1838 se convirtió en lazareto, o lo que es lo mismo, una leprosería marítima. Allí aislaban a los marineros que regresaban de alta mar con síntomas extraños, para controlar las epidemias mortales y contagiosas de la época.

El antiguo lazareto de la isla de San Simón / Istock / Nandi Estevez
Fue ese uno de los motivos por los que se construyó un puente uniendo San Simón con San Antón, para mejorar la asistencia sanitaria. Así, la primera pasó a controlar los barcos que arribaban y encargarse de las cuarentenas; y la segunda a recluir a los enfermos altamente contagiosos o con enfermedades para las que no se conocía cura. Así se mantuvo hasta 1927, que quedó clausurado definitivamente gracias a las mejoras sanitarias que había entonces.
El impacto de las guerras
Aunque parezca complicado, debido a su relativo aislamiento, las guerras también llegaron a San Simón. En el siglo XVIII, fue escenario de la batalla de Rande que enfrentó a Holanda e Inglaterra contra Castilla, en plena Guerra de Secesión española. Como en toda guerra, la isla de San Simón sufrió las consecuencias de la contienda. Sumadas a las de los diversos abandonos, la isla acabó convirtiéndose en una suerte de isla desierta o abandonada.

Una antigua ermita en la isla de San Simón / Istock / Nandi Estevez
Más tarde, durante la guerra civil, también se le dio un uso que no enorgullece a ninguno de sus vecinos: desde 1936 funcionó como campo de concentración y exterminio. Muchos lo consideraban el más terrible del régimen, y se decía que de allí era imposible salir con vida. En 1941, asesinaron a unas 250 personas, y se mantuvo con esta función hasta 1948. No todos fallecían fusilados, pues las condiciones infrahumanas tampoco ayudaban a la subsistencia.
Cuando acabó la guerra, la familia de Franco la empleó como destino vacacional. Hasta que en 1950 ocurrió un accidente en el que murieron 43 miembros de la guardia del dictador. Fue clausurada hasta cinco años más tarde, que volvió a abrirse con el objetivo de crear un centro de formación para huérfanos y marineros que estuvo activo casi una década. Tras el fallecimiento del Generalísimo, San Simón pareció transformarse en algo totalmente diferente.
La isla a día de hoy
En 1999 empezó a apreciarse su riqueza, se declaró Bien de Interés Cultural, junto a San Antón, y se sometió a un largo proceso de reconstrucción y rehabilitación, centrándose sobre todo en la naturaleza y la arquitectura. Además, su biodiversidad permite que esté catalogada como Zona de Especial Protección de los Valores Naturales y Lugar de Importancia Comunitaria en la Red Natura 2000. Primando también la cultura de sendas islas.
San Simón y San Antón son dos pilares fundamentales en la historia de Galicia. Por ese motivo, desde entonces, se han realizado presentaciones, entregas de premios literarios, conciertos, talleres fotográficos o festivales. También ha sido rebautizada, ahora se llama A illa do pensamento- la isla del pensamiento-. Un nombre que crea una nueva marca para la isla, pero que también recuerda lo importante que es la memoria cuando se han cometido actos tan atroces.
- El pueblo de 350 habitantes ideal para escapar del calor: en el corazón del Valle del Roncal, cerca de la frontera con Francia, está rodeado de infinidad de rutas de senderismo
- El refugio de Rosario Flores (62 años) es una pedanía gaditana de 480 habitantes: caminos de tierra, dunas vírgenes y el Faro de Trafalgar como único vecino en el horizonte
- El refugio de Sandra Barneda (50 años) es el pueblo de su padre, escondido en el Empordà: 'He pasado muchos veranos de mi vida aquí; le tengo un gran cariño
- El refugio de Rozalén (40 años) es el 'pueblo de las cascadas' al que ha vuelto a vivir tras frenar su carrera: 'Necesito estar en mi pueblo, con la gente que quiero
- El refugio de Juan del Val y Nuria Roca (55 y 54 años) es un pueblo abulense donde sueñan con envejecer: 'Esta casa es mi lugar favorito del mundo ahora mismo
- El pueblo de 800 habitantes en Asturias ideal para huir del calor extremo: conocido por su tradición quesera, conserva una iglesia de origen románico y sirve como puerta de entrada a los Picos de Europa
- Todos van al Mediterráneo en agosto, pero pocos suben a estas playas del norte donde el verano no pasa de 25 grados
- El pueblo de Girona con una playa de agua dulce en plena montaña: casas de piedra, balcones de madera y uno de los rincones más refrescantes del Pirineo catalán