La isla española con más de 1.500 yacimientos prehistóricos que es Reserva de la Biosfera en su totalidad: una ruta senderista de 185 kilómetros, Patrimonios de la Humanidad y calas turquesas
Ninguna otra isla española reúne semejante densidad de yacimientos prehistóricos y la totalidad de su territorio bajo la máxima protección de la UNESCO. La combinación solo se da en un punto del Mediterráneo.

Esta isla es uno de los lugares más fascinantes del Mediterráneo. / Istock
Camina cien metros por sus caminos rurales y es fácil que pases junto a los restos de una construcción con más de tres mil años de antigüedad. En sus 702 kilómetros cuadrados de superficie se han catalogado más de 1.500 yacimientos prehistóricos - más de dos por cada kilómetro cuadrado, una densidad que ningún otro territorio habitado del planeta ha llegado a registrar. Los muros de piedra en seco que delimitan los campos de cultivo llevan siglos marcando los mismos límites, y entre ellos emergen, sin previo aviso, las siluetas de talayots, taulas y navetas que los primeros pobladores de la isla levantaron hace cuatro mil quinientos años.

Esta isla es conocida por tener los famosos talayots, declarados Patrimonio de la Humanidad. / Istock
La piedra no es lo único que distingue a este territorio. Desde el 8 de octubre de 1993, la totalidad de sus ocho municipios - no una franja protegida dentro de una isla más grande, sino la isla entera - está declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO. En septiembre de 2023 llegó un segundo reconocimiento: "Menorca Talayótica" fue inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial, sumando 280 de esos yacimientos repartidos en nueve áreas del territorio. Ningún otro punto de España reúne ambas distinciones sobre la misma superficie. Se llama Menorca.

Redacción Viajar
De Biniai Nou al desembarco británico
El yacimiento más antiguo de la isla se encuentra en Biniai Nou, dentro del término de Maó, y sitúa los primeros asentamientos humanos hace unos 4.500 años. Fue el germen de una cultura insular - la talayótica, llamada así por las torres o talayots que la caracterizan - que se desarrolló durante siglos en relativo aislamiento y que levantó buena parte de esos yacimientos con técnicas constructivas megalíticas, sin apenas herramientas de metal. Los romanos, cuando llegaron, bautizaron la isla como "Minorica" - la menor - por contraste con su vecina Mallorca, la "Maiorica"; el nombre ha llegado prácticamente intacto hasta hoy.

Plaza en el centro histórico de Maó / Istock
Durante siglos, Ciutadella ejerció como capital de la isla: sede episcopal, centro administrativo y corazón de la vida insular. Así fue hasta 1713, cuando el Tratado de Utrecht entregó Menorca a la corona británica. Los nuevos gobernantes trasladaron la capitalidad a Maó, atraídos por un puerto natural que consideraron estratégicamente superior para su flota. La decisión, tomada por motivos militares hace más de tres siglos, sigue vigente hoy: Maó continúa siendo la capital administrativa de la isla.
El siglo XVIII fue un vaivén de banderas. Británicos, franceses y españoles se disputaron el control de Menorca en varias ocasiones antes de que la isla quedara definitivamente integrada en España en 1802. Esa disputa dejó huella - fortificaciones, torres de vigilancia, una arquitectura portuaria con acento anglosajón - que todavía puede rastrearse en el paisaje. Más de un siglo después, durante la Guerra Civil, Menorca se mantuvo fiel a la República hasta prácticamente el final del conflicto, cuando cayó tras la Batalla de Menorca de febrero de 1939.

Ciutadella de Menorca / Istock
Dos capitales para un mismo reconocimiento
La Reserva de la Biosfera declarada en 1993 no se ha quedado quieta desde entonces. En 2019 amplió su superficie de 71.191 a 514.485 hectáreas al incorporar la práctica totalidad de las aguas que rodean la isla, desde los acantilados del norte hasta las calas del sur. El segundo sello, el de Patrimonio Mundial otorgado en 2023 a "Menorca Talayótica", se concentra sobre todo en el interior: 280 yacimientos distribuidos en nueve áreas territoriales que ocupan cerca del 5% de la superficie insular, con navetas de enterramiento, recintos de taula, talayots y círculos de habitación que datan de la Edad del Bronce y del Hierro.

Pequeña bahía en La Mola de Mahón, Menorca / Istock / Cristian Baitg Schreiweis
Ese doble reconocimiento convive con una isla que, administrativamente, se reparte entre dos capitales de carácter bien distinto. Maó, sede del Consell Insular y punto más oriental de toda España, se organiza alrededor de un puerto natural que figura entre los más grandes de Europa y que marcó, como se ha visto, su ascenso político en el siglo XVIII. Ciutadella, la antigua capital, conserva la sede del obispado, un casco histórico de calles estrechas y la catedral gótica que todavía preside su perfil urbano. Con 102.821 habitantes según el padrón de 2025 - una cifra que en los meses de verano se multiplica ampliamente con la llegada de turistas -, es Ciutadella, con 32.431 vecinos, la que hoy encabeza la población de la isla, por delante de los 30.666 de Maó. Los otros seis municipios - Alaior, Es Castell, Ferreries, Es Mercadal, Sant Lluís y Es Migjorn Gran - completan un mapa administrativo que apenas ha cambiado en dos siglos.

Menorca Talayotica / Istock
Calas de agua turquesa y una caldereta que lleva el nombre en la puerta
Rodeando la isla entera discurre el Camí de Cavalls, un sendero de 185 kilómetros cuyo origen se remonta al siglo XIV, cuando Jaume II ordenó a los caballeros de la isla patrullar la costa a caballo y armados para detectar cualquier amenaza que llegara por mar. Con el paso de los siglos lo reutilizaron también las tropas británicas y francesas que se sucedieron en el control de Menorca, y hoy conecta algunas de las calas más fotografiadas del Mediterráneo: Macarella y su pequeña hermana Macarelleta, Cala en Turqueta - bautizada así, sin metáfora alguna, por el color literal de sus aguas -, Mitjana y Cala Galdana, todas en la costa sur, protegidas por pinares que llegan casi hasta la arena.

Playa de Macarelleta en el sur de Menorca / Istock
La despensa de la isla tiene tanto peso como su litoral. El queso Mahón-Menorca cuenta con Denominación de Origen Protegida desde 1985 - el apellido "Menorca" se sumó al nombre oficial en 1998 - y se elabora todavía con leche de vacas que pastan en los mismos campos amurallados que abren este reportaje. La ginebra Xoriguer, con Indicación Geográfica Protegida, se destila en el puerto de Maó desde 1945 y es la más antigua del Mediterráneo, herencia directa de la presencia británica en la isla; su destilería sigue abierta a visitas guiadas que terminan, invariablemente, con una cata de sus productos.
Pero si hay un plato que resume la cocina menorquina es la caldereta de langosta, nacida entre familias de pescadores en Fornells y hoy elevada a plato de ocasión especial. En ese mismo pueblo, en la calle Gabriel Gelabert, el restaurante Sa Llagosta - un Sol en la Guía Repsol, con el chef David Coca al frente - la sirve en versiones que van de la más clásica a otras con acentos asiáticos, y ha recibido el elogio público del chef Dabiz Muñoz, que la definió como insuperable.
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