La isla canaria que cambia de piel: un viaje entre volcanes, bosques y barrancos
Del paisaje volcánico del Teide al bosque milenario de Anaga y los espectaculares barrancos de Masca, Tenerife ofrece experiencias de senderismo completamente diferentes. ¿Cuál te resulta más interesante?

Volcanes, laurisilva y barrancos: Tenerife va mucho más allá del sol y playa. / Istock
Viajo hasta Tenerife para comprobar por qué es uno de los grandes destinos de senderismo de España. Y, a modo de espóiler, aquí puedes hacer como con los libros de ‘Escoge tu propia aventura’ y decidir si te van más los escenarios áridos y postapocalípticos que te trasladan a Marte, los bosques entre Lothlórien y Fangorn sacados de 'El Señor de los Anillos' o paisajes que te permiten viajar al Machu Picchu.
Lo que me sorprende es que no hace falta elegir. En apenas unos kilómetros, Tenerife cambia de piel una y otra vez. La lava deja paso a un manto de niebla que envuelve árboles centenarios, y ese bosque húmedo termina desembocando en montañas escarpadas y barrancos que caen en picado hacia el Atlántico. Con esta capacidad de transformación, no tengo ninguna duda de que me encuentro en uno de los destinos de senderismo más fascinantes de España y Europa.
El Teide o cómo viajar a Marte sin salir de Canarias
Mi ruta comienza en las alturas del Parque Nacional del Teide, donde el paisaje parece pertenecer a otro planeta. En cuanto se gana algo de altitud los pinares desaparecen, la vegetación se vuelve más escasa y empiezo a ver coladas de lava, conos volcánicos y formaciones rocosas moldeadas por miles de años de actividad geológica.

El Teide o cómo viajar a Marte sin salir de Canarias. / Istock / rusm
Caminar aquí es hacerlo entre tonos negros, ocres y rojizos que recuerdan a Marte, con el Teide dominando el horizonte. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, este enclave ofrece una de las concentraciones de estructuras volcánicas más espectaculares del planeta.
Aunque una de las imágenes más conocidas del parque son los Roques de García (con la icónica chimenea volcánica de Roque Cinchado que ilustraba los billetes de 1.000 pesetas), el senderismo permite descubrir un territorio mucho más grande. Existen rutas de todos los niveles, desde recorridos circulares entre coladas de lava para poder realizar en familia e incluso con niños pequeños hasta ascensiones que finalizan en la cumbre del Teide. El sendero que rodea los Roques de García es perfecto para principiantes, mientras que aquellos que busquen una experiencia más exigente pueden afrontar la subida al pico más alto de España. Eso sí, esta ruta requiere planificación, ya que el acceso al último tramo está regulado para proteger el entorno.

Una de las imágenes más conocidas del parque son los Roques de García. / Istock / rusm
El Parque Nacional del Teide recibe más de cinco millones de visitantes al año, lo que le convierte en el más visitado de España y uno de los parques nacionales más visitados del mundo. Además, los amantes de los récords y las curiosidades deben saber que constituye el tercer volcán más alto del mundo (después del Mauna Kea y Mauna Loa, en Hawái).
Si lo de caminar no es lo tuyo, también hay otros planes que merecen la pena en nuestro Marte particular: se puede contemplar el atardecer, dormir en el parador de Las Cañadas del Teide (aquí te dejo un truco para hacerlo por poco dinero), en pleno parque o disfrutar de uno de los cielos más limpios de Europa gracias a la escasa contaminación lumínica, que lo convirtió en destino turístico Starlight en 2014. Los expertos cuentan que, por encima de los 2.000 metros, se pueden ver 83 de las 88 constelaciones conocidas.

Anaga es el bosque encantado de Tolkien. / Istock / Catalin Petolea
Anaga: el bosque encantado de Tolkien
Si el Teide me ha hecho sentir como una astronauta explorando Marte, el Parque Rural de Anaga consigue el efecto contrario. En un suspiro dejo atrás el paisaje volcánico para adentrarme en un bosque envuelto por la niebla, donde el aire huele a tierra mojada y el silencio solo se rompe con el canto de los pájaros. Los troncos están cubiertos de musgo, me encuentro rodeada de vegetación y las ramas filtran una luz que se refleja sobre el sendero embarrado y resbaladizo.
Anaga parece sacado directamente de los bosques de Lothlórien o Fangorn descritos por J. R. R. Tolkien. La laurisilva que cubre parte de este macizo es un bosque subtropical que hace millones de años ocupaba amplias zonas del sur de Europa y el norte de África y que hoy solo ha sobrevivido en lugares muy concretos (en otras islas Canarias o Madeira) gracias a la humedad que aportan los alisios.

El sendero de los sentidos es muy fácil, corto y accesible. / Istock / SOMATUSCANI
Declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2015, el macizo de Anaga cuenta con más de 80 kilómetros de caminos y ofrece rutas para todos los niveles. El sendero de los sentidos, por ejemplo, es accesible con carritos de bebé, mientras que otros más exigentes enlazan caminos reales con caseríos como Taborno, Afur o Taganana.
En verano es imprescindible que madrugues, puesto que las zonas de aparcamiento se suelen colapsar y se corta el tráfico. Además, resulta muy recomendable que te instales en tu teléfono móvil ‘Tenerife ON’, la aplicación oficial del Cabildo de Tenerife que permite consultar y reservar senderos, rutas (a pie, bici, moto, caballo), áreas recreativas o zonas de acampada.
Más allá de los paisajes, Anaga puede presumir de ser uno de los territorios con mayor biodiversidad de Europa. Aquí sobreviven cientos de especies endémicas de plantas y animales que no existen en ningún otro lugar del planeta. Y es que me cuentan que muchas de ellas están adaptadas a un ecosistema que apenas ha cambiado desde la era terciaria.

Masca: el Machu Picchu del Atlántico. / Istock / DeckardStock
Masca: el Machu Picchu del Atlántico
La última parada de mi viaje me lleva al extremo occidental de Tenerife, donde el macizo de Teno demuestra que la isla todavía me guarda otra sorpresa. Aquí no hay ni rastro de los paisajes volcánicos del Teide o de la frondosidad de Anaga. Lo que veo (una vez superados el miedo y el vértigo tras recorrer las empinadas y estrechas carreteras) son unas cuantas montañas escarpadas, profundos barrancos y caseríos que desafían las leyes de la gravedad. Entre todos ellos destaca Masca, un pueblo encajado entre paredes de roca que han conseguido que muchos lo comparen con el Machu Picchu.
El sendero del barranco de Masca es uno de los más famosos de esta zona y uno de los más espectaculares de Canarias. Tras varios años cerrado por motivos de seguridad, hoy se puede volver a recorrer, aunque el acceso está regulado y requiere reserva previa. El camino desciende entre paredes de cientos de metros de altura, siguiendo el curso del barranco hasta desembocar en una pequeña playa al pie de los acantilados de Los Gigantes. A diferencia de otros senderos de Tenerife, aquí no solo se trata de disfrutar de las vistas, sino de afrontar un recorrido bastante exigente a nivel físico.

El macizo de Teno recuerda a los grandes paisajes andinos. / Istock / DaLiu
El macizo de Teno pone el broche final a este viaje con un escenario de montañas que me recuerda a los grandes paisajes andinos. Al principio pensaba que tendría que elegir entre Marte, Tolkien o el Machu Picchu, pero ahora sé que en Tenerife no hace falta escoger. Basta con calzarse las botas y echarse a andar para descubrir que los tres escenarios caben en una sola isla.
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