Irene, propietaria en una pequeña aldea de Cuenca para ser vecina de su abuela: "Tuve un sueño premonitorio en el que Dios me decía 'esta casa es tuya'"
Esta joven valenciana tuvo muy claro que tenía que mudarse al pueblo de su abuela, donde está reformando su propia casa.

El pueblo de Cuenca donde esta joven valenciana ha comprado una casa / LUNAMARINA
Hay quienes dicen que los abuelos deberían ser eternos, y razón no les falta. Son ellos los que nos cuidan muchas veces cuando somos pequeños y nuestros padres no pueden hacerse cargo de nosotros, y de nuestros abuelos aprendemos que la vida es fugaz y hay que aprovecharla a cada momento. También aprendemos que es importante preservar la memoria de aquellos seres queridos que, lamentablemente, nos han dejado, pero que de alguna manera u otra, siguen muy presentes en nuestras vidas. Este es el caso de Irene Vila, una joven valenciana que hace un año se compró una casa en el pueblo de su abuela.

Vista aérea del pueblo / Mr. Tickle
A lo largo de estos últimos meses, Irene ha compartido su aventura en sus perfiles de redes sociales, donde acumula más de 200 mil seguidores. A través de sus vídeos muestra como es la vida en el pueblo, como van avanzando las reformas de la casa que compró para vivir, y como es su día a día junto a su familia y seres queridos. Gracias a sus videos, Irene también ha conseguido normalizar la vida en los pueblos entre la gente más joven.

Redacción Viajar
Un recuerdo muy vivo
En un momento donde los pueblos rurales no dejan de vaciarse, con la mayoría de sus habitantes más jóvenes trasladándose a vivir a las grandes ciudades, Irene Vila ha emprendido toda una aventura. Hace poco más de un año, esta joven valenciana, psicóloga de profesión, compró una casa abandonada en el pueblo de su abuela, la cual está reformando poco a poco para poder cumplir su sueño y vivir en ella. Y es que, desde que era pequeña, Irene siempre tuvo claro que quería un lugar tranquilo donde desconectar y vivir una vida más reposada lejos del bullicio de Valencia. Por eso, cuando surgió la posibilidad de comprar una casa en el pueblo de su abuela, Irene no dudó ni un momento.
Este sueño iba muy ligado a la historia de su familia y su infancia, ya que era en el pueblo de su abuela materna, en la sierra de la provincia de Cuenca, donde Irene y sus hermanos pasaban sus veranos de infancia. Ahora, Irene preserva con su vida en el pueblo la memoria de su abuela Tere, ya fallecida. “Es un pequeño pueblo de muy pocos habitantes que siempre tendrá algo especial para mí”, afirma.
Durante este último año, Irene ha ido compartiendo en sus perfiles de Instagram y TikTok (@irenevilaurra) el proceso de restauración de la casa que compró, la cual había estado más de 30 años cerrada y abandonada y le costó 9.000€; así, Irene, con cariño y paciencia, ha reformado el tejado, las escaleras, ha retirado la maleza que se había comido el jardín, ha tratado carcomas y pintado paredes. Estas reformas las compagina con el día a día en el pueblo: el saludar a los gatos callejeros que te acompañan en los paseos por el campo, rellenar el botijo con el agua de la fuente, subir al castillo del pueblo para celebrar las fiestas, ver corzos y jabalíes paseándose por los campos en plena noche, o simplemente sentarse a la fresca con los vecinos.
La vida en los pueblos
La idea de trasladarse al pueblo de su abuela le vino a Irene gracias a su madre. Después de estar mirando precios en su Valencia natal, fue su madre quien le propuso el mirar a ver si encontraba algo en el pueblo, “Te conoce todo el mundo, hemos crecido allí”, le decía. Aunque todavía no vive en la casa de manera definitiva, pues la reforma todavía está en proceso, Irene hace mucha vida allí. Durante el invierno, alterna 15 días en Valencia y 15 días teletrabajando en el pueblo; con la llegada del verano, la intención es instalarse allí durante esos meses. “Me gusta estar aquí, el clima es espectacular”, remarca Irene sobre el verano en el pueblo.
Algo en lo que muchos verían un problema, como es el socializar en un pueblo tan aislado, la joven valenciana lo tiene muy claro: “No me importa socializar con alguien de 60 años ni con alguien de 6. Yo disfruto de estar aquí con ellos y los quiero a todos”, afirma, “Al final los pueblos son como una gran familia”. Esta afirmación se hace cada vez más verdadera con el paso del tiempo, en que los pueblos, desgraciadamente, no paran de perder población y solo quedan en ellos los más acérrimos.
Una de las pocas ventajas, si no la única, que tiene la actual crisis de la vivienda es que son muchos aquellos que optan por dejar de buscar una casa en las grandes ciudades y se mudan a los pueblos. Allí, la vida es mucho más económica, además de tranquila y relajada. Además, con las facilidades y tecnologías de hoy en día, no hay ningún tipo de complicación a la hora de trabajar, pues se puede hacer perfectamente de manera telemática. Lo que hace falta es que perdamos todos el miedo al quedar desconectados del mundo, porque, como ya he dicho, con las facilidades que hay hoy en día, nunca ha sido tan fácil estar en contacto con el mundo.
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