El inesperado y minúsculo pueblo del sur de Ibiza que tiene fascinado a Nueva York: lo puedes ver hasta en el MoMa
Un arquitecto madrileño está detrás de la sorpresa que se oculta en uno de los lugares más inesperados de la isla bonita

Reducir Ibiza a solo playa y fiesta es un error tan común como pensar que para estar en un museo tienes que ser solo un cuadro o una escultura. Dos estereotipos que se tiran por tierra cuando se visita uno de los pueblos más singulares y con más carácter de la isla balear.
El verano es sin duda un momento ideal para viajar hasta Ibiza, eso es así. Playas famosas, calas recónditas, atardeceres únicos… se llevan todos los piropos durante los meses de más calor. Pero es verdad que casi durante cualquier momento del año poner un pie en la isla es sinónimo de conocer otros pueblos de interior con mucho encanto.
Muy cerca de uno de los pueblos más bonitos de Ibiza y con vistas al Mediterráneo
Uno de ellos es Sant Josep de Sa Talaia, un paraíso para los amantes del senderismo ubicado en el corazón del Parque Natural de Ses Salines, y el lugar que oculta uno de los secretos mejor guardados de la isla (y no, no nos referimos a ninguna calita perdida ni a alguna discoteca para ir de fiesta en Ibiza).

Ese secreto es una casa, pero no una casa cualquiera. Se trata de una casa de diseño que nada tiene que ver con la vivienda tradicional payesa. Está levantada en cala Vadella, un precioso rincón ubicado en el suroeste de la isla, famoso por ser la zona en la que se divisan los mejores atardeceres de Ibiza.

Aunque para famosa, la casa. Una construcción colorista (carpinterías en amarillo y paredes en azul) que, sin embargo, se mimetiza con el entorno natural en el que se encuentra casi suspendida, donde no hay apenas separación entre el interior y el exterior y donde las paredes son grandes ventanales que dan continuidad al excepcional paisaje de la isla.
El arquitecto madrileño que hay detrás de la casa más bonita de Ibiza
Como un juego de volúmenes en medio de un terreno inclinado donde el arquitecto trata de mantener la continuidad de los árboles. No solo lo consigue, sino que el resultado es una de las obras maestras del madrileño Andrés Jaque (autor de obras conocidísimas en la ciudad como Escaravox, aquella instalación que permaneció durante años en la plaza de Matadero; Ojalá, un bar icónico en Malasaña, o el multipremiado Colegio Reggio).

Se trata de House in Never Never Land, el trabajo que le dio fama internacional y por el que Jaque fue finalista al premio FAD de diseño y al Mies van der Rohe European Award de 2010. Después de eso, Jaque y su estudio de arquitectura, la Oficina de Innovación Política, ha seguido proyectando diseños con los que explora el papel de la arquitectura en la construcción de la sociedades.

Qué tiene que ver Ibiza con el MoMA de Nueva York
Diseños que no solo no han pasado desapercibidos sino que han alcanzado fama internacional hasta el punto de ser el autor de la primera performance arquitectónica incorporada y expuesta en la colección del MoMA Museum of Modern Art de Nueva York. Lo consiguió con IKEA Disobedients, solo dos años después de la construcción de House in Never Never Land.

Desde entonces, Jeque no ha parado de crecer y acumular premios, hasta el punto de ser “reconocido como el arquitecto europeo más aclamado y premiado de su generación”, como señalan desde Gunter Gallery, la galería de arte de Madrid en la que se puede adquirir uno de sus alzados numerado y firmado.
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