La impresionante iglesia románica que guardan 14 vecinos en el Pirineo: más de 1.000 años de historia documentada y declarada Bien de Interés Cultural

Un pueblo que demuestra que detrás de una buena iglesia siempre hay una gran comunidad.

El pueblo donde el románico se encuentra en su máximo esplendor.
El pueblo donde el románico se encuentra en su máximo esplendor. / Wikicommons

Majones no es uno de esos nombres que no destaca en demasía, pero una vez que lo conoces se te queda grabado permanentemente. Y no, no sale en los famosos listados de “imprescindibles”, ni mucho menos. Y, sin embargo, este pequeño pueblo de Huesca tiene una de esas historias que te reconcilian con lo que significa nuestro patrimonio; una iglesia románica que sigue en pie, con su lógica antigua intacta, sostenida (en lo cotidiano, en lo real) por una comunidad diminuta de unos catorce vecinos. Un edificio de más de mil años documentados. Y una declaración de Bien de Interés Cultural que, por sí sola, no conservaría ni una teja si no hubiese gente detrás.

Adriana Fernández

El corazón del pueblo es la iglesia de San Martín de Tours. El nombre suena solemne, pero lo que impresiona no es la grandilocuencia sino la coherencia. Un templo románico de verdad, del que se levantaba para durar y para cumplir, sin el adorno como objetivo y sin una estética “para turistas” en la cabeza. Está en el Canal de Berdún, ese corredor pirenaico que no necesita exagerar, pues en su simpleza está su belleza.

Románico que impacta

La iglesia responde al típico románico rural aragonés, con una única nave, ábside semicircular, muros robustos y vanos estrechos. Ese tipo de arquitectura que, cuando la miras un rato, te explica su época sin pedirte esfuerzo; inviernos duros, materiales locales, mano de obra del entorno, y una idea clara de permanencia. Y no, no voy a entrar en comparaciones, pues siento que no hace falta para valorar lo que tienes delante. Y es que, lo bonito, es que en lugares así el románico deja de ser un estilo artístico y vuelve a ser una forma de construir comunidad.

Iglesia de Majones.

Iglesia de Majones.

/ Wikicommons

Su importancia, no solo radica en su belleza, sino en lo que hay detrás. Porque, cuando un pueblo se queda con tan poca gente, el patrimonio puede convertirse en un problema; mantener, limpiar, vigilar, abrir, reparar. Y aquí ocurre lo contrario, pues la iglesia se sostiene en la medida en que la gente la sigue considerando suya.

Un paisaje que no compite

Majones pertenece a una zona que muchas veces se pasa por alto sorprendentemente. Una zona con una belleza basado en la amplitud, calma y la geometría natural. El Canal de Berdún combina pueblos pequeños, campos y vistas largas al Pirineo. Y esa serenidad le sienta como un guante al románico, que nunca fue un arte de alardes sino de equilibrio.

Vista de la Canal de Berdún desde el Monte Cuculo.

Vista de la Canal de Berdún desde el Monte Cuculo.

/ Wikicommons

Para quien no lo conocía antes, el Canal de Berdún es una amplia franja natural del noroeste de Aragón que se extiende entre Jaca y Sangüesa, siguiendo el curso alto del río Aragón. A diferencia de otras zonas pirenaicas mucho más abruptas, aquí el terreno se suaviza y permite una ocupación humana continua desde época romana, algo poco habitual en áreas de montaña. Históricamente, el Canal fue un corredor estratégico,, pues por ahí pasaban rutas comerciales, ganaderas y caminos secundarios del Camino de Santiago aragonés, que atraviesa lugares como Berdún o Martés.

Una escapada con contenido

Visitar Majones es acercarse a un lugar del Pirineo que no está maquillado. Te llevas la iglesia, sí, pero también te llevas el contexto; un paisaje que explica la elección del emplazamiento, la escala del pueblo, la manera en que la historia se queda pegada a la piedra cuando nadie la arranca. Y si te apetece irte con algo más que una imagen bonita, Majones te lo pone fácil, pues te obliga a mirar con atención. Al final, de eso iba el viaje, ¿no? De encontrar lugares que no se venden solos, pero se recuerdan para toda la vida.

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