La iglesia que aglutina todo el románico burgalés se encuentra en este pequeño pueblo de 4 habitantes
Viajamos hasta la comarca de La Bureba, en Burgos, para descubrir una iglesia que es monumento histórico- artístico de carácter nacional desde 1982.

Nos encanta descubrir y pasear por pueblos que no aparecen en los mapas, pueblos que están a punto de desaparecer y que, sin embargo, albergan joyas únicas. Y en esas andamos cuando ponemos rumbo a la provincia de Burgos. Es en la comarca de La Bureba, donde descubrimos un pueblo que deja la sierra de Oña a sus espaldas y desciende hacia el valle del río Oca, salpicado por numerosos arroyos que nos muestran la naturaleza en estado puro.
Quintanaélez se sitúa a 62 kilómetros de la capital burgalesa y cuenta con 49 habitantes. Una muestra más de la España Vaciada que en Castilla y León muestra su cara más cruel. Y es que, la provincia tendrá un 15 % menos de habitantes en 2050, según prevé Eurostat.
Una vez llegados a Quintanaélez descubrimos que este pueblo, que no es el más pequeño de Burgos, se divide en diversos núcleos de población, siendo Soto de Bureba el más despoblado con tan solo 4 habitantes. Y, precisamente allí, descubrimos una iglesia que aglutina entre sus muros la mejor muestra del románico burgalés.

En Soto de Bureba están acostumbrados a lidiar con la soledad; de hecho, desde el año 2013 no ha estado habitado por más de 4 personas. Hay incluso un año (en 2007) que solo un parroquiano estaba inscrito allí. Y es que no hay gran cosa que hacer, puesto que no hay comercios, lugares de ocio ni centros médicos. Eso sí, pueden presumir de tener una joya dentro de su municipio: la iglesia de San Andrés.

San Andrés, la joya de Soto de Bureba
Este templo es el mejor ejemplo de la arquitectura románica burgalesa. En su construcción se ha empleado sillería de arenisca y caliza, que le confiere un aspecto sobrio y robusto. La iglesia se compone de dos naves, destacando un ábside semicircular y un presbiterio rectangular en la central.
Uno de los grandes atractivos de San Andrés, más allá de la simplicidad que caracteriza al románico, es su crucero, que cuenta con una bóveda esquifada, poco habitual en la región. También se pueden apreciar diversos arcos de medio punto. Ahora bien, la joya de la corona o la parte más fotografiada es su puerta de entrada. Con una portada abocinada de triple arquivolta y un arco rebajado, apoyado sobre jambas aparecen ante el viajero diversos motivos esculpidos que conviene contemplar con calma.

Adivinamos un demonio, dragones, un unicornio y otros animales alados, así como la representación del Agnus Dei junto a San Juan Bautista y el profeta Isaías. Todos estos relieves, junto al resto del conjunto arquitectónico le han valido a San Andrés su catalogación como Monumento Nacional en 1981.
En definitiva, a veces, hasta en los pueblos más pequeños y recónditos de nuestra geografía, podemos encontrar joyas de incalculable valor artístico que debemos admirar antes de que acaben desapareciendo si no se toman las medidas de restauración y conservación oportunas.
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