La iglesia neogótica de Barcelona que esconde una de las obras más desconocidas de Gaudí: no es modernista y no se ve a simple vista
Consiguió sobrevivir a un trágico incendio, que arrasó la parroquia a principios del siglo XX, e incluso a una guerra.

Hay un barrio al norte de la ciudad de Barcelona que ha conseguido mantenerse casi al margen del bullicio y del turismo más descontrolado. Tan auténtico que parece que no ha pasado el tiempo por sus calles estrechas y sus edificios de ladrillo que nos llevan de vuelta a la Barcelona industrial del siglo XIX.
Es el barrio de Sant Andreu (o San Andrés), lo suficientemente alejado del centro como para mantener su propia identidad, a la vez que crea tendencia convirtiéndose en eje cultural de la nueva Barcelona. En serio, es casi como un pueblo con encanto dentro de la gran ciudad, en el que los lugares pintorescos y los establecimientos centenarios sobreviven junto a los nuevos templos de la cultura (el mejor ejemplo es Fabra i Coats, la antigua fábrica textil y de hilaturas que hoy es centro neurálgico de creación).
Este barrio es el secreto mejor guardado de Barcelona
Es casi como un secreto muy bien guardado dentro de esta Barcelona secreta que solo un barcelonés te enseñaría. Y nosotros, porque paseando por sus calles hemos descubierto un lugar único que no todo el mundo conoce: una iglesia neogótica, levantada por Joan Torras i Guardiola, un arquitecto nacido en el barrio.

Hasta ahí todo normal, si no fuera porque Torres i Guardiola fue uno de los maestros de Gaudí y, la iglesia, el lugar en el que se esconde la que posiblemente sea su obra más desconocida en Barcelona. Y ojo, porque ni es modernista ni se puede ver a simple vista. Hay que entrar en la Iglesia de San Paciano (o Sant Paciá) para verla.
La primera obra de Gaudí antes de ser el genio del Modernismo catalán
Gaudí todavía era un aprendiz cuando se sumó al proyecto de construcción de esta iglesia neogótica (levantada en la calle de les Monges esquina con calle del Vallés) en 1879. Solo faltaban tres años para que el genial arquitecto se metiera de lleno en la construcción de la basílica de la Sagrada Familia, a solo cuatro kilómetros de distancia de esta parroquia, pero este proyecto todavía está muy lejos del Modernismo con el que brillaría en la ciudad, y fuera de ella.

La iglesia, de estilo neogótico, tiene una sola nave y bóvedas ojivales nervadas, inspiradas en ese estilo medieval. Sin embargo, el encargo de Gaudí no era constructivo, sino más decorativo: su maestro le pidió que se hiciera cargo de diferentes intervenciones, desde el altar o la iluminación, al mobiliario y el mosaico del pasillo central.
El mosaico que sobrevivió a un incendio y una guerra
Lo curioso es que la mayoría de obras de Gaudí para esta iglesia se perdieron en un incendio que arrasó la iglesia en 1909 durante la Semana Trágica, a excepción del mosaico, único superviviente de aquella tragedia.
Se puede ver en el pasillo central de la iglesia, ocupando el pavimento de la nave y el prebisterio. Está formado por pequeñas piezas de mármol o teselas, dibujando motivos geométricos y letras que, según la simbología cristiana, se corresponderían con el principio y el fin.

Que el mosaico haya llegado hasta nuestros días gracias sí que es casi un milagro porque, además del incendio, consiguió sobrevivir a lo que vino después: las monjas propietarias de la iglesia la vendieron y fue utilizada como almacén de grano y durante la Guerra Civil, como comedor popular. Sin que nadie supiera que ahí debajo aguardaba para ser descubierta una de las joyas del genio del Modernismo catalán.
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