Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ibon (32 años) lo dejó todo por una aldea en Asturias: "Me decían 'vas a estar solo y no vas a encontrar pareja', pero dije: '¿cuál es el problema?'"

El joven cambió Donosti por una aldea de siete habitantes en la montaña asturiana, donde ha comprado una finca de 800 m² para construir su casa y emprender un proyecto de vida autosuficiente.

El entorno natural de Asturias esconde pueblos de ensueño.

El entorno natural de Asturias esconde pueblos de ensueño. / Istock

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Un camino entre prados del Parque Natural de Redes, con las cumbres de los Picos de Europa recortando el horizonte, conduce hasta una pequeña aldea asturiana de apenas siete habitantes. Allí se ha instalado Ibon Berasategui. A sus 32 años, este donostiarra decidió romper con la rutina urbana para poner en marcha lo que define sin rodeos como un plan a largo plazo: un proyecto de vida en mitad del campo.

Parque Natural y Reserva de la Biosfera de Redes, municipio de Sobrescobio

Parque Natural y Reserva de la Biosfera de Redes, municipio de Sobrescobio / Istock / IMAG3S

"Soy del País Vasco, soy de San Sebastián y me he mudado a otra comunidad autónoma... llevo un mes viviendo aquí y he decidido grabar un poco el proyecto que estoy preparando, es un proyecto bastante largo, un proyecto que yo digo es un proyecto de vida", explica sobre su recién estrenada etapa en la montaña asturiana en un vídeo que ha subido a su canal de YouTube Crónicas Berasategui.

Ni Llanes, ni Cudillero: el pueblo más bonito de Asturias es también la aldea mejor conservada del Principado

Adriana Fernández

La idea de instalarse en el mundo rural no ha ido improvisada ni ha surgido de una crisis pasajera. En su cabeza, la imagen de la vida en el campo llevaba ardiendo desde la infancia, guardada durante décadas mientras se acumulaban las advertencias del entorno sobre los riesgos de mudarse tan joven a un sitio aislado.

"Recuerdo a los 8 años, yendo a Disneyland París con mi familia, que en el tren mi padre me dijo: 'Dibújame la casa de tus sueños'. Y yo la dibujaba y era una casa en un prao con gallinas, con árboles frutales, con el huerto", rememora Ibon. Durante mucho tiempo, los consejos ajenos frenaron el impulso: "Siempre pensaba: 'En una aldea voy a estar más solo que la una', que eran creencias que me iba plantando la gente en la cabeza... 'vas a estar solo, no vas a encontrar pareja, eres muy joven'. Pero llegó un momento en el que dije: '¿Cómo que solo? ¿Cuál es el problema si muchas veces disfruto de la soledad?'".

Parque Natural de Redes

Parque Natural de Redes / Istock

Un terreno de 800 metros

Tras tantear la zona gracias a un conocido y desechar la compra de una antigua cuadra con problemas de humedad, Ibon adquirió una finca de casi 800 metros cuadrados donde planea levantar una vivienda sostenible de unos 60 metros. Mientras espera los dos años de trámites burocráticos para poder edificar, ha comenzado a preparar la tierra por sus propios medios, trabajando el huerto y levantando las primeras estructuras.

Las prisas por tener un tejado terminado no entran en sus planes. Rechaza las fórmulas rápidas porque prefiere que el aprendizaje forme parte del viaje: "De aquí a dos años podré empezar a construir lo que es la casa de mis sueños... Tengo amigos que me dicen: 'Ibon, tienes casas prefabricadas que en seis meses te las hacen'. Digo: 'Ya, ¿pero qué gracia tiene eso, querido amigo? Yo quiero ser partícipe de la construcción'".

Las fricciones de la vida salvaje y la burocracia exprés

El choque con la realidad del entorno no tardó en hacerse notar desde sus primeras semanas en el lugar. Entre las anécdotas del proceso, Ibon lidió con la fauna autóctona en el propio gallinero de la casa donde se hospeda temporalmente, un episodio que le enseñó de golpe las reglas del monte.

Los Picos de Europa suponen una de las Reservas de la Biosfera más importantes del país

Los Picos de Europa suponen una de las Reservas de la Biosfera más importantes del país / Istock / JackF

"Había cuatro gallinas y ahora mismo solamente queda una porque, como le llaman aquí, el raposo vino un día y se llevó a tres de golpe. Estaba sentado tomando un mate, escuché un poco de barullo, salí corriendo y le vi en plena acción. Cogí lo primero que pillé, que era la pala, le tiré y le asusté", relata con soltura sobre el incidente. Ese aprendizaje práctico se extendió también al plano municipal cuando acudió a gestionar los permisos de su finca: "Fui al ayuntamiento a decir que quería construir una caseta de aperos y me dijeron: '¿Cómo vas a tener una caseta si no tienes huerta?'. Le dije que no se preocupara, subí al terreno y en un día me hice la huertita".

El relevo generacional en la aldea

Según cuenta el joven, la adaptación al pueblo ha traído consigo un aprendizaje de vecindad que contrasta con el ritmo individualista de la ciudad. El encargado de guiarlo en el uso de las herramientas y en el manejo de la madera ha sido un ganadero octogenario retirado que construyó su propia vivienda con sus manos y le vendió la parcela.

El trasiego de nuevos residentes está devolviendo cierta actividad a unas calles golpeadas por la despoblación, donde los servicios comunitarios conservan costumbres casi extintas, como el pago de una cuota testimonial por la traída del manantial. "El que me vendió a mí mi terreno es Don Luis, un señor de 81 años que es mi padrino aquí... ha sido ganadero toda su vida y construyó su casa con sus propias manos. Como soy nuevo en todo esto, me está enseñando qué tipo de herramientas usar", destaca Ibon, sorprendido también por las particularidades locales: "Aquí pagan 5 euros al año por el agua. Me parece una pasada".