La otra Ibiza, la isla más famosa del mundo es un paraíso durante los meses de invierno
Destino por excelencia de celebridades y amantes de la fiesta playera, esta isla balear se descubre como un lugar idílicos también durante el invierno, la mejor época para visitar sus calles y empaparte de su historia.

La isla más famosa del Mediterraneo es un paraiso también en invierno / Istock / L. Apolli / AidBC
Los estereotipos, aunque contengan algo de verdad, suelen encasillar a los lugares en un recinto del que es difícil salir. Algunos son más inocuos, como la reconocida fama del País Vasco como capital de la gastronomía en España, o la actitud bohemia y artística con la que siempre se ha caracterizado Barcelona. Madrid es la más cosmopolita (aunque esa es una discusión abierta entre la capital de Cataluña), Sevilla es la más alegre y Valencia, con su oferta cultural y tamaño mediano, la más cómoda para vivir. Todos estos tropos, aunque esconden algo de verdad, limitan la realidad de lugares que tienen mucho que ofrecer. Mucho más de lo que nadie se imagina.
Pero por delante de todas las mencionadas, la más afectada por este fenómeno es la pequeña isla balear del mediterráneo, conocida a nivel mundial por una sola característica: la fiesta. Según el Instituto de Estadística de les Illes Balears, en los meses de julio, agosto y septiembre la isla recibió a un total de 1.889.367 turistas, de los cuales un 76,2% eran de origen extranjero. En los meses de invierno, sin embargo, estos números se reducen a la mitad, lo que la convierte en la mejor época para visitarla.
Una isla completamente diferente
No nos pensemos que, por tratarse de temporada baja, Ibiza deja de ser lo que es -más bien, lo que el mundo quiere que sea-. De un tiempo a esta parte, los organizadores de fiestas a lo largo de la isla han mantenido en funcionamiento mecas de la fiesta internacional como la discoteca Baloo, el Teatro Pereyra y losclubs que permanecen abiertos en la zona de Santa Eulalia, en el que se celebran conciertos y fiestas temáticas también en los meses de frío. Además, decenas de locales abren exclusivamente en ocasiones especiales como la nochevieja para que no pare la fiesta. La mayoría del tiempo, sin embargo, esta pequeña isla de 160.000 habitantes muestra una cara muy diferente a la que estamos acostumbrados.

Atardeceren la cueva de Es Vedrà / Istock / Inigo Arza Azcorra
Con unos espacios naturales idílicos y encantadores pueblos, las rutas por la isla se convierten en una de las actividades más populares. De esta forma se pueden acceder a lugares con unas vistas espectaculares, algunos de ellos culminando en miradores desde los que ver las puestas de sol más impresionantes de todo el Mediterráneo.
También es una época perfecta para adentrarse más en la cultura ibicenca, una experiencia prácticamente imposible en otras épocas del año, cuando todo está volcado al turismo. Las fiesta patronal de Santa Agnès, celebrada el 21 de enero en la localidad de Sant Antoni de Portmany, son un momento ideal para descubrir las tradiciones más arraigadas de los habitantes de la isla. También, el día 13 de febrero, tienen lugar los carnavales de Santa Eulalia a partir de las cinco de la tarde. Para seguir descubriendo la cultura del lugar, es muy recomendable una parada por el Museo de Arte Contemporáneo, en el que se hace un repaso de la historia de la isla.

Los cañones que custodian Dalt Villa / Istock / Vicenfoto
Es muy común, durante una visita en la temporada estival, pasar más de una semana en la isla sin llegar a subir siquiera al Dalt Villa, el recinto amurallado que corona la capital de la isla. La ciudad alta, como se conoce en español, es un recinto heptagonal delimitado por altas murallas renacentistas que custodió la isla durante una de las épocas más convulsas de la historia moderna y contemporánea. Hoy se puede aprender más de este periodo visitando el castillo y los baluartes de Ibiza. Ligado a las victorias militares, el recinto acoge la Catedral de Santa María de las Nieves, construida en el siglo XIII en estilo gótico-catalán.
Un paseo por sus calles empedradas rodeadas de pequeñas casas tradicionales y tiendas de artesanía es, por sí solo, un plan que merece la pena. Los restaurantes, aunque un poco caros, cuentan siempre con mesas libres en invierno, por lo que puedes sentarte donde quieras.

Embarcaderos tradicionales en una cala de Ibiza / Istock / Eivaisla
Con la verdad por delante, no se puede decir que esta isla está separada del mundo de la fiesta y la noche. Sus hoteles, villas, pueblos, tiendas, calas y pisos turísticos están irremediablemente ligados a este mundo, lo que ya supone un problema para sus propios habitantes. Pero hay otra Ibiza. Un lugar de calas tranquilas y calles acogedoras, con pequeñas casas payesas pérdidas al final de carreteras de un solo carril, donde comer un buen bullit de peix y una paella que nada tiene que envidiarle a las de cualquier parte de España. Es la Ibiza de los hippies, de los niños que iban a pescar calamares con sus abuelos los domingos. Es la otra cara de una misma moneda, una Ibiza invernal.
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