El histórico pueblo fronterizo entre Aragón y Cataluña que pasa desapercibido: es el 'favorito' de Santiago Segura
Es la localidad más al sur de la provincia de Huesca y está bañada por el 'río de aceite'.

Torrente de Cinca, el pueblo que enamoraría a Torrente. / Wikicommons
Aragón no sería lo mismo sin sus pueblos donde se mantienen vivas las tradiciones que poco a poco se han ido perdiendo en las ciudades. Zaragoza, Huesca y Teruel cuentan con algunas de las localidades más bonitas de toda España. Hay muchos pueblos que han logrado robarle protagonismo a las capitales de provincia y son cada vez más los turistas los que tienen en su agenda una visita planificada en algún momento de su vida a Albarracín, Alquézar, Aínsa o Sos del Rey Católico.

Ermita de San Salvador s. XVI / Wikicommons - Ecelan
Hay algunos pueblos que pasan desapercibidos por su cercanía a una localidad de mayor peso demográfico y económico. Y es que todo el mundo ha oído hablar o ha estado alguna vez en Ejea de los Caballeros, Tarazona, Monzón, Alcañiz, Jaca o Fraga, pero desconoce todo su entorno. A escasos kilómetros de la frontera de Cataluña se encuentra Torrente de Cinca, un histórico pueblo aragonés situado en medio de un nexo de conexiones que pasa desapercibido a pesar de su gran patrimonio monumental.
Torrente de Cinca es la localidad de la provincia de Huesca situada más al sur de Aragón y pertenece a la comarca del Bajo Cinca limitando con Fraga al norte y Mequinenza al sur. El Cinca y el Segre actúan como frontera natural al este ya que los dos ríos se unen a pocos kilómetros de distancia del casco urbano de la localidad. Tal como explican desde el Ayuntamiento, el río Cinca ha ejercido siempre como principal arteria económica y da nombre al pueblo que significa en árabe 'río de aceite'.

Adriana Fernández
Un tren que nunca llegó y la importancia del carbón
La historia de Torrente de Cinca se remonta a los asentamiento ibero-romanos cercanos a la vía romana de Lérida a Zaragoza y más tarde fueron los musulmanes los que se establecieron en su actual emplazamiento donde construyeron su propio castillo. Ramón Berenguer IV reconquisó la localidad para los cristianos gracias a un ejército formado por soldados catalanes y aragoneses. La polémica surgió más adelante cuando se cuestionaron por primera vez los límites entre Aragón y Cataluña siendo el río Cinca el marcador de la frontera. En un primer momento, Fraga se consideró catalana porque estaba situada en la margen izquierda del río mientras que Torrente siempre fue considerado territorio aragonés.

Cruz en Torrente de Cinca / Wikicommons - Lioemir
Ya en el siglo XX, Torrente de Cinca vio como se proyectaba una línea de ferrocarril entre Lérida y Caspe con parada en la localidad, pero ese proyecto nunca llegó a entrar en servicio allá por 1930 a pesar de haberse cometido obras de ingeniería. La localidad creció económicamente gracias a la explotación de numerosos yacimientos mineros de lignito en el término municipal. Tal como recuerdan desde el ayuntamiento, en el momento más álgido llegaron a funcionar hasta una docena de minas de carbón.
Torrente de Cinca cuenta con varios atractivos monumentales que llaman la atención del turista como es el caso de la Iglesia de Santa María Magdalena. Este templo está situado en el corazón de la población y destaca la portalada de estilo barroco churrigueresco junto a su campanario de planta cuadrada. La ermita-Monasterio de San Salvador es otro punto de gran interés, que tiene un importantísimo peso en la localidad. Este templo fue abandonado durante muchos años hasta que se puso en marcha un ambicioso proyecto de restauración para poder seguir venerando al santo.

Vista de Torrente de Cinca. / Wikicommons - Ecelan
Naturaleza y restos árabes
Poco o casi nada queda del castillo de Torrente de Cinca, que nació en las laderas de la montaña bajo la protección de esta estructura. Otra arquitectura musulmana que todavía se mantiene en pie en la zona es el puente acueducto de la Vall de Coss situado a unos 20 metros de altura. Otros edificios importantes de la localidad oscense son la Casa Ferrabrás, los lavaderos municipales y el reloj de sol en homenaje al Reverendo Padre Don Manuel Cazador López, inventor de un reloj de sol de gran precisión.
Los alrededores de Torrente de Cinca son completamente opuestos. Cerca del Cinca encontramos un soto con un exuberante bosque de ribera con árboles que pueden alcanzar hasta los 30 metros de altura. Mientras, en el monte cambia por completo el paisaje con campos yermos y pocos ejemplares de almendreras como único árbol superviviente. En la zona se pueden encontrar jabalíes y ciervos.
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