La dramática historia del balneario fantasma de Barcelona: fue uno de los más famosos de España

Construido en 1870, el balneario de La Puda de Montserrat fue un reflejo del optimismo higienista de la época. Y es que la creencia en el poder sanador de las aguas termales se había extendido por toda Europa.

El balneario de La Puda vivió su época dorada durante las décadas finales del siglo XIX y principios del XX.
El balneario de La Puda vivió su época dorada durante las décadas finales del siglo XIX y principios del XX. / Flickr

A orillas del río Llobregat, oculto entre la vegetación que trepa los escarpados muros de la montaña de Montserrat, yace un esqueleto de otra época. Se trata del Balneario de La Puda, a día de hoy un edificio ruinoso cubierto de grafitis y envuelto en un halo de misterio que en su día fue uno de los centros termales más famosos de España. Su historia, marcada por el auge de la burguesía, tragedias naturales y el abandono progresivo, lo ha convertido en una especie de "balneario fantasma" que sigue cautivando a los amantes de la historia, el patrimonio y lo enigmático.

El nombre de 'La Puda' proviene del fuerte olor a azufre que emana de sus aguas sulfurosas, un aroma que todavía impregna el aire si uno se acerca a sus manantiales. Ya desde el siglo XVII se conocían las propiedades curativas de estas aguas, pero no fue hasta mediados del siglo XIX cuando se edificó el balneario moderno que daría fama al lugar.

Balneario de La Puda

Balneario de La Puda

/ Flickr

Construido en 1870, el balneario fue un claro reflejo del optimismo higienista de la época. Y es que la creencia en el poder sanador de las aguas termales se había extendido por toda Europa, y la alta sociedad catalana encontró en La Puda un refugio perfecto para tratar enfermedades reumáticas, dermatológicas y respiratorias. Además, la proximidad con el monasterio de Montserrat le otorgaba un aura espiritual que multiplicaba su atractivo.

Durante las décadas finales del siglo XIX y principios del XX, La Puda vivió su época dorada. Familias adineradas llegaban desde Barcelona, en diligencias primero y en tren más tarde, gracias a la construcción de la línea ferroviaria del Llobregat. El balneario no solo ofrecía baños termales, sino también un entorno privilegiado de calma, jardines bien cuidados, un salón de música y un restaurante de renombre.

Balneario de La Puda

Balneario de La Puda

/ Flickr

Los médicos recetaban estancias en La Puda como parte del tratamiento médico, y no era raro ver pasear entre sus columnas a escritores, políticos o músicos de renombre. Las crónicas de la época describen el lugar como un paraíso de tranquilidad, donde el murmullo del río competía con el canto de los pájaros y el aroma sulfuroso de las aguas.

El principio del fin: inundaciones y abandono

Sin embargo, la gloria no duró para siempre. A partir de 1930, el interés por los balnearios tradicionales comenzó a caer en picado tras la llegada de la medicina moderna. Aunque La Puda resistió varias décadas más, fue víctima de su situación geográfica: y es que estaba demasiado cerca del río Llobregat.

Balneario de La Puda

Balneario de La Puda

/ Flickr

La puntilla tuvo lugar en 1971, cuando una gran riada arrasó parte del edificio y lo dejó en condiciones muy críticas. Desde entonces, el balneario fue cerrado al público y nunca más volvió a recuperar su esplendor. La vegetación empezó a colonizar las paredes, el yeso se desprendió, y el musgo y las grietas tomaron el lugar de los azulejos brillantes.

Hoy, la Puda de Montserrat permanece como un lugar detenido en el tiempo. Sus muros en ruinas, cubiertos por pintadas y el eco de su pasado, siguen atrayendo a curiosos, fotógrafos urbanos y amantes de lo paranormal. Algunos afirman haber sentido presencias extrañas o haber escuchado voces entre las habitaciones derruidas. Las aguas sulfurosas todavía brotan del manantial, ajenas a la decadencia que las rodea.

Los debates sobre su restauración han surgido en más de una ocasión, pero los altos costes y la dificultad técnica de intervenir en una zona de alta protección natural lo han dejado fuera de las prioridades institucionales. Por ahora, La Puda sigue siendo un lugar de contrastes: símbolo de un pasado de lujo, víctima del abandono, y testimonio silencioso del paso del tiempo.

Quizá algún día La Puda de Montserrat vuelva a ser lo que fue en el pasado. O quizá, como tantos otros enclaves fantasmales, su belleza resida precisamente en su decadencia.

Síguele la pista

  • Lo último