Solo hay tres pirámides en Europa, y una se encuentra en España: con 20 metros de altura, pertenece al Gobierno italiano

Un vestigio de la Guerra Civil que hoy sobrevive como pieza de historia compartida entre España e Italia.

La pirámide castellana que nadie conoce.
La pirámide castellana que nadie conoce. / Wikicommons

En mitad de los páramos infinitos de Burgos, donde el viento es casi una presencia física, se levanta una pirámide. No está en Egipto ni en Roma, sino en Santoña del Tozo. Tiene veinte metros de altura, fue construida en plena Guerra Civil y, aunque pocos lo sepan, sigue perteneciendo al Estado italiano.

Adriana Fernández

Una pirámide en Castilla, más real de lo que parece

Hay lugares que parecen fruto de un sueño (o de un error geográfico) hasta que los ves. En el silencio áspero de Santoña del Tozo, una localidad perdida al norte de Burgos, surge una pirámide de piedra caliza que parece desafiar la lógica. No es un espejismo, se trata de la Pirámide de los Italianos, un monumento levantado en 1937 para honrar a los soldados del Corpo Truppe Volontarie (CTV) de Mussolini caídos durante la Batalla de Santander.

La estructura, de 20 metros de altura, se eleva sobre una colina que domina el valle del río Rudrón. Su forma perfecta, cuatro caras simétricas que terminan en una cruz de hierro, destaca en el horizonte castellano con un contraste tan sorprendente como hipnótico.

Un memorial fascista convertido en huella histórica

La pirámide fue obra del arquitecto Gennaro d’Albino, uno de los responsables de la arquitectura monumental del régimen fascista italiano. En su interior, en una cripta sobria e iluminada por un óculo cenital, descansaron los restos de 384 soldados italianos, repatriados en 1977 al osario militar de Zaragoza. Desde entonces, el interior permanece vacío, pero el edificio sigue siendo propiedad del Gobierno italiano, bajo la tutela de su embajada en Madrid.

Su estilo responde a la estética fascista de la época; líneas puras, volúmenes geométricos, ausencia de ornamentos. Nada pretende ser bello; todo busca ser eterno. Incluso hoy, la piedra conserva una presencia imponente, casi metafísica, que recuerda al visitante que también las ideologías dejan arquitectura.

Entre el olvido y la memoria

Durante décadas, la Pirámide de los Italianos fue un lugar olvidado, envuelto en silencio y polvo. El tiempo borró las banderas, los símbolos y los nombres. Pero no la curiosidad. En los últimos años, investigadores, asociaciones memorialistas y vecinos han recuperado su historia, no para glorificarla, sino para entenderla. El monumento se estudia hoy como pieza patrimonial, no política: un testimonio arquitectónico de la presencia italiana en la Guerra Civil y un recordatorio incómodo, pero necesario, de la compleja herencia europea del siglo XX.

En 2019, el Ayuntamiento de Valle de Valdelucio y el Consulado de Italia impulsaron pequeñas tareas de limpieza y restauración, mejorando su acceso y consolidando la estructura exterior. No hay carteles turísticos ni tiendas de recuerdos; solo viento, piedra y horizonte. Pero esa sobriedad es, quizá, lo que más encaja con su espíritu.

Un lugar que obliga a mirar atrás

La pirámide de Burgos no invita al espectáculo, sino a la reflexión. Es un lugar para quedarse en silencio, escuchar el viento entre los páramos y pensar cómo la historia europea se entreteje incluso en los rincones más remotos. Sigue siendo, de manera oficial, territorio italiano en suelo español, pero ya no simboliza una causa, simboliza una lección. Una advertencia de piedra sobre lo que fueron las fronteras, las ideologías y la guerra. Cuando cae la tarde y el sol tiñe de naranja las laderas del Tozo, la pirámide proyecta una sombra larga sobre la meseta. Y uno entiende que hay monumentos que ya no pretenden imponerse; solo recordar.

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