Hay que subir 241 escalones tallados en la roca para llegar hasta un santuario medieval que parece de cuento: un islote fortificado que flota en medio del Cantábrico unido por un puente de piedra que tiene más de mil años
El paisaje, con los acantilados de la costa de Bizkaia de fondo, y el oleaje rompiendo directamente en la roca, no puede ser más espectacular.

San Juan de Gaztelugatxe, el islote de cuento medieval que flota en medio del Cantábrico / Istock
Hay un lugar en el norte de España que, por muchas imágenes que hayas visto antes de ir, es de los que impresionan cuando los ves frente a frente en persona. Un islote rocoso situado en la costa de Bizkaia, en el País Vasco, unido a tierra por un estrecho puente de piedra y un camino que asciende por 241 escalones hasta una pequeña ermita situada en la cima. Es San Juan de Gaztelugatxe, y le sobran los motivos para ser uno de los rincones más espectaculares de España.

El ascenso de los 241 escalones hsata la ermita que corona el islote merecen la pena. / Istock
Pertenece al municipio de Bermeo, a unos 35 kilómetros de Bilbao, y la tradición sitúa la fundación de la primera ermita en el siglo IX. Aunque no se conserva aquel edificio original, sí existen referencias históricas muy antiguas al lugar, que se remontan a documentos medievales en los que ya aparece mencionado como un enclave fortificado y religioso.

Adriana Fernández
Santuario de origen medieval
Lo que vemos hoy es un edificio relativamente moderno en comparación con el origen medieval del santuario, resultado de diferentes reconstrucciones por culpa de conflictos medievales, ataques de corsarios y piratas, incendios y, cómo no, el propio desgaste del viento, la lluvia y el salitre del Cantábrico.

Una arquitectura heroica con más de mil años de historia. / Istock
Lo que prácticamente no ha cambiado durante estos más de mil años es la escalinata que lleva hasta el santuario y que, según los historiadores, es casi tan antigua como la ermita original. Un camino formado por 241 escalones tallados directamente en la roca y con diferentes tamaños: no hay ninguno igual. Unos son más altos, otros más anchos y otros están desgastados por millones de pisadas, porque entre todos ellos todavía se conservan algunos en piedra medieval original. El resto, son restauraciones posteriores o añadidos en distintas épocas.
Un puente azotado por el Cantábrico desde hace años
Se sabe que lo que pudo ser en los orígenes un sendero rudimentario, fue modificándose poco a poco con algunos tramos de piedra hasta que, años (siglos incluso) después, se fueron añadiendo muros para protegerse de las corrientes, peldaños para hacer más seguro el trayecto y el puente.

Un puente de película. / Istock
De hecho, el puente es lo que más impresiona a historiadores e ingenieros. Una estructura de piedra con diferentes arcos que se asienta directamente sobre un islote que lleva siglos resistiendo las embestidas y los azotes del Cantábrico. Ese es, precisamente, uno de los grandes atractivos de este lugar, donde el paisaje de los acantilados de la costa ofrecen un telón de fondo espectacular, con olas rompiendo contra la roca y un entorno marinero salvaje muy de película.
Un lugar de película
Pensar que fue construido sin maquinaria moderna, únicamente con andamios de madera, poleas, cuerdas y fuerza humana, da una idea del enorme trabajo que supuso y del gran hito para la ingeniería de la época que aquella obra pudo suponer.
A pesar de las restauraciones, la solución estructural ha resistido cientos de años de temporales, algo realmente notable y reseñable por historiadores y expertos en obra civil. Y el resultado es eso, un puente de piedra serpenteado que conduce hasta el islote y que parece recién salido de un cuento medieval. No es de extrañar que fuera uno de los escenarios elegidos por la mítica saga Juego de Tronos para convertirlo en Rocadragón.
Hay que saber, eso sí, que la subida es exigente, pero merece la pena el esfuerzo solo por disfrutar de la sensación de caminar sobre el puente con el mar a ambos lados y contemplar unas vistas increíbles 360º una vez que se llega hasta la ermita, situada justo en la cima.