Todos hablan del paisaje, pero poca gente menciona la carretera de solo 12 kilómetros que lleva hasta uno de los santuarios naturales más bonitos de España: curvas imposibles entre montañas, niebla atlántica y vacas en libertad
Un mini road trip para viajar en el tiempo, y en el espacio: el paisaje en días de niebla recuerda mucho a Escocia.

La carretera de Covadonga a los lagos: un road trip panorámico inesperado / Istock
Hay un lugar remoto, escondido en el norte de España, que lleva ahí desde hace millones de años. Un lago de origen glaciar inmerso en lo alto del Parque Nacional de los Picos de Europa, a solo 20 kilómetros de Cangas de Onís, en Asturias.

El lago glaciar que se esconde a solo 20 kilómetros de Cangas de Onís. / Istock
Quienes lo han visitado saben que es una de las maravillas naturales más impresionantes de España, un bellísimo paisaje de alta montaña que es todo un paraíso para los amantes de la naturaleza en estado puro. Tan puro como que las vacas pastan a sus anchas por este singular paraje.

Adriana Fernández
Dos lagos de origen glaciar a más de mil metros de altura
Pero lo impactante es llegar hasta allí. Es verdad que, a pesar de lo escarpado del paisaje, el acceso hasta los lagos se realiza por carretera. Y esa es una de las claves de este lugar: la carretera en sí misma un trazado sinuoso y estrecho por el que parece que los coches de hoy en día ya no caben de la poca anchura que tiene (qué decir de los autobuses que suben hasta allí).
Es la carretera AS-264, un trazado lleno de curvas cerradísimas que quizá no permiten una conducción cómoda (alerta a la gente propensa a marearse con facilidad) pero ofrece una oportunidad única de disfrutar de un mini road trip panorámico antes de llegar a los lagos.

Vacas pastando en libertad en mitad de la carretera. / Istock
Si, además, la subida hasta este remoto lugar se hace en día de niebla, la atmósfera de misterio que se crea durante el camino ya es brutal, porque si algo bueno tiene la niebla atlántica es que hace que el paisaje cambie a cada minuto, haciéndolo aparecer y desaparecer ante los ojos de quien pasa por allí.
Rumbo a la catedral de Covadonga
La subida hasta los lagos es un viaje que se realiza por la carretera desde Cangas de Onís. Pero el tramo más espectacular apenas tiene 12 kilómetros, pero realizarlso es casi como viajar en el tiempo (y en el espacio ¿no os recuerda un poco a Escocia estos escenarios tan verdes y nublados?).

El complejo espiritual de la basílica de Covadonga. / Istock
Es la distancia que separa precisamente los lagos de otro de los lugares más mágicos y especiales de la zona: la Santa Cueva y la Basílica de Covadonga. Conocida como la Cova Dominica, este es un lugar de culto para creyentes y peregrinos dedicado a la Virgen de Covadonga.
Pero, más allá del misticismo y la espiritualidad, es una obra de ingeniería casi prehistórica: una ermita levantada al abrigo de una cueva que ofrece una de las estampas más icónicas del lugar. Y es que, además de la basílica, un estanque de aguas cristalinas y una fuente a la que se atribuyen poderes milagrosos completan el paisaje.

Un santuario dentro de una cueva y sobre una cascada. / Istock
Todo este conjunto espiritual puede verse desde la Catedral de Covadonga, como se conoce popularmente a la basílica por su espectacularidad constructiva y el entorno tan especial en el que se encuentra.
De vuelta, imprescindible una parada en Cangas de Onís, el bellísimo pueblo inmerso en un valle de los pies de los Picos de Europa cuya historia lo sitúa en un lugar privilegiado: fue cuna de la Reconquista de Asturias y primera capital del Reino de Asturias. El gran icono del lugar es el puente romano, una joyita arquitectónica que, sin embargo, no es de la época del imperio sino medieval: levantado en el siglo XIV y declarado Monumento Histórico-Artístico.
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