Tiene un solo habitante pero guarda las aguas más azules del mundo: la isla más bonita de Canarias mide 4,5 kilómetros cuadrados y es perfecta para Semana Santa
Son pocos los lugares en el mundo que pueden presumir de tener una independencia como la de esta isla que, además, es de las más bonitas de España.

Ser dueño de una isla privada es el sueño de muchos -y la pesadilla de Robinson Crusoe-. Vivir aislado, en mitad del océano, sin que nadie pueda decirte nada tiene que ser una auténtica maravilla. Las islas Canarias son todo un paraíso, perfectas para visitar en cualquier momento del año. Uno de sus islotes más bellos es también uno de los más especiales, porque es prácticamente privado.
El Islote de Lobos, en Fuerteventura, tiene tan solo un habitante según el censo oficial de 2021. Podría decirse que es parte de lo que se denomina la España vaciada, pero en un escenario muy distinto al que tenemos en nuestra mente. Es precisamente su aislamiento el que lo hace tan singular. Se trata de una isla con unos 4,5 kilómetros cuadrados de extensión y playas con las aguas más cristalinas del mundo.
Un Parque Natural protegido y con entrada controlada
Administrativamente, pertenece al municipio de La Oliva. Se encuentra a solo dos kilómetros del puerto de Corralejo, así que es muy fácil llegar en barco. Una vez se atraca en el islote, da la sensación de que los humanos nunca han pasado por allí, de que siempre ha sido salvaje y siempre lo será. Pero su nombre cuenta una historia muy distinta, pues proviene de los antiguos lobos marinos que habitaban la isla hasta que los pescadores los exterminaron en el siglo XX.

En sus menos de cinco kilómetros cuadrados, el Islote de Lobos esconde una biodiversidad y una naturaleza sorprendentes. En 1982 fue declarado Parque Natural, lo que significa que su acceso está controlado y solo pueden entrar 400 personas al día con un permiso gratuito que se pide con antelación. Este es el motivo por el que parece que el lugar está prácticamente intacto.

Aquí no hay supermercados, ni hoteles, ni siquiera carreteras. Únicamente la vivienda de esa persona que aparece en el censo como habitante y que tiene la suerte de vivir en un paraíso natural. Para llegar, es tan fácil como tomar un ferry, un taxi acuático o una excursión en barco y disfrutar del viento en la cara y el silencio del océano durante solo 15 minutos. Una vez allí, son varias las actividades que pueden hacerse.
Qué se puede hacer en una isla de un habitante
Si eres un amante de la naturaleza, este es tu destino para la próxima Semana Santa. Hay varios senderos señalizados en el entorno, como el que conduce hasta la cima de la montaña de La Caldera, un volcán de 127 metros de altura. Desde lo más alto, se obtiene una de las vistas más impresionantes de todo Fuerteventura, con el Atlántico rugiendo de fondo y el Islote de Lobos bajo nuestros pies.

Otro de esos senderos lleva hasta el Faro de Martiño, el punto que marca el extremo norte de la isla. Aunque automatizado, es un lugar con ciertas notas de nostalgia y muy fotogénico. Pero sin duda una de las mejores opciones es acercarse a la playa de la Concha, de arena blanca y aguas turquesas, perfecta para el baño y practicar esnórquel. O también Las Lagunitas, pequeñas piscinas naturales que se crean cuando sube la marea.

Hemos afirmado que no hay tiendas, hoteles, ni carreteras, pero sí hay un lugar muy especial y turístico en lo que se conoce como El Puertito. Se trata de un conjunto de casitas y embarcaderos, donde en algunas épocas del año se abre un restaurante que sirve pescado fresco y los platos canarios más típicos, que pueden degustarse al tiempo que se observa el ir y venir de las aves migratorias.
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