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Tomás Fernández, guarda del refugio a los pies del Naranjo de Bulnes: "Ahí arriba puedes estar un mes sin ver a nadie"

Hace más de 30 años que Tomás Fernández se hace cargo del refugio de Urriellu, en el corazón de los Picos de Europa.

El refugio a los pies del Naranjo de Bulnes que Tomás Fernández guarda

El refugio a los pies del Naranjo de Bulnes que Tomás Fernández guarda / Istock / AlbertoLoyo

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La mejor manera que existe para poder experimentar la magia de una montaña – la atmósfera que se crea cuando los senderistas que van a pasar el día ya se han ido, y el manto de silencio por fin cae sobre a tierra – es pasando la noche en ella. Aunque hay muchas montañas y parques naturales que permiten la acampada al aire libre, pudiendo así dormir bajo el cielo estrellado, lo más habitual es pasar la noche en un refugio de montaña. Además de estar acondicionados para que los excursionistas puedan descansar lo mejor posible, los refugios son también una excelente manera de encontrarse con gente y comparar anécdotas y experiencias sobre nuestro día explorando la montaña y el entorno.

La magia de los Picos de Europa

La magia de los Picos de Europa / M F

En el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa, a los pies del majestuoso e imponente Picu Urriellu, el refugio de Urriellu lleva acogiendo a excursionistas desde la década de 1950. Actualmente, el refugio cuenta con tres guardas; Tomás Fernández es el más veterano de ellos, pues hace más de tres décadas que se ocupa de cuidar el refugio y todos aquellos que pasan por él. Quizás es un trabajo soñado por muchos, pero Tomás explica sin tapujos las realidades de ser guarda de refugio.

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Un refugio de alta montaña como ningún otro

Como si de Heidi y su abuelo se tratara, viviendo en lo alto de los Alpes suizos sin más compañía que la de sus cabritas, Tomás Fernández pasa la gran mayoría de su tiempo en el refugio de Urriellu, situado al pie del impresionante Naranjo de Bulnes, conocido también como el Picu Urriellu. Aunque se reparte el tiempo en el refugio con otros dos guardas, Tomás es el que hace más tiempo que se ocupa de guardar el refugio; para ser exactos, es desde enero de 1991 que Tomás desempeña las labores de guarda de Urriellu, habiéndolo hecho con anterioridad en el refugio de Vegarredonda y habiendo sido también socio fundador de la ya desaparecida compañía de guías de montaña de Cangas de Onís.

El primer refugio de la Vega de Urriellu fue inaugurado el 5 de agosto de 1954, coincidiendo con el 50º aniversario de la 1ª escalada al Naranjo de Bulnes. Edificado a expensas de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara de Madrid, el refugio se construyó con piedra de la misma vega y contaba con dos plantas. Con el paso de los años, el edificio se fue quedando pequeño para la gran afluencia de excursionistas que recababan sus servicios. Así, el 14 de octubre de 1990 se inauguró el actual refugio, del cual Tomás se cuida desde hace 35 años.

La vida en el refugio

De niño, Tomás Fernández jamás se imaginó un futuro ligado al Naranjo de Bulnes, llamado así por el tono que su piedra adquiere con la luz del atardecer. Aún así, inesperadamente, la vida le llevó hasta las cumbres a las que de pequeño había subido con su madre. “Allí arriba todo es virgen, imponente…”, comenta Tomás, “el lugar te ayuda a abstraerte de todo, de la realidad de ahí afuera, de las cosas feas”. Verdaderamente, cuando no es temporada de gran afluencia de senderistas, el entorno del refugio es de lo más silencioso e, incluso, inhóspito.

El Picu Urriellu y su entorno nevados

El Picu Urriellu y su entorno nevados / Istock / Ángel Ramírez

Aunque actualmente el refugio cierra por la temporada de invierno – debido a que los temporales llegan a ser muy peligrosos y las temperaturas descienden hasta los -20ºC –, Tomás recuerda cómo era pasar esos meses en el refugio: “Los inviernos, completamente solo allí arriba, son una experiencia única. Si eres capaz de alejar todos los miedos y vivir el presente absoluto, la soledad que se vive allí es casi adictiva”. Era tal la soledad que llegó a experimentar Tomás, que llegó a estar meses sin ver a ninguna otra persona. “Aquí te puedes pasar semanas enteras sin hablar con nadie”, confiesa, recordando ese aislamiento y silencio que vivió durante tantos inviernos.

El contraste llega con el verano, cuando los excursionistas y escaladores que se acercan al refugio se cuentan por miles. “Hay que echarle paciencia y aferrarse mucho al poco a poco y a las soluciones exprés”, explica Tomás, con humor, cuando habla de cómo se vive la temporada veraniega en el refugio.

El pequeño pueblo de Bulnes

El pequeño pueblo de Bulnes / Istock / MICHAEL WORKMAN

El refugio y su entorno

El principal objetivo del refugio de Urriellu es garantizar que la estancia de los montañeros sea lo más cómoda y agradable posible. Es por esto que, además de habitaciones compartidas y varios colchones (los cuales cuentan con su propio nórdico), el refugio también ofrece desayunos, comidas y cenas, así como bebidas frías y calientes y todo tipo de snacks. Cuenta además con una zona de taquillas, mapas, libros de croquis y piadas de las vías de escalada, y una radio-socorro.

Al refugio se puede acceder tanto desde el pueblo de Bulnes como desde Sotres. Desde Bulnes, el trayecto hasta el refugio es de unas 6 horas y salva un desnivel de 1735 metros. Más sencillo es el acceso desde Sotres, con un trayecto que no supera las 4 horas y salva un desnivel de 1073 metros.