Un día en La Granja de San Ildefonso

A los pies de la Sierra de Guadarrama y a tiro de piedra de Segovia, Felipe V, el primer rey Borbón de España, mandó construir su propia versión de Versalles. Nos vamos de excursión a uno de los mejores ejemplos del lujo real europeo.

Marian Espinares
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Foto: D. R.

Nuestro Patrimonio Nacional custodia un excepcional conjunto de bienes inmuebles surgidos del afán constructor de los reyes españoles durante siglos. Uno de los conjuntos histórico-monumentales más impresionantes es el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, representación de la magnificencia regia del siglo XVIII. Sus zonas ajardinadas y el ostentoso Palacio Real nos transportan a otros tiempos en los que el boato era condición sine qua non de la monarquía.

El Versalles español

A ochenta kilómetros de Madrid y a tan solo once de Segovia, en España tenemos uno de los mejores ejemplos del lujo real europeo. El primer rey Borbón de nuestro país, Felipe V, eligió este lugar a los pies del hoy Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama como lugar para retirarse tras su abdicación. Sin embargo, la muerte prematura de su hijo Luis I le obligó a volver al trono y este lugar, destinado a ser finca de recreo y caza,  se convirtió en sede de la Corte.

Fuente de La Fama. | D. R.

Dada su ascendencia francesa, quiso emular a su abuelo, Luis XIV “El Rey Sol", encargando su propia recreación de Versalles. Teodoro Ardemans y René Carlier se ocuparon de las obras y del diseño de los jardines respectivamente, y materializaron la corriente barroca que habían traído los Borbones apenas unos años atrás. Las posteriores aportaciones de Filippo Juvara y Giambattista Sacchetti infundieron en la construcción una impronta más tendente a la arquitectura italiana. El resultado fue un edificio recargado que ejemplificaba a la perfección la suntuosidad de la época. En su interior destacan la galería de estatuas, el Salón de Mármoles, la Sala de Lacas, las estancias de la Infanta Isabel o el Museo de Tapices. 

Este Palacio conecta con la Real Colegiata, un edificio que suele pasar desapercibido debido precisamente a la fastuosidad de su vecino. En su interior nos encontramos con la Capilla de las Reliquias, un espacio inicialmente levantado para albergar las reliquias de los santos mártires en el que reposan los restos de Felipe V e Isabel de Farnesio. 

Fuentes monumentales

Este prodigio arquitectónico se completaba con unos exteriores insólitos hasta ese momento en España, no así en el resto de Europa. Los jardines de estilo francés se extendían por el continente ya a finales del siglo XVII gracias a los trabajos del jardinero del Rey Sol, André Le Nôtre. Si bien la construcción arquitectónica sí tiene reminiscencias que evocan a Versalles, los jardines de La Granja siguen otra influencia: los jardines de Marly, hoy desaparecidos, donde se retiraba a descansar Luis XIV.

La abundancia de agua, procedente de la montaña, fue uno de los mayores atractivos del lugar para Felipe V, pues le permitió llenar el jardín de grandes estanques y fuentes con juegos de agua espectaculares. Los surtidores de la fuente “La Fama”, por ejemplo, consiguen elevar el agua a más de 40 metros de altura. Aunque para verlas en funcionamiento hay que ceñirse a la Temporada de Fuentes (en primavera y verano), la monumentalidad de todas ellas, inspirada en la mitología clásica, es uno de los principales atractivos en cualquier época del año.

Fuente de Las Ocho Calles. | D. R.

Real Fábrica de Cristales

Otra visita obligada es la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Erigido por orden de Carlos III, es uno de los edificios industriales más relevantes del XVIII. En la actualidad alberga el Museo Tecnológico del Vidrio (con magníficas piezas de diferentes siglos), la escuela-taller y los hornos donde los sopladores reproducen, utilizando las mismas técnicas del siglo XVIII, las conocidas obras de cristal de La Granja.

Al contrario de lo que muchos creen, La Granja no es solo el Palacio Real y los jardines. En torno a estos enclaves principales, fue creciendo un precioso pueblo que reúne un conjunto de edificios civiles monumentales de gran interés, distribuidos según el urbanismo ilustrado que impuso Carlos III. Por su importancia histórica y su belleza arquitectónica, destacan ejemplos como la Casa Bauer, la Casa de los Infantes, Casa de Canónigos o la Casa de Postas, entre otras. 

Y, después de la visita, se impone una parada para reponer fuerzas (con un buen plato del judión de la tierra, por supuesto). Y para el viajero que tenga tiempo y ganas de más, nada como acercarse al Palacio Real de Riofrío, que fue pabellón de caza en el siglo XVIII y XIX y que está rodeado de magníficos bosques por los que pasear y digerir la comida.