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Todos van a San Juan de Gaztelugatxe, pero pocos visitan la ermita clavada en un acantilado: frente al mar Cantábrico y con paisajes que conectan la playa con los prados

Este precioso lugar es uno de los más impresionantes de todo el norte español.

A los pies de un acantilado se encuentra una preciosa ermita que se camufla con el entorno

A los pies de un acantilado se encuentra una preciosa ermita que se camufla con el entorno / Istock / David Crespo

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El escenario más esperado de 'Juego de Tronos' aparece en la séptima temporada: un impresionante castillo donde se ubicaba el hogar ancestral de la casa Targaryen. Aquello era Rocadragón y, en la vida real, se trataba de San Juan de Gaztelugatxe, en Bermeo, País Vasco. Dejó a tantos fans boquiabiertos que rápidamente se llenó de visitantes y, con ello, restricciones para acceder a esta preciosa y diminuta isla con una ermita del siglo X.

La ermita de San Juan de Gaztelugatxe en Bermeo

La ermita de San Juan de Gaztelugatxe en Bermeo / Istock / Jose Ignacio Soto

San Juan de Gaztelugatxe empezó a aparecer por todas partes, convirtiéndose en un destino al que todo el mundo quería ir y dejando a un lado otros lugares que son una auténtica maravilla. Como la ermita de la Virgen de Santa Justa. El dicho de que la naturaleza es caprichosa queda completamente al descubierto en este rincón de Cantabria, escondido en la localidad de Ubiarco, del municipio de Santillana del Mar y con una población de unos 200 habitantes.

El precioso pueblo del norte de España con murallas medievales que miran al Cantábrico: tiene un faro del siglo XIX, una estatua única y una gastronomía exquisita

Adriana Fernández

Una ermita enclavada en un acantilado

Esta ermita parece desafiar las leyes de la gravedad, ha sido testigo del paso del tiempo y las inclemencias de los fenómenos naturales. Tanto, que incluso su construcción parece un idilio. Data del siglo XVI y, aunque solo tiene dos paredes construidas -las otras dos aprovechan la propia roca de la cueva-, no debió ser nada fácil de levantar. Quizá por eso resulta un entorno tan atractivo en todos los sentidos, al fundirse de pleno con la naturaleza.

La ermita de Santa Justa cerca de Ubiarco

La ermita de Santa Justa cerca de Ubiarco / Istock / e55evu

Cantabria esconde uno de esos lugares que sí pueden denominarse privilegiados. Una cueva natural se abre paso entre playas, prados y montañas para mostrar un pequeño edificio encajado entre las piedras que atrae a las almas de los creyentes que peregrinan hasta allí. A ella se accede a través de senderos serpenteantes desde los que se contemplan unas vistas impresionantes a cada paso que se da, al tiempo que se escucha el rugir del mar.

Las alfareras sevillanas que dieron nombre a este lugar

Los habitantes del siglo XVI no fueron los primeros en erigir allí un templo, pues cuatro siglos antes había otra en honor a Santa Justa y Santa Rufina. Sus características hacen que se integre a la perfección con el entorno, llegando a quedar completamente camuflada por momentos. Algo que también resulta sorprendente, puesto que el haber estado expuesta a la fuerza del Cantábrico no ha provocado su deterioro más de la cuenta. No lo es, pero parece magia.

La ermita de Santa Justa solo tiene dos paredes construidas

La ermita de Santa Justa solo tiene dos paredes construidas / Istock / Wirestock

Según la tradición religiosa, Santa Justa y Santa Rufina eran dos alfareras devotas que vivían en Sevilla en el siglo III. Ambas fueron perseguidas y martirizadas por su fe y, desde entonces, han sido veneradas en todo el país. Estas jóvenes alfareras nunca imaginaron tener una capilla en su honor, y menos aún encastrada en las rocas a los pies de un acantilado. Con el tiempo se ha convertido en un lugar de peregrinación y parada del Camino del Norte.

Símbolo de resistencia

Fieles religiosos ven un ejemplo de resistencia católica, transformada en ermita que se ve desafiada cada día por el mar; y otros viajeros agnósticos y ateos ven otro símbolo de resistencia y fortaleza que rinde culto a la propia naturaleza, a la historia y al tiempo. Un lugar que, sí o sí, debe visitarse al menos una vez en la vida, sin olvidar los otros rincones que esconde este precioso pueblo a solo un paso de la famosísima Santillana del Mar, la villa de las tres mentiras.

La playa de Santa Justa en Ubiarco

La playa de Santa Justa en Ubiarco / Istock / Luis Pedro Duarte da Fonseca

El pueblo de Ubiarco se enmarca en un hermoso paraje natural donde se erige la ermita. Además, entre esta localidad y Santillana también aparece un puerto de montaña con un impactante mirador que ofrece unas vistas magníficas de la costa cantábrica. La playa de Santa Justa o de Ubiarco es la única de Santillana y está rodeada por un entorno precioso, gobernado, como no podía ser de otra manera, por la ermita con el mismo nombre.