¿Ganas del primer chapuzón? 5 playas para el puente de mayo

Es hora de calzarse el bañador y lanzarse al agua patos

Noelia Ferreiro
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Foto: David Crespo / ISTOCK

Esta primavera lluviosa nos ha dejado muchas ganas de anticiparnos al verano. Por eso estamos deseosos de remojarnos, a ser posible en aguas tan estupendas como las de estas cinco playas:

Cala Excorxada (Menorca)

Con la riqueza cromática de unas aguas en las que caben todas las gamas del azul, este chapuzón tiene la garantía de convertirse en épico. Para ello estamos en la isla más coqueta del archipiélago balear, con un mar más que equiparable a la sensualidad del Caribe. Esta cala en concreto se encuentra dentro del Área Natural de Especial Interés que va desde Binigaus hasta Cala Mitjana y ocupa la desembocadura de un barranco, a espaldas de la tramontana. Su arena tiene la textura del polvo y a su misma orilla se acercan pinos, acebuchales y brezos. En definitiva, un rincón virginal al que es más propio llegar en barco (no existe acceso por carretera) o a pie a través del Camí de Cavalls.

Diego Martin Lopez / ISTOCK

Las Calas de Roche (Cádiz)

Ahora que aún se presentan solitarias, apenas con algún bañista despistado, estas calas encajadas entre acantilados, a las que se llega por una pasarela de madera a través de un bosque de matorrales y enebros, resultan ideales para remojarse. Porque estas miniplayas calentadas por el sol conforman una bonita hilera de medias lunas de arena fina y dorada, resguardadas del molesto levante y del mundanal ruido. Cala Áspera, Cala Encendida, Cala del Frailecillo, Cala del Pato, Cala Medina, Cala del Faro… son algunas de estas joyas que a cierta hora del día desaparecen por la subida de las mareas.

JOSE LUIS VEGA GARCIA / ISTOCK

Playa de Langre (Cantabria)

Hay que armarse de valor, pero el esfuerzo tendrá su recompensa. Porque calor, lo que se dice calor, no es lo que vamos a encontrar en esta playa emplazada a unos 25 kilómetros de Santander, donde la temperatura del agua, probablemente, corte la respiración. Eso sí, el pareje es espectacular. Aquí donde el Cantábrico batido se encara de veras con la costa, estamos ante la más viva encarnación del concepto de playa verde: un colosal hemiciclo de paredes calizas de más de 25 metros, con dos franjas arenosas resguardadas del viento y enlazadas durante la bajamar: la Playa Pequeña y la Playa Grande. Ambas con un fuerte olaje para inaugurar la temporada de forma activa. 

David Crespo / ISTOCK

Isla Canela (Huelva)

El bajo nivel de urbanización y la escasa masificación turística (es tan amplio que incluso en temporada alta resultan extrañas las aglomeraciones), convierten a este arenal de Ayamonte, el último del litoral español cercano ya a la frontera con Portugal, en un auténtico edén. Pero, además, su posición en la desembocadura del Guadiana le confiere un mágico entorno de marismas, cayos y dunas, a lo largo de siete kilómetros donde el horizonte no es más que agua cristalina y arena dorada. Con semejantes ingredientes, ¿a quién no le entran unas ganas locas de darse un baño?

Javier Conejero / ISTOCK

Calas de Calblanque (Murcia)

Largas playas amarillas y calas encajadas en parajes semidesérticos. Así es, a grandes rasgos, este parque regional murciano, donde el conjunto de medias lunas de arena y mar está resguardado por sierras semiáridas. Por ello y por su sensación de lugar apartado del mundo, rabiosamente salvaje y solitario, es máximo el disfrute de sus aguas, limpias y cálidas, para las que no hace falta invertir en bañador. Se puede optar por la más accesible, Playa Larga, o por otras con un carácter más íntimo, como Negrete y Parreño. En todas, este chapuzón primaveral sabrá a gloria bendita.

Francisco Albentosa / ISTOCK