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Los "fosteritos" de Norman Foster, arquitecto ganador del Pritzker, que enmarcan el norte de España: “Estaba inspirado por la idea de crear grutas, revelar esa fuerza de la naturaleza y no ocultarla”

Escondidos a lo largo de esta ciudad costera, estas pequeñas aparecen y desaparecen en el entramado de la ciudad.

Esta ciudad norteña es un pequeño museo arquitectónico.

Esta ciudad norteña es un pequeño museo arquitectónico. / Istock / istock/gtres

Cuando hablamos de arquitectura tendemos a imaginar imponentes estructuras, edificios de gran altura, estructuras intrincadas o figuras llamativas que hacen de su fama un punto de referencia en la ciudad, tales como el Gugheinheim, en Bilbao, la Pedrera de Barcelona o la Muralla Roja de Calpe. 

Bilbao en 40 segundos

En el caso de Norman Foster, arquitecto ganador de un Pritzker, sus proyectos no se quedan atrás, con nombres como el auditorio Clyde de Glasgow, el Viaducto de Millau, al sur de Francia, o la remodelación del Museo del Prado, templo de la cultura de España bajo la firma del británico, pero la genialidad de su arquitectura llega más lejos de la grandiosidad de sus obra, y abraza, como él mismo explicaba en su discurso de aceptación del premio BIA del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarros, la identidad de una ciudad completa, más allá de un punto de referencia, acompañando su movimiento.

Museo Guggenheim de Bilbao

Museo Guggenheim de Bilbao / Istock

La ciudad de los fosteritos

“Estaba inspirado por la idea de crear grutas, de revelar mediante los túneles esa fuerza de la naturaleza y no tratar de ocultarla”, aludía Foster tras ser galardonado por su contribución a la regeneración urbana de Bilbao, donde intervino en el diseño de la infraestructura de metro, inaugurada en el año 1995

Entrada del Metro de Bilbao, diseñada por Norman Foster

Entrada del Metro de Bilbao, diseñada por Norman Foster / Istock

“La identidad de una ciudad cada vez tiene más que ver más con el uso de los espacios públicos, las conexiones y los movimientos, y la calidad de las infraestructuras es más importante que la cualidad de los edificios”, indicaba, y es que, en su caso, la ciudad está llena de estas pequeñas cúpulas transparentes, accesos a la cavidad subterránea del entramado de metro que, además de huellas del genio, impresas también en las estaciones, suponen un contacto diario entre la obra y la ciudadanía. 

Entrada del Metro de Bilbao, diseñada por Norman Foster

Entrada del Metro de Bilbao, diseñada por Norman Foster / Istock / Peter Carruthers

“Creé algo que es totalmente especial para el lugar”, admitíaen relación con sus fosteritos

Además de su impronta en la ciudad industrial Foster, galardonado con el Stirling de Reino Unido y el reconocimiento europeo Mies van der Rohe, es responsable de obras el Palacio de congresos de Valencia, las bodegas Portia de Burgos, la torre de comunicaciones de Collserola o la construcción de uno de los rascacielos de la Cuatro Torres Business Area, la actual torre Cepsa, con 55 plantas y 248 metros de altura. 

Puesta de sol en la zona de negocios de Cuatro Torres, Madrid

Puesta de sol en la zona de negocios de Cuatro Torres, Madrid / Istock

Entre sus planes más recientes, el arquitecto mantiene entre manos la remodelación del Museo del Prado, enfocada en la recuperación del Salón de Reinos en pro de un espacio museográfico, “con hasta 2.500 metros cuadrados más de superficie expositiva y la peatonalización de las inmediaciones del espacio” tal y como detalla el Ayuntamiento de Madrid.

Paseo del Prado, Madrid

Paseo del Prado, Madrid / Istock

Un paseo entre gigantes

Más allá de los trabajos arquitectónicos del británico, la ciudad de Bilbao brilla sobre el Nervión por su espectacular colección de estructuras, que inicia desde la llegada al aeropuerto con el diseño de Santiago Calatrava. Nombres como el clásico Museo Guggenheim, bajo la firma de Frank Gehry; el Archivo Histórico de Euskadi; la Textured Tower de Coll-Barreu Arquitectos o el templo del futbol de la ciudad, el famoso Estadio San Mames, recogen el vínculo de esta ciudad con el arte.

Museo Guggenheim de Bilbao

Museo Guggenheim de Bilbao / Istock

Y, pese a la grandeza de sus gigantes, no olvides visitar su centro histórico, llamado las "siete calles", en un conjunto de idas y venidas que marcan las calles del barrio más antiguo de la ciudad. Pasear por su ría es descanso obligatorio, un remanso de paz entre las luces de los bares, el paseo y el reflejo del cielo sobre sus aguas, y a su lado, monumentos como la Catedral de Santiago o la Iglesia de San Antón, declarado Monumento Histórico-Artístico, amenizan la visita. Y si se te hace tarde no dudes en parar en cualquier parte para probar, vayas donde vayas, vinos y pintxos espectaculares.