Ni Formigal, ni Baqueira: el mejor pueblo para esquiar está en Girona, tiene menos de 300 habitantes y noches de hotel por 50 euros
Este lugar de Girona ofrece a los amantes del esquí un lugar tranquilo y asequible para disfrutar del deporte.

Todo buen amante del esquí, en estos tiempos que corren, únicamente busca esquiar en paz, lejos de las colas interminables para subir al telesilla o de bajar una azul esquivando a todo el personal. Simplemente, preocuparse de esquiar y de hacer la ruta más óptima. Hoy, os traigo un sitio en el que la tranquilidad y la adrenalina, sorprendentemente, van de la mano. Y es que, en La Molina, en Girona, no hace falta planear demasiado. Te levantas, miras por la ventana y sabes si hoy toca esquiar; esquías, disfrutas y vuelta otra vez. Las pistas están ahí mismo, literalmente a unos pasos. No hay traslados eternos, ni autobuses llenos, ni esa sensación de estar perdiendo el tiempo antes incluso de empezar el día. Aquí te calzas las botas, sales a la calle y estás en la nieve. Y eso, cuando viajas a esquiar, es medio viaje ganado.
El lugar donde nació el esquí en España
La Molina no es una estación cualquiera, pues es, directamente, la más antigua de España. A principios de los años 40 ya se esquiaba aquí cuando el esquí era todavía una rareza. Ese origen explica muchas cosas; la forma en la que está organizada, la cercanía entre pueblo y pistas y una manera de entender la montaña menos artificial y más directa. No hay tanto postureo, y eso gusta.

Uno de los grandes aciertos de La Molina es que no tienes que desplazarte para esquiar. El alojamiento está integrado en la estación, lo que permite optimizar el tiempo de verdad. En temporada media y fuera de fechas clave, es posible encontrar noches desde unos 50–60 euros, especialmente en apartamentos y hoteles sencillos. Eso convierte una escapada de esquí en algo asumible, sin renunciar a estar bien situado. Sí, queridos lectores, todavía se puede esquiar y cuidar un poco tu bolsillo.

Una estación sin trampas
La estación cuenta nada más y nada menos con más de 60 kilómetros de pistas, bien repartidas y fáciles de entender. Es especialmente cómoda para niveles principiantes e intermedios, aunque también ofrece zonas más técnicas. La anchura de las pistas y la buena preparación hacen que esquiar aquí sea fluido, sin embudos ni sustos innecesarios. En definitiva, un lugar ideal para ir en grupo y que todos puedan disfrutar independientemente de su nivel.

La Molina no es un pueblo en el sentido tradicional. Es un núcleo de montaña nacido alrededor de una estación de esquí y pensado casi exclusivamente para el invierno. Depende administrativamente de Alp, pero funciona como un pequeño ecosistema propio, pues ahí puedes encontrar tiendas de alquiler, restaurantes, bares tranquilos y alojamientos a pie de pistas. Un pequeño lugar que gira alrededor de la nieve; ¿no es increíble?
Bueno, bonito y barato
Otro punto a favor es que comer en La Molina no supone un sablazo. Hay restaurantes de cocina catalana, platos de cuchara, carnes, bocadillos y menús pensados para reponer fuerzas tras una jornada de frío. Y si apetece algo más animado, Puigcerdà está a pocos minutos en coche, con más oferta gastronómica y un ambiente más de pueblo, perfecto si lo que te gusta es el recogimiento.

Más allá del esquí, La Cerdanya es uno de los grandes aciertos de La Molina. Una comarca amplia, luminosa (algo poco habitual en el Pirineo) y perfecta para impregnarte de las maravillas de la montaña. Y es que, aquí los días sin forfait no son días perdidos. Al contrario, pues puedes disfrutar de rutas con raquetas por bosques de pino negro, paseos por el valle helado y unas vistas que, sencillamente, no encuentras tan fácilmente en otro lugar. Muy cerca esperan pueblos como Alp, Llívia o Prullans, con arquitectura de piedra, plazas tranquilas y restaurantes donde el invierno se combate con platos de cuchara y sobremesas largas, como a nosotros nos gusta.
Cuando esquiar vuelve a ser sencillo
Compararla con Baqueira Beret o con Andorra es inevitable. Sin embargo, he de ser honesto y deciros que es poco útil. Pues La Molina no juega a lo mismo; no hay lujo ni exclusividad, hay comodidad, accesibilidad y esquí sin complicaciones. Para quien quiere nieve sin que el presupuesto se descontrole, el argumento es claro. La Molina no promete más de lo que ofrece, y eso es precisamente su mayor virtud. Es una estación pensada para esquiar, dormir cerca, comer bien y repetir al día siguiente. Y al final, como dice el refrán, el que mucho abarca, poco aprieta. ¿A qué esperas de coger el coche y tirar para Girona?
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