Fish & Tea: El legado británico en Huelva
El paso británico por Huelva dejó un legado que da vida a un recorrido con paradas en varios puntos repartidos en diferentes lugares de la provincia. Huelva ciudad, Punta Umbría y la Cuenca Minera. Sitios unidos unos a otros por el ferrocarril y una canoa.

El río Tinto de Huelva baña de color rojizo el paisaje de la provincia andaluza. / Istock
Galo Martín Aparicio
Desde finales del siglo XIX y hasta mediados del XX, los británicos hicieron su particular carrera espacial en Huelva. La provincia andaluza es lo más parecido a Marte que hay en la Tierra. Antes que ellos, el territorio del norte surcado por la corriente rojiza del río Tinto y rico en minerales, sobre todo en cobre, lo explotaron tartesios, fenicios, iberos, romanos, visigodos, árabes y castellanos. Las cortas o minas a cielo abierto muestran el trabajo de los miles de mineros que labraron a mano cada uno de sus bancales. Ese trabajo requirió inversión en infraestructuras y desarrollo urbano y social por parte de las compañías británicas que se instalaron y explotaron la cuenca del río Tinto. Se construyó una red de ferrocarril y un par de muelles cargaderos y descargaderos en la ciudad de Huelva, se pusieron en funcionamiento hospitales, se levantaron hoteles, barrios victorianos y se introdujeron el fútbol, el tenis y el críquet, deportes hasta ese momento desconocidos en España. Fue una época en la que el cumpleaños de la reina del Reino Unido era una festividad más en el calendario onubense.

Playa de Doñana, Huelva / Istock / Nachteule
En 1873, un grupo inversor británico compró las milenarias minas de Riotinto y creó la Rio Tinto Company Limited para explotar los yacimientos piríticos onubenses. Actividad que llevaron a su máximo esplendor y que prolongaron hasta 1954. Aquella extracción mineral marcó un antes y un después en los pueblos de la cuenca del río Tinto, en la ciudad de Huelva y en la localidad costera de Punta Umbría. El trabajo puro y duro de extracción mineral se concentró entre los municipios de Minas de Riotinto y Nerva, en la Cuenca Minera, al norte de Huelva. Una comarca de apariencia marciana en cuanto a orografía y color del terreno. Un entorno modelado por el hombre y bañado por un río de agua color cobrizo, producto de los sedimentos de óxido y sulfuros que arrastra desde su nacimiento. La huella que dejaron en la zona los británicos se puede ver en su totalidad realizando la visita que organiza el Parque Minero de Riotinto y que incluye un trayecto en tren, la Peña de Hierro, la Corta Atalaya, la Casa n.º 21 en el Barrio de Bella Vista y el Museo Minero.

Adriana Fernández
El Parque Minero de Riotinto
El antiguo ferrocarril minero es el mejor medio de transporte para conocer y ver la zona de explotación. Un recorrido de unos 22 kilómetros (ida y vuelta) que discurre en paralelo al cauce del río Tinto y en el que se suceden construcciones, maquinaria y vehículos corroídos por la erosión que parecen recién abandonados. Un lugar que es como Marte en la Tierra y que los pasajeros tienen la posibilidad de explorar durante la parada que hace en la Estación Los Frailes este ferrocarril con máquina y vagones de época conservado con fines divulgativos y turísticos. En su momento, este recorrido se extendía hasta los muelles de la ciudad de Huelva.

Parque Minero de Riotinto, Huelva / Istock / Jorgefontestad
Muelles en los que se descargaban los minerales extraídos de las minas o cortas, que es como se denominan las minas cuando son a cielo abierto, y que se distribuyen en bancales de los colores que le aporta el mineral en cuestión. Una de estas cortas es Peña de Hierro, en Nerva. Una paleta de colores y un paisaje protegido que se puede contemplar desde un mirador que se alcanza después de recorrer una galería excavada en la roca de unos 200 metros de largo en la que la temperatura ronda los 22 grados centígrados. En este extraterrestre lugar se conservan las antiguas instalaciones mineras e industriales, se encuentra el Centro de Interpretación del entorno del Riotinto y se han llevado a cabo estudios científicos para el desarrollo del Proyecto Marte por parte del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial y la NASA.

Pináculos en el embalse de Gossán, Huelva / Getty Images / Octavio Passos
La otra corta que se puede ver en la visita es Atalaya. En su momento fue la mayor mina a cielo abierto del mundo. Hoy se ve de manera muy clara el trabajo a mano que realizaron los mineros en cada uno de sus bancales. Trabajo dictado por el personal cualificado de la Rio Tinto Company Limited. Aquel staff británico fue el que se instaló en el barrio de Bella Vista, a las afueras del municipio Minas de Riotinto. En este barrio inglés de estilo victoriano, construido entre 1883 y 1928, se encontraban las residencias de los dirigentes de la compañía, una capilla anglicana y un club social en el que tomaban té y jugaban al tenis, al críquet, al polo y al fútbol. Una isla aislada de los trabajadores locales en la que los británicos introdujeron sus costumbres y disfrutaron de una situación privilegiada.

Vista aérea del embalse de Gossán, Huelva / Getty Images / Octavio Passos
De entre todas esas residencias se conserva a modo de museo etnográfico la Casa n.º 21 de 1885. El resto están habitadas en la actualidad por profesores, médicos y otros profesionales. Gente que a día de hoy disfruta de la piscina y del resto de instalaciones del club social de este barrio que parece fuera de contexto. Donde sí acudían los trabajadores locales, cuando lo necesitaban, era al Hospital de la Rio Tinto Company Limited. A rebufo de la actividad extractiva de minerales a cielo abierto se introdujeron avances médicos de los que, poco a poco, se fue beneficiando toda la provincia. Hoy el edificio aloja el Museo Minero de Riotinto Ernest Lluch. En sus salas se cuentan cinco mil años de historia minera, hay una recreación de una mina romana y se exhiben herramientas mineras y elementos ferroviarios, como un suntuoso vagón construido para un supuesto viaje de la reina Victoria a India, cuando era colonia británica, y que se trajo aquí para desplazar a los trabajadores cualificados de la Rio Tinto Company, así como a personalidades invitadas, de la cuenca minera a la ciudad de Huelva.

Barrio Reina Victoria, Huelva / Istock / makaule
Ciudad de Huelva
Al principio fue un pueblo pesquero que creció y se desarrolló entre las marismas del río Tinto y Odiel y los cabezos, una serie de elevaciones tipo colinas formadas por la sedimentación marina y que hoy ondulan la ciudad. La impronta británica se conserva y traza un recorrido urbano con paradas en un antiguo hotel de lujo en el que hoy no hay huéspedes, un barrio más propio de Mánchester, una vieja estación de tren y un par de muelles. Ruta que funciona como una clase de historia que sirve para entender la ciudad de Huelva.

Calle Rábida, Huelva / Istock
La Casa Colón en origen fue un complejo de cuatro edificios construido en 1883 que albergó el Hotel Colón. Se construyó para dar alojamiento a altos directivos de las distintas compañías que operaban en la cuenca minera. Sus promotores fueron Guillermo Sundheim, empresario hispanoalemán de gran influencia en el desarrollo de Huelva a finales del siglo XIX (impulsó la línea ferroviaria Huelva-Sevilla), y sus socios, quienes contaron con el apoyo de la Rio Tinto Company Ltd., que estableció en el propio hotel su sede. La construcción del Hotel Colón encaja en el contexto de la celebración de los actos del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Llegó a ser el hotel más lujoso de la época. Sus habitaciones disponían de luz eléctrica, chimeneas, baños con agua corriente, fría y caliente y dulce y salada. Con una mezcla de estilos de inspiración británica y colonial. En el Hotel Colón se firmó en diciembre de 1889 el acta fundacional del Huelva Recreation Club. El Recreativo de Huelva, decano del fútbol español. Fundado por un puñado de escoceses por iniciativa del médico William Alexander Mackay. Justo en frente de la Casa Colón hay un busto de Charles Adam, el primer presidente del Recre, que es como se le conoce popularmente. Como hotel funcionó poco tiempo, hasta 1896. No había tanta gente que se pudiera permitir alojarse en el mismo. La Casa Colón es un vago recuerdo del hotel que fue. El interior está totalmente reformado y de los cuatro edificios originarios quedan tres: la Casa Grande, donde estaban las suites, y los pabellones laterales, de Poniente y de Levante. El del Norte se derribó, era un salón de baile y gran comedor. Hoy es un auditorio. Lo que sí se conserva es el jardín, en el que se plantaron especies propias de las colonias británicas y de otros lugares, como los dragos canarios.

Detalle de vivienda en el barrio Reina Victoria, Huelva / Istock / David_Evora
No muy lejos, en la Alameda Sundheim (cuántas pistas da la toponimia de un lugar), se encuentran los Jardines del Velódromo, primera localización del campo de fútbol en el que jugaba el Recreativo de Huelva y donde había una pista ciclista. En dichos jardines está el Monumento al Velódromo y un quiosco en el que se puede tomar asiento para degustar un café. Cerca, y algo escondido, está el Real Club Recreativo de Tenis.

Lince Ibérico de Doñana, Huelva / Istock / jesue92
Como en el municipio Minas de Riotinto, en la ciudad de Huelva se construyó en 1916 un barrio inglés bautizado con el nombre de la reina de España Victoria (Eugenia de Battenberg). Se ubica en lo alto del cerro de San Cristóbal, al lado de donde estaba el Hospital de los Ingleses, y luce como una ciudad jardín de casas de dos plantas con tejados a dos aguas que combinan el estilo inglés con el neomudéjar. El acceso al mismo está precedido por una vieja casa del guarda, hoy es una cafetería, y unas escaleras. En su momento estaba rodeado por un muro y en el mismo residían profesionales cualificados nacionales que trabajaban en nómina para la compañía. Popularmente es conocido como barrio Obrero. En la actualidad sigue viviendo gente y está considerado Bien de Interés Cultural. Como lo están también los dos muelles que se adentran en el río Odiel, en los que se cargaba el mineral extraído. Solo se puede recorrer el Muelle de la Compañía Rio Tinto. Una estructura de hierro y madera de dos alturas de 1.200 metros de largo, de la que 500 discurren sobre la ría de Huelva (confluencia de los ríos Odiel y Tinto) y que estuvo activa entre 1874 y 1975. El muelle hoy es un mirador para contemplar el atardecer malva, lila y dorado onubense y el estadio Nuevo Colombino, donde juega el Recre. El otro muelle pertenecía a The Tharsis Sulphur and Copper Company Limited y está cerrado al público.

Práctica de kitesurf en la playa de El Portil, Huelva / Istock / Lux Blue
Hay un tercer muelle en la ciudad de Huelva, el de las canoas, en el que uno se puede embarcar y cruzar a Punta Umbría. Localidad que la Rio Tinto Company adoptó como balneario. Los trabajos que realizaron en la cuenca minera impactaron en el paisaje y en la salud de sus empleados en forma de enfermedades cardiopulmonares. En aquella punta inaccesible y peligrosa levantaron entre 1882 y 1917 un barrio de Salud compuesto por un puñado de casas de madera elevadas sobre pilares (para sortear el avance natural de las dunas), rodeadas por un porche, orientadas hacia el sur para eludir el impacto de los rayos del sol en las horas de mayor incidencia y cerca de la playa. De todo aquello solo queda la Casa del Guarda, una vivienda que ocupaba uno de los operarios de la compañía para la vigilancia del conjunto de viviendas estacionales, y las recreaciones del Centro de Interpretación Casa de los Ingleses, la Oficina de Turismo y el Ayuntamiento. Los ingleses fueron los pioneros del veraneo en Punta Umbría. Pocas cosas no le debe Huelva a los del té de las cinco.

Ermita de El Rocio en Almonte, Huelva / Istock / nimu1956
Cementerio Británico de Huelva
El desarrollo que experimenta la provincia de Huelva a finales del siglo XIX por la inversión extranjera, sobre todo británica, para la explotación minera se tradujo, por un lado, en mejoras a nivel de infraestructuras, sanitarias y sociales y por el otro, en nuevas necesidades funerarias. En aquel entonces en Huelva no había cementerios protestantes en los que enterrar a los fieles de ese credo. En 1868 el vicecónsul inglés Eduardo Díaz solicitó al Ayuntamiento de Huelva la autorización para construir uno en las inmediaciones del cementerio católico de San Sebastián. Solicitud que no se atiende hasta 20 años después. En ese momento se autorizó habilitar un sector del Cementerio de San Sebastián para Disidentes e Ingleses. En la actualidad, el Cementerio Británico se encuentra dentro del Cementerio de Nuestra Señora de la Soledad. El mismo se inauguró en 1928 para solucionar el problema que suponía el aumento de la población y que no podía atender el de San Sebastián. En La Soledad está enterrado, entre otros muchos, William Martin, “el hombre que nunca existió”, personaje recreado durante la Segunda Guerra Mundial por el bando aliado para engañar a los nazis.
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