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Fernando, el último habitante de un pueblo de Soria: "Venía para 4 meses, y lo que iban a ser 4 meses se convirtieron en 17 años"

Aunque en su día este pequeño pueblo del sur de la provincia de Soria llegó a superar los 200 habitantes, actualmente Fernando es su único habitante.

El último habitante de un pequeño pueblo de Soria

El último habitante de un pequeño pueblo de Soria / Istock / Lagui

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Todavía hay quienes, frente al fenómeno cada vez más extendido de la “España vaciada”, plantan cara al despoblamiento rural. Gente que se resiste a toda costa a marcharse del lugar que durante años ha sido su hogar y que, en la gran mayoría de casos, también los ha visto crecer. Y es que, si dejamos que estos pueblos desaparezcan y se pierdan en el tiempo, no nos quedará nada a lo que regresar, no habrá ningún lugar al que escapar cuando la vida se vuelva demasiado.

La llegada a Benamira

La llegada a Benamira / LBM1948

En el extremo sur de la provincia de Soria se encuentra la pequeña localidad de Benamira, donde Fernando es el único habitante durante gran parte del año. Aunque durante la temporada de verano el pueblo se vuelve a llenar de vida gracias a la llegada de las familias veraneantes, en invierno se convierte prácticamente en un pueblo fantasma, con el silencio como protagonista y el frío corriendo por sus callejuelas. Es durante estos meses cuando, como si de Gary Cooper en Solo ante el peligro se tratara, Fernando hace frente a la constante amenaza de que el pueblo acabe desapareciendo.

La iglesia románica porticada más antigua de Castilla está en un pequeño y precioso pueblo de Soria

Adriana Fernández

Un giro inesperado en su vida

En su día, Benamira llegó a tener alrededor de 200 habitantes, cifra que vuelve a alcanzar durante la época estival; pero el paso del tiempo y la tendencia de la población a migrar hacia los grandes núcleos de población hicieron que, desgraciadamente, el pueblo fuera perdiendo vecinos paulatinamente. Hace 17 años, Fernando llegó a Benamira para pasar allí 4 meses, todo con la intención de ahorrarse de pagar un alquiler, pues este era el pueblo de sus padres y abuelos y la casa de su familia. “Venía para 4 meses, y lo que iban a ser 4 meses se convirtieron en 17 años”, cuenta Fernando en una entrevista para la COPE.

Todavía hay 58 casas en pie en el pueblo, gran parte de las cuales regresan a la vida cuando las familias de los antiguos vecinos se instalan en ellas para pasar alguna temporada. Gracias a esta actividad esporádica, el pueblo no está abandonado del todo. Además, Fernando se autodeclara como “el guardián” del pueblo, pues cuando no hay nadie es él quien vigila que las casas y propiedades estén en un buen estado.

En ningún momento se esperó Fernando, cuando llegó al pueblo por primera vez hace 17 años, que esta sería su vida actual. Llegó al pueblo con una intención tan clara y sencilla como querer evitar pagar un alquiler y ahorrar dinero, pues la casa en la que se instaló era la de sus abuelos. No siempre ha sido el único vecino del pueblo; cuando llegó todavía vivía allí Pedro, un hombre mayor que había pasado toda su vida en el pueblo, y durante un tiempo convivieron los dos, más la pareja de Fernando, que también se instaló con él. La marcha de su pareja y la muerte de Pedro lo dejaron, hace ya unos cuantos años, como el único habitante estable del pueblo. “No me da miedo vivir solo”, aclara Fernando, “me da miedo que el pueblo desaparezca”.

La vida en el pueblo

Solo en el pueblo, Fernando confiesa que en Benamira se vive muy bien; “Esto es una tranquilidad absoluta”, dice. Con una media sonrisa, presume de que no tarda más de 15 minutos en ir al trabajo, ya que no se encuentra con ningún tipo de atasco en las carreteras, y lo mismo para volver a casa. “Me puedo estar en la calle leyendo perfectamente, escuchando el silencio”, comenta Fernando acerca de sus tardes una vez ha vuelto de trabajar. “Me da tiempo hasta de aburrirme, algo muy necesario de vez en cuando”, añade riendo.

Sus tardes las dedica también a dar paseos por el monte acompañado de sus perros, o a escribir sus monólogos de comedia, los cuales se centran en el mundo rural. “Soy monologuista por obligación, no tengo con quién hablar”, comenta entre risas. Aunque comenzara como una simple afición, estos monólogos lo han llevado a actuar encima de un escenario “desde Cádiz hasta Vigo”.

Su rutina cambia ligeramente cuando los fines de semana y en la temporada de verano viene gente al pueblo. Dependiendo de la época del año que sea, los vecinos se reúnen en el centro social del pueblo o en la finca de alguno para hacer una comilona todos juntos. “Intentamos juntarnos con la gente del pueblo una vez al mes con algún evento que hagamos”, explica Fernando.

En cuanto a la vida en el pueblo, Fernando denuncia la falta de servicios y recursos. No hay transporte público que lleve hasta el pueblo, ni tampoco médicos o servicios sanitarios, con lo que es más difícil que la gente, en particular los más mayores, se decidan por pasar temporadas largas en el pueblo, o incluso instalarse allí permanentemente. Tampoco hay escuela, con lo que las familias que tienen niños pequeños descartan rápidamente la opción de vivir allí. Ante esto, Fernando aclara que si no se llega a una solución rápida, tanto Benamira como muchos otros pueblos en su misma situación terminarán desapareciendo.