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Feliciano Martín, habitante de Cantalpino en Salamanca y silletero: “La recogida del material servía para limpiar los cauces, pero ahora está prohibido”

Un artesano de toda la vida que sigue haciendo sus sillas de la manera tradicional e histórica.

Un artesano silletero que mantiene las tradiciones

Un artesano silletero que mantiene las tradiciones / Istock / gorodenkoff

Debido al constante avance de la tecnología y la industria, con máquinas cada vez más independientes del control humano, y que con solo apretar una serie de botones ya saben qué es lo que tienen que entregar al final de la cadena, encontrar talleres artesanales en los que todavía se producen las cosas como se ha hecho a lo largo de los siglos es un rara avis en el contexto actual. Pero los hay que siguen resistiéndose al dominio de las máquinas, haciendo con sus propias manos aquello que sus antepasados han estado haciendo durante siglos.

Los artesanos de la madera son cada vez menos frecuentes

Los artesanos de la madera son cada vez menos frecuentes / Istock / CarlosAndreSantos

Uno de estos artesanos es Feliciano Martín, el último silletero artesanal del pequeño pueblo salmantino de Cantalpino. Verdadero artista de la madera, sirviéndose tan solo de la ayuda de los utensilios más rústicos y manuales para desarrollar sus habilidades con la madera y el desempeño de la tarea que realiza un silletero. Además, todos somos conscientes de lo importante de encontrar una buena silla, en la que sea cómodo sentarse y que no nos deje el cuerpo destrozado pasado el rato; los artesanos tienen cogido por la mano cómo hacer las mejores sillas.

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Mantener vivo el recuerdo

Aunque ya hace años que está jubilado, Feliciano Martín no se ha retirado de su pasión por las sillas de espadaña, estampa del costumbrismo español. Dedicando aún horas a su magnífica destreza con la madera a la vez que mantiene vivo el recuerdo y buen hacer de sus abuelos, Feliciano Martín se dedica actualmente, sobre todo, a la reparación de este tipo de sillas.

Aún así, a pesar de los grandes avances en las fábricas de sillas, todavía se requería del trabajo de silleteros, ya que “el tejido de la espadaña sólo se puede hacer a mano”, explicaba Martín, razón que explica que el asiento de este material ya no esté presente en el asiento de las sillas. Otra razón por la que la espadaña ya no forma parte del asiento de las sillas se debe a la normativa vigente, que prohíbe la extracción de esta planta de los pantanos, regatos y otra serie de humedales.

La pasión de toda una vida

Feliciano Martín aprendió, desde bien pequeño, el oficio de su abuelo y su padre, ambos nacidos en el mismo pueblo de Cantalpino. Es quizás por esto que las obras de madera que salen de sus manos sean de una calidad tan alta. Aunque se trate de piezas de uso diario -ya sean sillas, peines o utensilios de cocina-, Feliciano Martín trata que todo aquello que crea en madera tenga una utilidad clara.

El material que utiliza sale de pedazos de madera que le traen al taller o que encuentra por el campo; así, su labor comenzó con madera de olmo (que por aquel entonces estaban afectados de grafiosis, que provocaba la muerte de los árboles), pero con e paso de los años son muchos los tipos de madera que ha ido haciendo servir. Hoy día, Feliciano Martín mantiene en su taller una colección de cientos de piezas talladas y construidas por él mismo, donde la verdadera estrella son las sillas, sello inconfundible de este artesano.