El faro romano más antiguo del mundo sigue en activo y está en España: domina el Atlántico desde hace casi 2.000 años
Esta torre de A Coruña demuestra que lo antiguo puede funcionar a la perfección.

En la época en la que rápidamente desechamos aquello que parece tener años de más, hoy os traigo un ejemplo de una construcción que lleva ya tiempo existiendo y, curiosamente, nunca ha dejado de cumplir su función. ¿Hay mayor mérito que ese? Os estoy hablando de la Torre de Hércules, un faro que sigue encendiéndose cada noche para guiar barcos en el Atlántico, exactamente igual que hacía cuando el Imperio romano dominaba estas costas. Está ahí, en A Coruña, expuesto al viento, a la sal y a los temporales, como si el paso del tiempo no fuera con él.
Un faro romano… y operativo
La Torre de Hércules no es de nuestra quinta... Ni mucho menos. Fue construida a finales del siglo I o comienzos del siglo II d.C., en época del emperador Trajano. Su autor fue Cayo Sevio Lupo, arquitecto de origen lusitano, cuyo nombre aparece en una inscripción conservada en la base del monumento. En origen medía algo menos que ahora, pero ya cumplía la honorable función de servir de referencia luminosa para la navegación en uno de los tramos más complicados del Atlántico europeo.

Hoy alcanza la humilde altura de 55 metros, tras la gran reforma del siglo XVIII dirigida por el ingeniero militar Eustaquio Giannini, que respetó el núcleo romano y añadió el revestimiento neoclásico actual. Por dentro, sin embargo, la estructura romana sigue intacta, con su rampa helicoidal original, pensada para subir el combustible hasta la linterna. Es, por descontado, una joya digna de anticuario.
Patrimonio Mundial por una razón muy concreta
Pero no solo la valoro yo, os lo garantizo. En 2009, la Torre de Hércules fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y no por ser “bonita” o “antigua”, sino por ser el único faro romano del mundo que sigue en funcionamiento, no hay otro caso comparable. Y ese reconocimiento también valora su estado de conservación, la continuidad de uso y su integración en el paisaje costero.

Pero, ¿sabéis que es lo que más me gusta de la Torre de Hércules? Es que no se entiende la torre sin el océano rompiendo abajo ni la ciudad creciendo a su alrededor. Y, no hay nada más maravilloso, que un faro que protege a una ciudad y se une a ella y a sus costas para siempre.
La altura, las cifras y el esfuerzo de subirla
Eso sí, quien decide entrar debe saber una cosa, y es que son 234 escalones. Pero, os aseguro, que tiene recompensa. Desde arriba, la vista del océano Atlántico es amplia, abierta y honesta. Y no me extraña, pues el faro se alza sobre un promontorio a 57 metros sobre el nivel del mar, lo que multiplica su alcance visual. La luz actual tiene un alcance aproximado de 24 millas náuticas, suficiente para seguir siendo una referencia clave para la navegación moderna.

Y, como buen monumento antiguo, la Torre de Hércules también tiene su parte mítica. La tradición medieval la vinculó con Hércules, que habría vencido aquí al gigante Gerión y levantado una torre sobre su tumba. Es leyenda, sí, pero una leyenda que forma parte del relato cultural del lugar. De hecho, el propio escudo de A Coruña incorpora la torre junto a una calavera y huesos, en referencia directa a ese mito. Y es que, ¿quién no es fan de una buena leyenda?

En mi humilde opinión, lo más llamativo de la Torre de Hércules no sea su antigüedad ni su altura, sino su normalidad. Pues sigue funcionando, se sigue encendiendo, y sigue cumpliendo su tarea sin dramatismos, como si dos mil años no fueran para tanto. Mientras otros monumentos se miran, este se usa. Y por eso, precisamente por eso, ya merece la pena hacerse el viaje hasta Galicia (y por mucho más).
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