“Hemos decidido resucitar el pueblo”: la familia que vive sola en una aldea del Pirineo que quedó abandonada en 1957
Cañardo llevaba décadas vacío cuando David y María decidieron instalarse allí: hoy sus dos hijos son los primeros niños del pueblo en 67 años.

Vacas pastando en el Pirineo oscense. / Istock / MEDITERRANEAN
David, María y sus dos hijos son los únicos habitantes de Cañardo, una antigua aldea del Pirineo oscense situada en el entorno del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. La familia decidió instalarse allí para recuperar el lugar del que procede parte de su historia familiar: la madre de David nació en Cañardo, antes de que el pueblo quedara abandonado a mediados del siglo XX.

El Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara / Istock
“Se abandonó en el 57 y hemos decidido, como proyecto de vida, resucitar el pueblo”, explica David en el programa Comando Actualidad. Ahora viven rodeados de casas en ruinas, caminos sin asfaltar y montañas. También de perros adiestrados para encontrar trufas, que se han convertido en una parte fundamental de su forma de vida.

Sara Fernández García
Cañardo forma parte del antiguo término de Laguarta y actualmente su territorio se integra en el municipio de Sabiñánigo, en Huesca. La localidad quedó despoblada durante el proceso de abandono rural que afectó a numerosos núcleos del Pirineo aragonés.
David y María querían recuperar un lugar que pertenecía a la historia de la familia y, cuando muestran las antiguas viviendas, David señala las ruinas de las casas donde nació su madre. Ahora, la recuperación avanza poco a poco. Las piedras se retiran a mano y algunos de los trabajos se hacen durante los ratos libres. La antigua iglesia también permanece en ruinas, ya que el techo prácticamente ha desaparecido y el cielo puede verse desde el interior.

Sierra de Guara, Huesca / Getty Images
Vivir allí implica asumir algunas dificultades que en otros pueblos pasan desapercibidas. El acceso a Cañardo se realiza por una pista sin asfaltar que la familia tuvo que acondicionar para poder llegar en coche. “Cuando empezamos a vivir aquí no se podía subir en coche”, explica David durante el reportaje. Tuvieron que invertir dinero y trabajo para dejar la pista en condiciones practicables. María, sin embargo, considera que ese aislamiento y lo complicado que resulta llegar hasta la casa es “otro de los encantos de vivir aquí”.
Antes de mudarse, David y María tenían una vida profesional completamente diferente. Trabajaban en la misma empresa en la que él era director financiero y ella responsable de calidad. Ahora su actividad principal está relacionada con la recolección de trufa y, para encontrarla, cuentan con perros adiestrados que acompañan a la familia por los terrenos próximos al pueblo.
Dos niños después de 67 años
La historia de Cañardo cambia todavía más cuando aparecen los dos hijos de David y María. Martín y Julia nacieron en Huesca, pero son los primeros bebés de Cañardo en 67 años.
La familia sabe que tendrán que adaptar su vida a medida que crezcan. Tienen un colegio relativamente cerca, a unos 15 o 20 minutos en coche, aunque los padres también contemplan la posibilidad de llevarlos a Sabiñánigo, lo que supondría más desplazamientos y, en ocasiones, pasar alguna noche fuera de casa.

Su territorio se integra en el municipio de Sabiñánigo / Wikimedia Commons / Diego Delso
La elección tampoco significa que desconozcan las dificultades. En el reportaje, David explica que uno de los problemas de vivir en lugares así es precisamente la cantidad de trámites y obstáculos administrativos que pueden aparecer cuando se intenta recuperar un núcleo rural. Para él, sería necesario simplificar esos procesos y tener en cuenta las circunstancias particulares de quienes quieren poner en marcha proyectos de este tipo. También reclama que la despoblación no se convierta únicamente en una cuestión política, sino en una forma de ayudar realmente a quienes deciden quedarse o regresar.
Aun con todo, cuando la periodista pregunta a la pareja si alguna vez se han arrepentido de haberse instalado en Cañardo, la respuesta es clara: “No, todavía no y creo que no lo haremos”.