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De estilo Belle Époque y Bien de Interés Cultural: la estación de tren más bonita de España es perfecta para un fin de semana en octubre y parece el palacio de una emperatriz

La histórica Estación Internacional de Canfranc ha sido escenario estratégico durante la Segunda Guerra Mundial, y hoy renace convertida en un hotel de lujo.

Es una de las estaciones de tren más impresionantes de España.

Es una de las estaciones de tren más impresionantes de España. / Istock

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Es 1939. El paso ferroviario internacional entre España y Francia -inaugurado en 1928 por el monarca español Alfonso XIII y el entonces presidente de la República Francesa, Gaston Doumergue-, es ocupado por los alemanes y la aduana franquista. Durante los próximos años, el wolframio correrá a toneladas en vagones llenos desde las explotaciones gallegas hasta territorio alemán, pasando siempre y exclusivamente a través de una estación de tren enclavada a 1195 metros del suelo.

El mineral, usado para blindar la maquinaria de guerra nazi, será la moneda de cambio cobrada en la estación de tren a cambio de toneladas de oro requisado por el III Reich. A su vez, la misma terminal será vía de paso durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial para miles de judíos y disidentes que buscan escapar a América, así como centro de operaciones para la red de espionaje aliada, convertida en una aliada silenciosa para el desarrollo de ambos bandos.

etalle de la parte delantera de la Canfranc Estación en Pirineos

etalle de la parte delantera de la Canfranc Estación en Pirineos / Istock / Erlantz Perez

Es 1970, el descarrilamiento de un tren de mercancías en el puente de L'Estanguet, Francia, destruye un tramo de vía que nunca llega a ser reconstruido, dejando la conexión transpirenaica interrumpida y, con el tiempo, dando paso a la decadencia y abandono de la histórica Estación Internacional de Canfranc. Hoy, transformada y reacondicionada como el hotel de lujo Royal Hideaway, la estación se mantiene monumental, en el mismo punto del estrecho valle de Los Arañones, al norte de Canfranc Pueblo, en la provincia de Huesca, y celebra el regreso de su actividad ferroviaria.

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Adriana Fernández

241 metros de longitud y una ventana para cada día del año

La vista es monumental. El esqueleto de la Estación de Canfranc se divide en una simetría perfecta a lo largo de una fachada de 241 metros. En su centro, una gran cúpula preside desde la cabeza y, a lo largo de su frente, sobrio y diplomático, se extiende una hilera de ventanas de 365 piezas que no conoce de sombras hasta cubrirse de noche.

Antigua estación de tren de Canfranc

Antigua estación de tren de Canfranc / Istock / Marcos Osorio

Se dice ecléctico francesa, nacida de los diseños típicos de la Belle Époque pese a que se terminó de construir a finales de los años 20, en plena transición al Art Déco y el racionalismo estético. Cubierta de pizarra inclinada con vanos salientes, recuerda el estilo parisino que hoy mantiene la capital francesa, y el propio volumen de la estructura, la planta de los palacios franceses barrocos y de la época napoleónica.

El interior por su parte, fruto de una extensa metamorfosis que recoge el abandono y recuperación de la terminal, combina el esplendor palaciego de los años 20 con el diseño de lujo contemporáneo.

Canfranc Estación, interior de los vagones

Canfranc Estación, interior de los vagones / Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel

La estética rinde homenaje constante al universo ferroviario histórico, con habitaciones y pasillos ocre, verde botella y dorado en los que aún se pueden encontrar antiguas marquesinas metálicas, apliques de latón y maletas de cuero clásico.

Estación de Canfranc

Estación de Canfranc / Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel

Además, la propia estación mantiene los antiguos hangares con estructuras metálicas donde se realizaba el trasbordo de mercancías entre España y Francia, así como búnkeres del P.O.P. (Plan de Fortificación de los Pirineos) construidos por el régimen de Franco en la década para defender el paso fronterizo ante una eventual invasión.

Entorno y pueblo de Canfranc

¿Y las vistas? Apenas dejan margen para no perder el aliento. La estación, encajonada en un valle, se rodea de laderas de bosques que entre octubre y noviembre hacen de hayas, robles y arces un despliegue cromático bañado en dorados, ocre y dramáticos rojizos que contrastan con la piedra, pizarra y metal de la estación.

A primera hora de la mañana Canfranc, colgada en la roca, parece aparecer de entre un banco de niebla que baja de los Pirineos, tiñendo de blanco un paisaje que, en unos meses, será todo nieve.

A escasa distancia, el pueblo esconde la oportunidad perfecta para una visita, con un puente medieval de un solo ojo apuntado, la Iglesia Parroquial de la Asunción, de origen románico que esconde retablos barrocos, otra renacentista, la Iglesia de la Trinidad y Hospital de Peregrinos, fundada por Blasco de Les; o una fortaleza militar del siglo XIX, con galerías subterráneas y un foso.