La estación de tren más bonita de España es como hacer un viaje a la Belle Époque: parece el palacio de una emperatriz, es Bien de Interés Cultural y una de las más grandes de Europa
Se la conoce como el Titanic de los Pirineos y aunque ya no está operativa, hoy es un hotel de lujo que tiene hasta restaurante con Estrella Michelin.

Un majestuoso edificio de planta horizontal, arquitectura decimonónica y detalles Art Decó. De fondo, un imponente paisaje montañoso que en invierno se cubre por completo de nieve. Es la carta de presentación de la estación de tren más bonita de España, esa que durante el siglo XX, además, llegó a ser la segunda más grande de Europa.

Está a los pies de los Pirineos, en la provincia de Huesca, y su existencia fue una pieza clave en la conexión entre España y Francia vía ferrocarril. Un proyecto que se puso sobre la mesa por primera vez en 1853, con la intención inicial de unir Madrid con París.
Sin embargo, no vio la luz hasta 1928, con una línea férrea que finalmente conectaba Zaragoza con la ciudad francesa de Pau (mucho menos ambiciosa que la del plan inicial) a través del túnel fronterizo de Somport.

Clave en la Segunda Guerra Mundial
Lo que sí llegó a superar todas las expectativas fue su posición clave en la Segunda Guerra Mundial. Uno de los episodios más conocidos es el que tiene que ver con el tráfico de wolframio gallego (se usaba para fabricar munición) con destino final la Alemania nazi de Hitler.
Los vagones iban cargados de este mineral, enviado directamente por Franco en contraprestación a la ayuda que Hitler prestó a España durante la Guerra Civil. Después, esos mismos vagones regresaban, atravesando la frontera con Francia repletos de toneladas oro.

Lo curioso es que tras la guerra, la estación de Canfranc jamás volvería a recuperar esa época gloriosa. De hecho, entró en un periodo de declive que culminó con el cierre de la estación tras el descarrilamiento de un tren y el derrumbe del puente de L’Estanguet en 1970.
El Titanic de los Pirineos
El carácter con el que se construyó la estación de Canfranc era claramente internacional, condición que explica el monumental tamaño del edificio: son 241 metros de largo y 12 de ancho. Una estructura larga y estrecha que recuerda más a un barco, como el Titanic, o incluso a un palacio digno de una emperatriz, que a una estación de tren.

Además, cuenta con 365 ventanas, se dice que una por cada día del año y 75 puertas a cada lado de la entrada principal a la estación, levantada según el gusto francés del momento.
De hecho, recuerda mucho a edificios icónicos como el Museo de Orsay de París, con su característico tejado de pizarra, buhardillas en la planta superior, pináculos de estilo Art-Decó y hasta una gran cúpula central.

Dos estaciones en una
La construcción longitudinal de la estación de Canfranc no es casual: se hizo así para atender las necesidades de los dos tipos de viajeros que debían pasar por ella: de un lado franceses y del otro, españoles.
Se construyó así precisamente por su carácter internacional, y porque en aquel momento las vías del tren de los dos países no tenían los mismos anchos. Una condición que obligaba sí o sí a cambiar de tren (tanto pasajeros como mercancías) al llegar a Canfranc si se quería continuar el trayecto.

Eso hizo que Canfranc se construyera de manera totalmente simétrica, como el reflejo de un espejo, ofreciendo los mismos servicios a ambos lados de la entrada principal: taquillas, aduanas, comisaría, oficina de cambio de moneda, oficina de correos y hasta hotel.
Curiosamente, eso es lo que es hoy este edificio colosal, convertido en el gran Canfranc Estación, A Royal Hideaway Hotel, un establecimiento de categoría cinco estrellas Gran Lujo de la compañía Barceló. Dormir en ese pedacito de la historia, sí que es un lujo.
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